Parlamento infantil y diputados desconectados de la realidad

Entre discursos y fotografías, la infancia sigue esperando resultados
Fernanda Ruíz
Mientras miles de niñas y niños en el Estado de México enfrentan diariamente la pobreza, la deserción escolar, la violencia y la necesidad de trabajar para complementar el ingreso familiar, en el Congreso local se realizó el llamado “Primer Parlamento de la Niñez: Prevención del Trabajo Infantil”, un ejercicio que dejó una pregunta inevitable: ¿realmente los diputados conocen la realidad que viven las familias que los eligieron?
Durante el encuentro, legisladores y funcionarios reflexionaron sobre la erradicación del trabajo infantil, escucharon propuestas de menores de edad y reiteraron compromisos para garantizar una infancia digna. Las intervenciones estuvieron llenas de buenas intenciones, llamados a proteger los derechos de la niñez y reconocimientos mutuos entre autoridades.
Sin embargo, fuera del recinto legislativo, la realidad es mucho más dura. Basta recorrer los cruceros de Toluca, Ecatepec, Naucalpan, Nezahualcóyotl o Chalco para encontrar menores vendiendo productos, limpiando parabrisas o acompañando a sus padres en actividades informales. Una realidad que no se resuelve con discursos ni con eventos simbólicos.
Resulta paradójico que legisladores hablen de combatir el trabajo infantil cuando muchas familias mexiquenses enfrentan dificultades para cubrir gastos básicos como alimentación, transporte y educación. En numerosos hogares, el trabajo de los menores no es una elección, sino una consecuencia de condiciones económicas que los gobiernos y congresos no han logrado revertir.
La desconexión parece aún más evidente cuando algunos diputados centran gran parte de su agenda pública en foros, ceremonias y actos protocolarios, mientras persisten problemas estructurales que afectan directamente a la población. Los ciudadanos esperan leyes efectivas, supervisión de programas sociales y políticas públicas medibles, no únicamente declaraciones de buena voluntad.
La crítica es todavía más severa en el caso de los diputados plurinominales. A diferencia de quienes ganaron una elección en las urnas, los legisladores de representación proporcional llegaron al Congreso sin recibir directamente el voto ciudadano para ocupar una curul específica. Aun así, cuentan con las mismas prerrogativas, salarios y recursos públicos, lo que incrementa la exigencia de resultados y cercanía con la población.
Las propuestas expresadas por las niñas y niños durante el parlamento fueron claras: evitar la deserción escolar por razones económicas, garantizar entornos seguros, fortalecer la salud mental y combatir la discriminación. Son planteamientos que reflejan necesidades concretas y urgentes, mucho más cercanas a la realidad cotidiana que muchos de los debates que suelen ocupar la agenda legislativa.
El reto para el Congreso mexiquense no consiste en organizar más parlamentos infantiles, sino en demostrar que las voces escuchadas se traducirán en acciones concretas. Porque mientras los legisladores reflexionan sobre el trabajo infantil desde una tribuna, miles de niñas y niños continúan enfrentando esa realidad todos los días en las calles del Estado de México.
La distancia entre el discurso político y la vida cotidiana de los ciudadanos sigue siendo uno de los principales desafíos de la representación democrática. Y cada vez son más los mexiquenses que se preguntan si sus diputados realmente representan sus preocupaciones o si viven en una realidad distinta a la de quienes sostienen con sus impuestos el funcionamiento del Congreso












