Opinión

Desde el Aula

¿Quién manda? ¿Por qué siguen ahí? ¿Hasta cuándo?

Por: Campanita

Hay algo más preocupante que una denuncia pública: la costumbre. Y quizá eso es lo que comienza a instalarse alrededor de la Secretaría de Educación del Estado de México.

Durante meses se han acumulado señalamientos relacionados con presuntas ventas de plazas, cuestionamientos sobre programas de becas, conflictos administrativos, denuncias en el ámbito deportivo y versiones periodísticas que apuntan hacia un reducido grupo de funcionarios que, una y otra vez, aparecen en el centro de la conversación pública.

Sin embargo, el fenómeno más llamativo no son las acusaciones. Es la permanencia.

Tomemos un caso emblemático. Guillermo Calderón Vega es un personaje con una larga trayectoria en la vida pública mexiquense. Ha ocupado distintos cargos en la administración estatal y federal, sobreviviendo a cambios de gobierno, reacomodos políticos y diversas controversias que, a lo largo del tiempo, han sido documentadas en notas periodísticas y expedientes de circulación política.

Algunas de esas referencias incluso han alcanzado a integrantes de su entorno familiar. Su hijo, Guillermo César Calderón León, desarrolló parte de su carrera en áreas estratégicas del sistema aduanero federal, un espacio que históricamente ha estado sujeto a fuertes tensiones políticas y cuestionamientos públicos.

¿Quién manda?

Formalmente existe una respuesta. Miguel Ángel Hernández Espejel es el secretario de Educación. Pero quienes conocen el funcionamiento interno del sector educativo suelen mencionar otros nombres cuando hablan de la operación política y administrativa de la dependencia: Guillermo Calderón Vega, Ricardo López Avendaño y Carlos Chávez.

¿Por qué siguen ahí?

Porque en política nadie sobrevive por accidente. La permanencia es una forma de poder. Y mientras más señalamientos, expedientes, cuestionamientos y controversias acumula un personaje sin que existan consecuencias visibles, más crece la percepción de que detrás existe una estructura igualmente poderosa.

¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo la responsabilidad seguirá depositándose exclusivamente en el pasado? ¿Hasta cuándo las irregularidades serán heredadas? ¿Hasta cuándo los problemas pertenecerán siempre a otros? Después de casi tres años de gobierno, la ciudadanía ya no está evaluando únicamente lo que se recibió; está evaluando lo que se hizo con ello.

Porque llega un momento en que gobernar deja de consistir en explicar lo que se heredó y comienza a responder por lo que se tiene. Y ese momento parece haber llegado para la Secretaría de Educación del Estado de México.

Al final, el verdadero riesgo no es el costo político que puedan pagar determinados funcionarios. El verdadero riesgo es que la sociedad termine convencida de que nada cambia, de que los nombres permanecen, de que las responsabilidades se trasladan y de que las consecuencias nunca llegan.

Y cuando esa percepción se instala, el problema deja de ser administrativo o mediático. Se convierte en un problema de confianza pública. Porque los gobiernos pueden sobrevivir a una crisis, pero difícilmente sobreviven cuando la ciudadanía deja de creer que existe voluntad para corregir el rumbo.

Por eso las preguntas siguen ahí, esperando respuesta:
¿Quién manda?
¿Por qué siguen ahí?
¿Y hasta cuándo?

Mostrar más
Mira también
Cerrar
Botón volver arriba