Columna opinión: Política en Violeta

Alejandra y la bisagra del poder: ¿Pragmatismo o traición?
Por: Malva
La política, ese arte de lo que no se ve pero se siente, tuvo una de sus puestas en escena más reveladoras en el Salón Rojo del Club Toluca. No nos confundamos: lo que vimos no fue un evento social, fue un manifiesto político.
Alejandra del Moral, sonriente y navegando con una comodidad que desafía su pasado reciente, se dejó envolver por la estructura de Higinio Martínez, justo cuando los coros de “gobernador” retumbaban en un gesto que, más que entusiasmo, se sintió como una desconsideración abierta hacia la autoridad de la Maestra Delfina Gómez.
La tesis es directa y cruda: la exadversaria del 2023 ya no confronta al «delfinismo» desde la trinchera de enfrente; hoy aparece integrada en el mismo espacio donde se disputa el poder interno de la nueva hegemonía. No estamos ante un acto de protocolo o cortesía política; estamos ante un posicionamiento estratégico.
Del Moral ha entendido que su supervivencia no depende de la confrontación externa, sino de su capacidad para mimetizarse en las grietas del bloque en el poder.
La función sobre la causa
Seamos claros: Alejandra del Moral no representa hoy una causa social ni un proyecto de nación; representa una función operativa. Si bien carece del arrastre popular para ganar una elección por sí sola, posee algo que el nuevo régimen aún no termina de digerir: la articulación de intereses económicos, estructuras territoriales y las redes burocráticas del antiguo régimen mexiquense.
Su cercanía con el senador Higinio Martínez no es producto de una coincidencia ideológica sería ingenuo pensarlo sino de una conveniencia táctica.
Higinio aporta: El territorio, la movilización y la capacidad de presión interna dentro de Morena. Alejandra aporta las conexiones, la memoria del sistema y el lenguaje del viejo poder que aún sabe cómo mover los hilos del Estado.
Lo que se está configurando en estos encuentros no es una alianza de principios, sino una bisagra. Alejandra es el personaje que une al viejo poder con la nueva estructura morenista, permitiendo que ciertos intereses sigan girando a pesar del cambio de siglas.
La «Política en Violeta» nos obliga a mirar más allá de la sonrisa de la foto. Mientras el discurso oficial habla de transformación, en los salones de Toluca se cocina una amalgama donde el pragmatismo desplaza a la ética.
¿Es esta la integración que necesita el Estado de México o es simplemente la vieja guardia asegurando que, pase lo que pase, ellos siempre estarán sentados a la mesa del poder?
La respuesta parece estar en el eco de ese «gobernador» que, irónicamente, se gritó frente a quien alguna vez fue la esperanza de un cambio absoluto.
¿Es esta la transformación que se nos prometió, o estamos presenciando simplemente cómo el viejo sistema se cambia de piel para seguir dictando las reglas del juego desde la comodidad de una nueva mesa?
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