Opinión

Ayatolismo-mexicano

Muchos recordarán el nombre de Neda Agha Soltan, una joven de 26 años que fue cobardemente asesinada, el 20 de junio de 2009, por un miliciano que le disparó en el pecho, cuando se dirigía a una protesta. Estos hechos, ocurridos en Av. Kargar, en la intersección de Khorsravi y Salehi, en Teherán, capital de Irán, quedaron registrados en un video que dio la vuelta al mundo, mismo que hizo llorar a millones de personas. Ese video que causó horror e indignación en todo el mundo, volvió a Neda el símbolo de las protestas contra el fraude electoral ayatolista, en lo que conocemos como “La ola verde” o la “Revolución del Parque Libertad”, pues inició en parque “Azadi” (libertad).

En ese movimiento lo más destacable fue el liderazgo de las mujeres, mismo que, como narra Témoris Grecko, en su libro “La ola verde”, es propio de las mujeres persas desde épocas de Ciro el Grande, cuando ellas capitaneaban unidades militares y estaban al frente de grandes proyectos de infraestructura. Desgraciadamente estas protestas, que tuvieron enormes muestras de solidaridad en todo el planeta, terminaron a base de balas, desapariciones forzadas, encarcelamientos y torturas. Aun así, a pesar de toda la represión que hubo, Neda hoy sigue siendo un símbolo de resistencia en gran parte del mundo islámico; pues al grito de “¡Allahu-Àkbar!” (Dios es grande) esas miles y miles de mujeres, empoderadas y valientes, nos enseñaron qué se debe resistir ante lo injusto y que a una muerte en el campo de batalla se le debe dar sentido.

La Boquilla, Chihuahua, México 2020

¡Mami, no te vayas!, las palabras con las que Esteban, el hijo de Jessy Silva, despidió a su madre, deben hacer que todo se cimbre y se detenga, sobre todo nuestros corazones, para después de un instante reaccionar con una incontrolable indignación, que nos haga moverlo todo, para cambiarlo todo. El caso de Jessy Silva, esta mujer que fue asesinada con cinco balazos en la espalda, en la presa La Boquilla, hace poco más de una semana, debe ser, sin duda, el símbolo de nuestra indignación y rabia.

No es solamente un gobierno cobarde, tramposo y pusilánime que violenta tratados internacionales para seguir entregándose a los estadounidenses, robándose (literal) el agua de presas nacionales, para pagar un excedente que, como establece el propio Tratado de Aguas de 1944, solamente debe pagarse de excedentes de presas internacionales, sino es un rito mesiánico que busca apoderarse de todo el país. El agua de los agricultores de Chihuahua es también la selva amenazada de los mayas, que verán fierro expidiendo carbón, a costa de miles de especies. Esa agua es también un manglar desmontado, para que en su lugar haya oleoductos. Y, sin duda, es también una madre que llora por la falta de oncológicos para su pequeño, que se debate entre la vida y la muerte, a causa del cáncer.

En un país donde han muerto más de mil 600 niños esperando sus quimios (seis de ellos en los últimos cinco días), donde los enfermos graves de Covid-19 no llegan siquiera al respirador, donde se roba el agua a los agricultores y en donde se monta una hidroeléctrica en el corazón mismo de los campesinos de Morelos, la gota que derramó el vaso fue, sin duda, ver a la Guardia Nacional operar como han operado estos grupos en países como Venezuela. Cinco balazos inmisericordes y a quemarropa en la espalda de una madre que era esperada por su pequeño de 8 años en casa, es un acto cobarde y criminal que debe ser castigado y que debe sacarnos de nuestro letargo.

Y así, como los milicianos que defendían a un ayatolismo que juraba había ganado por “el voto divino”, hoy la Guardia Nacional defiende otro mesianismo que “transformaría” a un país fuertemente lacerado. Hoy, a casi dos años de gobierno, se acabaron los pretextos, pues nadie a un tercio de su gobierno y con el Congreso a su favor puede alegar boicots y echar culpas… por eso hoy podemos (debemos) decirle al partido en el poder y a su tlatoani que nos fallaron y exigirles paren ya con esta tragedia.

Por último, deseo pedirles que no dejemos que la muerte de Jessy Silva quede en el silencio y/o en el olvido, démosle el sentido que a la muerte de Neda le dieron las y los iraníes, pues ella murió luchando por todos nosotros, pues el hurto del agua de Chihuahua, es el hurto de nuestras esperanzas.

David Agustín Belgodere

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