Las rejas de las casas han pasado de moda: la nueva tendencia que promete ser más segura y elegante

Durante décadas, las rejas de hierro se popularizaron como una solución eficaz contra robos e intrusiones, sobre todo en plantas bajas o en casas con ventanas accesibles desde la calle. Aunque para gustos no hay nada escrito, la verdad es que hoy por hoy no suele ser el remedio más agraciado para la vista (ni el más elegante). Pasa lo mismo con el gotelé (a pesar de sus bondades).
Esa imagen de barrotes en las fachadas empieza a quedar atrás y cada vez más propietarios optan por sistemas que ofrecen una protección similar, o incluso mayor, sin renunciar a la luz, la estética ni la comodidad. Y precisamente una de las opciones que más está creciendo es el vidrio laminado de seguridad.
Qué es el vidrio laminado de seguridad
El vidrio laminado es un conjunto formado por dos o más láminas de vidrio unidas entre sí mediante una o varias capas de un material plástico intermedio, normalmente butiral de polivinilo (PVB). Este film actúa como una especie de «pegamento» resistente que mantiene unidos los fragmentos de vidrio si el cristal llega a romperse, tal y como explican desde Guardian Sun.
Esa es, precisamente, la clave de su funcionamiento. Y es que no se trata de un cristal irrompible, sino de un cristal que, aunque se agriete, no se desprende ni deja un hueco abierto. La lámina interior sostiene los trozos en su sitio, de modo que la ventana sigue actuando como barrera y quien pretenda colarse tardará mucho más en poder atravesar la ventana, cuando llega a conseguirlo.

Imagen: Aluminios Garcilaso
Cómo protege frente a los robos
A diferencia de un cristal convencional, que un ladrón puede romper y atravesar en cuestión de segundos, el vidrio laminado retrasa considerablemente cualquier intento de entrada forzada. “El vidrio laminado se destaca por su capacidad para resistir impactos, ya que consta de varias capas que mantienen unidas las piezas en caso de rotura”, cuentan desde Cerrajero Valencia.
Ese tiempo extra puede marcar la diferencia, ya que la mayoría de los intentos de robo en viviendas duran solo unos minutos. En este sentido, el vidrio laminado no elimina por completo el riesgo, pero actúa como un elemento disuasorio bastante eficaz, especialmente cuando se combina con otros refuerzos, como cerraduras multipunto o sistemas de alarma.
Una normativa que mide su resistencia real
Cabe señalar que no todos los vidrios laminados ofrecen el mismo nivel de protección. En Europa existe una norma específica, la EN 356, que clasifica los cristales de seguridad según su capacidad para resistir ataques manuales, ya sean golpes accidentales, actos vandálicos o intentos de robo con herramientas.
Esta clasificación va desde los niveles más bajos, pensados para golpes accidentales, hasta los niveles más altos, diseñados para resistir intentos de robo con herramientas como martillos o palancas. Cuanto mayor es el número de capas de vidrio y de láminas de PVB, mayor es también el grosor del conjunto y, por tanto, su resistencia. Por eso, antes de instalar un vidrio de este tipo conviene definir qué nivel de protección se necesita, ya que no exige la misma resistencia una ventana en un ático inaccesible que una en una planta baja con fácil acceso desde la calle.
Luz, silencio y menos mantenimiento
Lo bueno es que, al tratarse de un cristal transparente, la vivienda conserva toda la luminosidad. Que no es que las rejas bloqueen completamente el paso de la luz, pero sí la limitan un poco. Además, el vidrio laminado apenas requiere mantenimiento, frente al hierro de las rejas, que si lo queremos mantener en perfecto estado tenemos que ir pintándolo y cuidarlo frente a la corrosión.
Otra clara ventaja es el aislamiento acústico. Y es que la combinación de capas de vidrio y PVB reduce que el ruido se acabe filtrando por la ventana, un plus para aquellos pisos en zonas muy céntricas con mucho tráfico y ruido exterior. Además, el vidrio reduce el riesgo de cortes en caso de que se rompa el cristal, ya que los fragmentos quedan adheridos a la lámina en lugar de esparcirse por el suelo.
Cómo se instala
Una de las dudas más habituales es si cambiar a vidrio laminado obliga a sustituir toda la ventana. No siempre es así, pues en muchos casos es posible mantener el marco existente y sustituir únicamente el cristal, siempre que la carpintería lo permita y esté en buen estado. Esto puede hacer que el coste se reduzca considerablemente, ya que no necesitas cambiar la ventana entera. Pero para saber si es necesario cambiar o no de ventana, lo mejor es que un profesional le eche un ojo y valore si el marco actual es compatible con el peso y el grosor de un vidrio de seguridad, que suele ser mayor que el de un cristal convencional.
Imagen de portada | mdreza jalali y Cabanyero






