Opinión

Colombia en la encrucijada: ¿Continuidad del eje o ruptura con el narco-comunismo?

Por: El Husmeador

Como ya antes comenté, Bogotá ha dejado de ser el portaaviones incondicional de los intereses estadounidenses en Sudamérica. El giro político de Colombia ha reconfigurado la agenda bilateral: la tradicional estrategia de la «guerra contra las drogas» impulsada por Washington está bajo revisión, dando paso a exigencias locales centradas en el desarrollo rural y la justicia ambiental. Aunque Colombia mantiene su estatus de aliado principal no-OTAN, el gobierno colombiano diversifica sus votos en foros internacionales (especialmente en temas de Medio Oriente) y busca liderar un bloque regional progresista que no siempre se alinea con las directrices del Departamento de Estado en Estados Unidos.

Este fin de semana Colombia vivió un momento de alta polarización. El presidente Gustavo Petro termina su mandato el 7 de agosto de 2026 sin posibilidad de reelección inmediata (prohibida por la Constitución desde 2015). Estas elecciones definen quién continuará o cambiará el rumbo del primer gobierno de izquierda en la historia moderna del país. Se elige presidente y vicepresidente para el periodo 2026-2030. En la primera vuelta del 31 de mayo, Abelardo de la Espriella (“el Tigre”) fue el candidato más votado con alrededor del 43,7 % de los sufragios, seguido de Iván Cepeda (Pacto Histórico) con cerca del 40,9 %. Ninguno alcanzó el 50 % necesario para ganar en primera vuelta, por lo que se disputarán la Presidencia en segunda vuelta el 21 de junio. El escenario resultó muy cerrado y polarizado, tal como se anticipa. 

A solo unas horas de conocerse los resultados de la primera vuelta, Colombia no solo elige presidente. Elige si sigue alineada con un eje ideológico que combina el avance del socialismo del siglo XXI, la tolerancia (o complicidad) con el narcotráfico y alianzas preferenciales con regímenes autoritarios, o si da un giro hacia la mano dura, la seguridad y la realineación con democracias de orden. El gobierno de Gustavo Petro ha situado a Colombia, tradicional bastión anticomunista y aliado estratégico de Estados Unidos en la región, en una posición incómoda. Durante estos cuatro años, Bogotá estrechó lazos con Nicolás Maduro en Venezuela, ha mantenido relaciones cordiales con Cuba, ha coincidido con Lula en Brasil y con el gobierno de Claudia Sheinbaum en México en foros progresistas y en críticas a Washington. Esta red va desde La Habana hasta Caracas, pasando por Brasilia y Ciudad de México. Para muchos analistas, forma parte de un “eje” donde la ideología de izquierda convive con el debilitamiento del combate frontal al narcotráfico. Los resultados están a la vista: cultivos de coca en niveles récord, aumento de la violencia en varias regiones, “Paz Total” que no ha logrado desmontar a las disidencias ni a los clanes del narco, y una percepción de que Colombia ha perdido peso como socio confiable de Occidente. Mientras Trump y Bukele aplican políticas de tolerancia cero, Petro y sus aliados apuestan por enfoques “humanistas” que, según sus críticos, terminan beneficiando a los carteles. En esta elección, Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, representa la continuidad de ese proyecto. Su paso a segunda vuelta mantiene viva la posibilidad de consolidar la inserción de Colombia en ese bloque regional de izquierda, con mayor cercanía a Caracas y La Habana, y probable tensión persistente con Washington. Para sus detractores, sería profundizar el camino hacia un país más alineado con el “eje del mal” que combina estatismo, debilitamiento institucional y narcotráfico como problema estructural no resuelto. Frente a él surge con fuerza Abelardo de la Espriella, el “Tigre”, un outsider admirador declarado de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, quien lideró la primera vuelta. Su discurso es directo: megacárceles, fumigación aérea, extradiciones sin contemplaciones y trato al narco como amenaza a la seguridad nacional. De la Espriella promete romper con las alianzas ideológicas que, según él, han aislado a Colombia y han permitido que el crimen organizado gane terreno. Su fuerte performance en primera vuelta y posible triunfo en segunda serían interpretados como un rechazo explícito al modelo petrista y un regreso a una Colombia más alineada con la seguridad hemisférica y el libre mercado. 

Paloma Valencia, del uribismo, ocupó un espacio intermedio dentro de la oposición con propuestas más institucionales, pero también de mano firme, aunque quedó en un lejano tercer lugar. No es solo una elección local. Es geopolítica. Colombia está en el centro del tablero: o sigue siendo parte del problema regional (narco + giro ideológico), o se convierte en un dique de contención. Este 31 de mayo las urnas hablaron fuerte, aunque los resultados han sido cuestionados por Petro y Cepeda, quienes denuncian irregularidades y piden escrutinio exhaustivo. El continente estará atento al balotaje del 21 de junio. En México, mientras exige que nadie se meta en sus asuntos, la presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció sobre la elección en Colombia. La mandataria expresó afinidad con el proyecto de Gustavo Petro, consideró importante la denuncia de posibles irregularidades y pidió que se llegue “hasta lo último” en las investigaciones sobre fraude electoral, veremos que opinan en EU.

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