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Pensábamos que el calor extremo solo traía insomnio. Ahora sabemos que también altera el ciclo menstrual de miles de mujeres

Cada vez que llega una ola de calor extrema, hablamos de insomnio, deshidratación y golpes de calor, pero la crisis climática está destapando consecuencias fisiológicas en las que la medicina apenas había reparado hasta ahora. Y una de estas consecuencias es bastante importante, puesto que afecta a la mitad de la población y no es más ni menos que el ciclo menstrual. 

Lo que ocurre. Las pruebas que tenemos ahora encima de la mesa nos apuntan que el calor extremo y las olas de calor pueden alterar el ciclo menstrual, afectando a su duración, su regularidad, la cantidad de sangrado y la severidad de sus síntomas. Y detrás de esto hay cambios hormonales que son provocados por las altas temperaturas. 

Qué hace el calor. Para entender qué ocurre exactamente en el cuerpo de las mujeres, tenemos un gran estudio publicado este mismo año en la revista Ecotoxicology and Environmental Safety que analizó a 19.790 mujeres que se sometían a tratamientos de reproducción asistida. Con esta base, los investigadores comenzaron a cruzar los datos hormonales de estas pacientes con sus exposiciones tanto crónicas como agudas. 

Los hallazgos aquí demostraron un impacto contundente del calor, puesto que por cada aumento del 10% en la proporción de días de calor extremo, las analíticas mostraron varios desplomes hormonales importantes. 

Las analíticas mostraban concretamente que el estradiol disminuyó un 15,1%, la progesterona cayó un 21,1% y la testosterona se redujo en un 9,9%. Pero lo más interesante es que la hormona luteinizante (LH) experimentó un aumento del 28,6%. 

Y si afinamos un poco más el lápiz, se puede detectar que, en el caso de las olas de calor agudas con días puntuales de mucho calor, las hormonas también se alteran con un menor nivel de estradiol y una mayor cantidad de hormona luteinizante. 

Tiene sentido. Estos datos exponen un mecanismo biológico plausible para explicar lo que muchas mujeres cuentan en las consultas. Y es que el calor extremo provoca alteraciones claras en el eje reproductivo que pueden traducirse directamente en cambios en el patrón de sangrado, alteraciones en el momento de la ovulación y modificaciones en la duración total del ciclo. 

Esta disrupción endocrina es apoyada por expertas en ginecología, quienes explican que el estrés por calor altera el hipotálamo y rompe el equilibrio entre estrógenos y progesterona, lo que termina produciendo retrasos, ausencias o irregularidades en la regla. Además, revisiones científicas recientes, como la publicada en Endocrine Reviews en 2025, ofrecen un marco sólido que detalla cómo el calor extremo logra alterar el eje hormonal y afectar la salud reproductiva global.

Va más allá. El calor no solo impacta directamente en las hormonas sexuales, ya que la ciencia ha visto que el calor agudo altera los parámetros vasculares e inflamatorios en las mujeres. Lo interesante es que esta respuesta inflamatoria y vascular varía dependiendo de la fase del ciclo menstrual en la que se encuentre la mujer, y esto encaja perfectamente con la idea de que la termorregulación y la vasodilatación provocadas por el calor pueden influir en el flujo sanguíneo y en la percepción del dolor durante la regla.

Sabemos también que el propio ciclo menstrual modula respuestas fisiológicas básicas del cuerpo, como las fluctuaciones metabólicas. Por ello, resulta lógico pensar que un estrés térmico sostenido en el tiempo genere efectos muy distintos según la fase del ciclo.

El sesgo de género. Como ocurre en muchas ocasiones dentro de la medicina, un problema que afecta exclusivamente a las mujeres no cobra demasiada relevancia. Y es que la ciencia apunta que, aunque la relación entre el calor y la salud menstrual es plausible, todavía la evidencia sigue siendo muy limitada a día de hoy. 

El motivo de este vacío científico radica en un histórico sesgo de género, como apunta un artículo metodológico de 2026 que subraya que las mujeres han estado sistemáticamente subrepresentadas en la investigación sobre fisiología térmica. La falta de inclusión y las dificultades metodológicas para clasificar el estado menstrual en los estudios de adaptación al calor explican, en gran parte, por qué la evidencia directa entre las altas temperaturas y los cambios en la regla es todavía tan escasa.

Imágenes | Andrea Piacquadio

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