Ecatepec

Ecatepec: promesas de agua que no alcanzan a la realidad

Bajo el discurso de “2026, año del agua”, persisten bloqueos, quejas y desigualdad en el acceso al servicio en uno de los municipios más poblados del país.

FIRR

Ecatepec, Estado de México.— A más de un año del arranque de la administración de Azucena Cisneros Coss, el acceso al agua potable sigue siendo una deuda abierta para miles de habitantes. Aunque el gobierno municipal ha desplegado un ambicioso plan hídrico con inversiones millonarias, la realidad en colonias históricamente marginadas evidencia que las promesas aún no logran traducirse en un servicio constante y equitativo.

Desde enero de 2025, la alcaldesa colocó el tema del agua como eje central de su gestión con el Plan Emergente “Por el bien de todos, primero el agua”. El proyecto contemplaba la reparación masiva de fugas, rehabilitación de pozos abandonados, perforación de nuevas fuentes de abastecimiento y obras de drenaje, bajo el reconocimiento de un sistema colapsado tras años de abandono institucional.

En cifras oficiales, los avances parecen contundentes: decenas de pozos rehabilitados, más de 250 obras iniciadas, inversiones que superan los 500 millones de pesos en infraestructura local y convenios que elevan el monto total cercano a los 2 mil millones de pesos. A ello se suma la construcción de nuevos tanques de almacenamiento y la promesa de incrementar el abasto hasta en un 40 por ciento en algunas zonas.

Sin embargo, en las calles la narrativa es distinta.

Colonias como Polígono 3, Ciudad Azteca o Héroes de la Independencia continúan denunciando suministro intermitente o inexistente, en algunos casos con antecedentes de más de una década sin servicio regular. Para miles de familias, la dependencia de pipas privadas sigue siendo la única alternativa, muchas veces a costos elevados y sin garantía de calidad.

Las protestas no han cesado. Bloqueos en vialidades clave como Avenida Central, Vía Morelos o el Boulevard de los Aztecas se han repetido entre 2025 y 2026, evidenciando que la crisis no solo persiste, sino que mantiene un alto nivel de tensión social. La exigencia es clara: agua en la red, no promesas en el discurso.

El propio gobierno municipal ha reconocido que el problema no puede resolverse en el corto plazo. Las causas son estructurales: sobreexplotación de acuíferos, fugas que desperdician hasta el 40 por ciento del agua, hundimientos del suelo que rompen la infraestructura y una red histórica de tomas clandestinas que alimentan el llamado “huachicol del agua”.

A ello se suma un modelo urbano que ha crecido sin planeación hídrica, reduciendo las zonas de recarga natural y aumentando la dependencia de fuentes externas como el Sistema Cutzamala. En este contexto, cualquier intervención local, por ambiciosa que sea, enfrenta límites físicos y administrativos difíciles de revertir en un solo trienio.

El contraste entre inversión anunciada y resultados palpables abre un cuestionamiento inevitable: ¿se trata de una transformación real o de una estrategia de contención ante una crisis que rebasa al municipio?

Mientras el gobierno insiste en que Ecatepec avanza hacia convertirse nuevamente en “el municipio del agua”, miles de habitantes siguen cargando cubetas, comprando pipas o cerrando calles para exigir un derecho básico. La brecha entre el discurso oficial y la vida cotidiana sigue siendo, literalmente, del tamaño de la sequía.

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