La crisis olvidada del IPN: Mario Delgado prioriza el miedo a la CNTE sobre la educación técnica de excelencia

Los estudiantes no se cansan fácilmente. Si las autoridades siguen dándoles la vuelta, la crisis solo escalará. Es hora de actuar con seriedad, no con cálculo político
FIRR
El Instituto Politécnico Nacional (IPN), una de las instituciones educativas más prestigiosas de México con reconocimiento internacional en ingeniería, ciencias y tecnología, atraviesa una de sus peores crisis en décadas. Mientras estudiantes exigen lo básico —conectividad confiable, laboratorios equipados, mantenimiento de instalaciones y transparencia en el manejo de recursos, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, parece más ocupado en negociar con grupos de presión sindical que en atender demandas razonables de jóvenes que representan el futuro técnico del país.
Los problemas no son nuevos, pero se han agudizado dramáticamente. Estudiantes denuncian falta de insumos básicos en laboratorios, escasez de docentes, internet deficiente en múltiples planteles, retrasos en pagos y becas, y un deterioro generalizado de la infraestructura. Edificios obsoletos de más de 60 años requieren rehabilitación urgente, mientras proyectos de equipamiento por más de mil millones de pesos esperan recursos que no llegan. La matrícula ha crecido casi 18% en siete años, pero el presupuesto real ha caído drásticamente desde 2017.
En marzo y mayo de 2026, la crisis escaló: paros en escuelas como la Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), Superior de Economía y ESIME Zacatenco, tomas de Canal Once y bloqueos viales. Los alumnos no piden lujos; demandan lo mínimo para no perder competitividad internacional. Paradójicamente, mientras el IPN sigue produciendo talento que brilla en competencias globales (como robótica en Asia), sus instalaciones se caen a pedazos.
Mario Delgado: ausencias y desprecio, ante este panorama, la respuesta del secretario Delgado ha sido tibia, cuando no inexistente. Estudiantes reportan que citó a una reunión el 27-28 de mayo de 2026 en Canal Once para entregar respuestas por escrito a su pliego petitorio y simplemente no llegó. Los jóvenes esperaron, marcharon hacia Zacatenco y bloquearon viales, aumentando la molestia. Delgado luego negó haberlos “dejado plantados”, argumentando que otros funcionarios acudieron, pero la percepción de desprecio quedó clara.
Delgado, economista y político de Morena sin trayectoria profunda en educación, prioriza narrativas de “democratización” y diálogos formales, pero evade soluciones concretas: destitución del director Arturo Reyes Sandoval (señalado por presuntas irregularidades y desvíos), presupuesto extraordinario y atención inmediata a equipamiento. En cambio, ha enfocado esfuerzos en extinguir patronatos y revisar fundaciones, mientras la crisis estructural persiste.
El contraste con la CNTE: miedo a los violentos
El trato diferencial es evidente y escandaloso. Mientras a los estudiantes del Poli se les ignora o se les “cansa”, a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se le teme y se le atiende con urgencia. Delgado mantiene mesas permanentes, ofrece aumentos salariales (aunque rechazados por insuficientes), revisa pensiones y USICAMM, y busca acuerdos antes del Mundial de Fútbol 2026 para evitar paros y bloqueos que afecten la imagen del gobierno.
La CNTE tiene historial de movilizaciones disruptivas, bloqueos y violencia en protestas. Los Gobiernos incluido el actual ceden ante su poder de presión porque “no se dejan”. Además, su rol en movilizaciones electorales pasadas los hace aliados incómodos pero útiles. Los estudiantes del IPN, organizados y pacíficos en su mayoría, no representan esa amenaza. Resultado: se les trata con desdén.
Esto refleja un patrón perverso en la política mexicana: los recursos y la atención van a quien grita más fuerte o genera más caos, no a quien más lo merece por contribuir al desarrollo nacional. El IPN forma ingenieros, científicos y técnicos que impulsan industria, innovación y soberanía tecnológica. La CNTE, en cambio, ha sido criticada por resistir reformas educativas y priorizar intereses corporativos.
La crisis del IPN no es sólo presupuestal. Es de gestión y visión. Eliminación de fideicomisos, centralización de recursos y posibles ineficiencias internas han agravado el abandono. Mientras se destinan esfuerzos políticos a mantener lealtades sindicales y evitar escándalos durante eventos internacionales, una institución estratégica se desmorona. Esto erosiona la excelencia académica, desmotiva a estudiantes talentosos y desperdicia potencial nacional.
Exigir conectividad, laboratorios funcionales y manejo honesto de recursos no es un capricho. Es lo mínimo que cualquier escuela técnica decente necesita. Ignorarlo es traicionar el discurso de “educación de calidad” y “transformación”.
Mario Delgado y el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrentan una prueba clara: ¿priorizarán a los jóvenes que estudian por un México más competitivo, o seguirán temiendo y premiando a los grupos que saben presionar con violencia y disrupción? Hasta ahora, la respuesta es decepcionante. El IPN merece más que promesas vacías y ausencias. México también.
Los estudiantes no se cansan fácilmente. Si las autoridades siguen dándoles la vuelta, la crisis solo escalará. Es hora de actuar con seriedad, no con cálculo político












