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Si la pregunta es por qué EEUU aún no ha atacado la isla de Kharg, la respuesta es sencilla: miedo al segundo después

Con EEUU e Israel atacando miles de objetivos iraníes, incluidos buques, sistemas de defensa e instalaciones petrolíferas y de suministro, la isla de Kharg supone una paradoja en sí misma. La mayoría de los analistas coincide en que es el gran talón de Aquiles de la República Islámica, un punto en el que Washington podría causar un daño considerable al régimen de los ayatolás. Sin embargo, pese a ese valor estratégico y la intensa ofensiva estadounidense e israelí, tras más de una semana de guerra no hay constancia de que Kharg haya sufrido daños.

La pregunta es obvia: ¿Por qué?

En una isla lejana… Irán quizás goce de una posición privilegiada para controlar el estrecho de Ormuz, lugar de paso de casi el 20% del crudo y gas del planeta; pero a nivel geográfico Teherán juega también con algunas desventajas. La principal, su costa. No es la mejor para el tráfico marítimo. Resulta demasiado limosa y carece del calado necesario para el atraque de buques petroleros.

Hace más de seis décadas ese hándicap llevó a Irán, con ayuda de la empresa estadounidense Amoco, a crear una enorme terminal petrolífera en la vecina isla de Kharg. Aunque se trata de una ínsula diminuta, de poco más de 20 km2, sus aguas son lo suficientemente profundas para acoger grandes navíos. Desde que registró su primer cargamento importante, en 1960, Kharg ha ido ganando peso en la industria petrolera iraní hasta convertirse en su centro neurálgico.

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La isla del oro negro. Lo de «centro neurálgico» en este caso está más que justificado. A pesar de su reducido tamaño, Kharg se ha dotado de una enorme infraestructura, con muelles de carga, oleoductos y depósitos, que le permiten canalizar alrededor del 90% de las exportaciones petroleras de Irán. 

Se calcula que cada día pasan por la isla entre 1,3 y 1,6 millones de barriles de crudo, aunque tiene capacidad para muchísimo más. JP Morgan calcula que en febrero, cuando ya sonaban tambores de guerra, Teherán aumentó el flujo a tres millones de barriles diarios. Hay quien dice que si se lo propusiera podría llegar a siete millones. A ellos se suman su reservas, estimadas en otros 18 millones.

Una diana perfecta. Con semejantes cifras, Kharg se ha convertido en dos cosas. Una pieza central en el entramado petrolífero de Irán. Y una diana perfecta para EEUU e Israel. Llegaría un golpe certero para causar un daño considerable a la isla y, en consecuencia, a las finanzas de la República Islámica, contribuyendo a su desestabilización. Su valor estratégico es tan claro que hace poco el político israelí Yair Lapid insistió en las ventajas que tendría una ofensiva directo.

Para ser más precisos, Lapid ha abogado por «destruir todos los yacimientos petrolíferos y la industria energética de Irán en la isla de Kharg». «Eso es lo que paralizaría la economía iraní y derrocará al régimen», razonó. En los últimos días Tel Aviv ha golpeado las infraestructuras petroleras del país, dañando depósitos y centros de transferencia de crudo de Teherán y Alborz. Sin embargo Kharg sigue intacta. Y eso que el sábado Axios desveló que Israel y EEUU han abordado la posibilidad de controlar la isla como parte de un mayor despliegue en Irán.

¿Por qué no la atacan? Esa es la pregunta que a lo largo de los últimos días se han hecho varios analistas, incluido Dan Sabbagh, editor de Defensa y Seguridad de The Guardian. Las ventajas de atacar Kharg son evidentes para EEUU e Israel (golpearía el corazón de la industria iraní, desestabilizando su régimen), así que… ¿Por qué la isla parece inmutable, al menos a día de hoy? Para entenderlo hay que manejar varias claves. Algunas geopolíticas. Otras económicas.

Sobre estas últimas se pronunciaba el lunes JP Morgan, que recuerda que una ofensiva sobre Kharg causaría un seísmo en el mercado del petróleo. No solo por golpear la industria iraní. También podría desencadenar una respuesta violenta de Teherán que se extienda al estrecho de Ormuz y la infraestructura petrolera de otros países vecinos del Golfo. No es descabellado. Irán ya los ha castigado.

«Un ataque directo detendría al momento la mayor parte de las exportaciones de crudo de Irán, lo que probablemente desencadenaría severas represalias en Ormuz o contra la infraestructura energética regional», advierte el banco.

Más allá del petróleo. «Podríamos ver el precio de 120 dólares por barril que vimos el lunes subir a 150 dólares si Kharg fuera atacado», advierte Neil Quilliam, del centro de estudios Chatham House. «Es crucial para los mercados energéticos globales». Quizás suene exagerado, pero conviene recordar varios datos. Irán no es un país cualquiera. Ocupa uno de los primeros puestos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y bombea el 4,5% del suministro mundial.

Gran parte de su producción se dirige a China, pero si su suministro se viera noqueado la onda expansiva se extendería al conjunto del mercado, influyendo en los precios. Sobre todo en un momento de profunda inestabilidad en Ormuz. No hablamos solo de petróleo. Como recuerda en France24 Sonia Martínez-Girón, analista de ITSS, su mercado está estrechamente conectado con otros sectores económicos muy sensibles, como el transporte o la alimentación.

¿Y después… qué? Esa es la otra pregunta que se hacen los analistas. Si se golpea Kharg se golpea al régimen iraní, pero… ¿Qué viene después ¿Cuál sería el paso siguiente? Richard Nephew, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, reconoce que atacar la isla representaría una escalada en la guerra, sobre todo porque podría requerir un despliegue terrestre.

«EEUU e Israel son conscientes de que, si lo atacan, corren el riesgo de que Irán ataque la infraestructura petrolera de los países del Golfo», advierte. No solo eso. Reconstruir Kharg llevaría tiempo, con lo que el golpe afectaría a cualquier hipotético nuevo régimen iraní, complicando la estabilidad del país.

«La isla de Kharg es tan importante para la economía iraní que la destrucción de sus instalaciones supondría abandonar cualquier pretensión de librar una guerra para crear un futuro mejor en Irán», señala en The Guardian Lynette Nusbacher, ex oficial de inteligencia del ejército británico. A ese hándicap se añade el coste que podría tener dentro de EEUU, donde el intervencionista de Trump ya está causando una fractura del movimiento MAGA en pleno año electoral.

Imágenes | NASA, Natalya Letunova (Unsplash) y Wikipedia

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