España tiene a un pájaro feísimo que no quiere que se extinga. Y toda Europa depende de que no lo haga

Durante la última década, Villafranca de los Barros (en el corazón de la provincia de Badajoz) fue la capital europea del buitre. Más de 600 buitres negros y leonados han salido del hospital villafranqués de fauna salvaje de AMUS para repoblar parajes en Francia, Sicilia, Chipre o Bulgaria.
Ahora y esta es la novedad, recibe 15 ejemplares de alimoches italianos.
¿Nos estamos quedando sin alimoches? ¿Hay pocos en España? Depende de cómo definamos «pocos». Es cierto que las cifras siguen cayendo en Aragón, Andalucía y parte de Castilla y León; sin embargo, no es menos cierto que en torno al 82% de todos los alimoches de Europa.
¿Y entonces? ¿Para qué queremos doce pájaros? Esencialmente, porque los alimoches italianos están pasando una racha muy mala. El país cisalpino tiene apenas una decena de parejas reproductoras silvestres y necesita a España para mantener viva la genética y la capacidad de cría.
La idea es usar los ejemplares italianos para reforzar la capacidad europea de obtener pollos (algo que, en esta especie, es especialmente difícil).
Y los carroñeros, pese al desprecio cultural que les tenemos, son importantes. Solo los buitres ibéricos retiran cadáveres del campo por un valor de unos 45 millones al año y ahorran unos 77.000 toneladas de CO2 en el mismo periodo. Pero hay casos aún mucho más claros: La India, por ejemplo.
Eyal Frank y Anant Sudarshan de la la Escuela de Políticas Públicas Harris y la Universidad de Warwick hicieron cuentas del impacto económico de la pérdida de buitres en el subcontinente. Hablamos de 69.400 millones de dólares anuales derivados de la mortalidad y los costes económicos asociados a las muertes prematuras. «El colapso de los buitres en la India proporciona un ejemplo claro del tipo de costes difíciles de revertir e impredecibles que puede tener para los humanos la pérdida de una especie»,
La gran esperanza europea. Si funciona, gran parte de los primeros pollos se liberarán en Italia con la idea de reforzar la población salvaje del sur de Italia. Después de eso, se usarán para reforzar otros núcleos debilitados: primero en España y luego en el resto de continente.
En este sentido, España se ha convertido en el último gran reservorio europeo. Y eso que entre cebos envenenados (979 cadáveres entre 2019 y 2023), tendidos eléctricos y aerogeneradores no es que tratemos muy bien a los buitres.
Imagen | Nitish Patel








