Estado de México

Tres meses sin clases: el lujo educativo que México no puede darse rumbo al Mundial 2026

Mientras millones de estudiantes arrastran rezagos desde la pandemia y México ocupa los últimos lugares de la prueba PISA,

La propuesta de ampliar vacaciones por el Mundial exhibe una política educativa más preocupada por el espectáculo que por la formación académica.

FIRR

La posibilidad de modificar el calendario escolar para otorgar hasta tres meses de vacaciones con motivo del Mundial de Futbol 2026 ha encendido nuevamente el debate sobre el deterioro educativo en México. La discusión ocurre en un contexto crítico: el país arrastra desde hace años bajos niveles de aprendizaje, una generación marcada por el rezago que dejó la pandemia y resultados alarmantes en la evaluación internacional PISA.

México ya enfrentaba problemas educativos mucho antes del confinamiento sanitario. En la prueba PISA 2022, aplicada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, participaron 81 países y economías. México se ubicó en el lugar 51, además de ocupar la antepenúltima posición entre los países miembros de la OCDE. Los resultados mostraron deficiencias severas en matemáticas, lectura y ciencias, áreas fundamentales para competir en un mercado laboral cada vez más exigente.

Durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, México mantuvo una relación tensa con la evaluación PISA debido a los malos resultados obtenidos por el sistema educativo nacional. A ello se sumó el impacto de la pandemia, que obligó a millones de estudiantes a tomar clases a distancia en condiciones desiguales, sin acceso suficiente a internet, computadoras o acompañamiento académico.

Especialistas y docentes coinciden en que el aprendizaje virtual no sustituye la experiencia educativa presencial. Muchos alumnos avanzan de grado sin dominar conocimientos básicos, generando una brecha que sigue reflejándose en secundaria, preparatoria e incluso universidad.

En ese escenario, la idea de ampliar el periodo vacacional por la realización del Mundial 2026 es vista por diversos sectores como una señal equivocada. Críticos de la política educativa sostienen que el país debería priorizar estrategias de recuperación académica y fortalecimiento de competencias, en lugar de reducir aún más el tiempo efectivo en las aulas.

Las consecuencias no solo impactan en las estadísticas educativas. Miles de jóvenes egresan del sistema público sin las herramientas suficientes para competir por empleos especializados o bien remunerados. Frente a estudiantes de instituciones privadas con mejor preparación, muchos aspirantes quedan en desventaja en entrevistas laborales y procesos de selección.

Empresas nacionales e internacionales demandan perfiles con conocimientos técnicos, dominio de idiomas, habilidades digitales y capacidad analítica; sin embargo, gran parte de los egresados del sistema público enfrenta dificultades para cumplir esos requisitos.

La situación cambia en muchos espacios gubernamentales, donde persisten prácticas señaladas por ciudadanos y analistas como favoritismo, compadrazgo o contratación por vínculos políticos y familiares, más que por méritos académicos o experiencia profesional.

Para sectores críticos del actual modelo educativo, el problema de fondo es que la preparación académica dejó de ser prioridad nacional. Consideran que un sistema con bajos niveles educativos facilita la dependencia social hacia programas asistenciales y limita la movilidad económica de las nuevas generaciones.

Mientras más de 90 países participan ya en la preparación de la prueba PISA 2025, México enfrenta el reto de decidir si apuesta por recuperar el nivel educativo perdido o si continúa normalizando el rezago de millones de estudiantes en nombre del entretenimiento y los intereses políticos.

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