Cuando en el congreso realizar su trabajo se presume como hazaña

Mientras el Congreso presume la tipificación de la violencia vicaria, el diputado José Francisco Vázquez Rodríguez defiende que cumplir con la ciudadanía es suficiente, aunque no se trabaje “a destajo”
FIRR
En la política mexicana, a veces lo extraordinario no es que un legislador trabaje, sino que presuma como logro aquello que en realidad es su obligación. Ese parece ser el caso del diputado mexiquense José Francisco Vázquez Rodríguez, quien recientemente afirmó que el Congreso del Estado de México “cumplió con los y las mexiquenses” al aprobar la tipificación de la violencia vicaria.
Nadie discute la importancia de esa reforma. Reconocer y sancionar la violencia vicaria cuando el agresor utiliza a hijas, hijos o familiares para dañar emocionalmente a una mujer es un avance necesario en la legislación estatal. Sin embargo, la narrativa del legislador resulta, cuando menos, contradictoria si se observa su propio comportamiento público.
El también presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado de México se congratula de que el Poder Legislativo haya cumplido con la ciudadanía. Pero cumplir con la ciudadanía no es un favor ni una concesión política; es la responsabilidad básica de cualquier funcionario que recibe un salario financiado con recursos públicos.
La paradoja se vuelve más evidente cuando se recuerda que el propio legislador ha declarado que no trabaja “a destajo”, como si el trabajo parlamentario pudiera medirse por piezas producidas o jornadas extraordinarias. No trabaja por destajo, dice. Pero sí cobra un sueldo completo que proviene de los impuestos de los ciudadanos.
Y mientras presume los avances legislativos que, por cierto, fueron producto del consenso de todas las bancadas y de la presión de colectivos y organizaciones civiles, también se le ha visto disfrutar de eventos de lujo como el Super Bowl, símbolo del espectáculo deportivo y del alto costo que implica asistir a él.
La imagen resulta inevitable: un diputado que asegura haber cumplido con la ciudadanía por hacer su trabajo básico, mientras participa del glamour de uno de los eventos deportivos más caros del mundo.
La aprobación de la reforma sobre violencia vicaria es, sin duda, un paso positivo. Pero el mérito no pertenece a una sola persona ni debería utilizarse como trofeo político. Fue el resultado del trabajo colectivo de legisladores, de la presión social y de años de lucha de madres y organizaciones.
La ciudadanía no necesita políticos que se feliciten por cumplir con su deber. Necesita representantes que entiendan que legislar, debatir y aprobar leyes justas no es un logro extraordinario: es exactamente para lo que fueron electos.
Y quizá, antes de presumir resultados, valdría la pena recordar algo elemental en el servicio público: el cargo no es un privilegio para presumir, sino una responsabilidad permanente que se paga con recursos de la gente












