"Jesús es Ulises con esteroides narrativos": los estudiosos sacan a relucir los parecidos entre 'La Odisea' y la Biblia
La adaptación de ‘La Odisea’ de Christopher Nolan está arrasando en taquilla, y se está elogiando y discutiendo desde múltiples frentes, como siempre que llega una nueva propuesta del diretor de ‘Oppenheimer’. Una de las más interesantes procede de un estudioso de la Biblia que nos recuerda que la más precisa e influyente adaptación del texto de Homero existe desde hace siglos y se llama Nuevo Testamento.
La teoría. Dennis MacDonald, biblista semirretirado del Claremont School of Theology, lleva sosteniendo esta teoría desde hace tres décadas, lo bautizó como «mimesis crítica» en 1994, en el libro ‘Christianizing Homer’, que más adelante desarrolló en 2015, en ‘Mythologizing Jesus: From Jewish Teacher to Epic Hero». En su obra sostiene la idea de que los autores de los libros de la Biblia de Marcos, Lucas y Hechos no es que plagiaran ‘La Ilíada’ y ‘La Odisea’, sino que las imitaron a propósito
Se trata de un recurso literario habitual en el Mediterráneo antiguo para dotar a un personaje de peso narrativo frente a otros ya célebres y constituidos. En una entrevista con CNN de la que proceden también las demás declaraciones de este texto, el autor afirma que los evangelistas querían inyectar a Jesús «con esteroides narrativos» para que compitiera con Aquiles, Ulises o Hermes y saliera vencedor: «Jesús es mejor, más listo y más compasivo».
Los paralelismos. MacDonald encuentra parecidos muy concretos entre ‘La Odisea’ y la Biblia. Por ejemplo, Ulises le dice al cíclope que se llama «nadie» y se disfraza de mendigo para no ser reconocido ni por su propia esposa. Por su parte Jesús, a lo largo de los evangelios, pide una y otra vez a quienes le rodean que no cuenten sus milagros ni revelen que es el Mesías.
Más: en Hechos, Pablo naufraga camino a Roma y los habitantes de la isla lo confunden con un dios tras verlo sobrevivir a la mordedura de una víbora; en ‘La Odisea’, un Ulises recién naufragado provoca la misma duda en la princesa Nausícaa. Jesús duerme durante una tormenta en la barca igual que Ulises duerme en cubierta. Jesús camina sobre el agua como el dios Hermes la sobrevuela grácilmenteen la obra de Homero. Y en Marcos, una mujer unge a Jesús con aceite igual que una anciana unge a Ulises en el canto 19 de ‘La Odisea’.
No son coincidencias. MacDonald exige que cada paralelismo supere seis filtros para esquivar la sospecha de simple coincidencia. Entre otros, que el autor cristiano pudiera acceder al texto homérico, que otros escritores de la época imitaran el mismo pasaje, que existan varios puntos de contacto entre los dos textos y no uno aislado, que aparezcan en un orden similar y que compartan detalles distintivos. Es una vara de medir exigente, pero lógica si tenemos en cuenta que la influencia del poema, del que seguimos hablando veinticinco siglos después, ya era muy conocido cuando se escribió la Biblia.
Robyn Faith Walsh, profesora de cristianismo primitivo en la Universidad de Miami, lo enuncia de otra forma: cualquiera que escribiera literatura en el mundo antiguo había leído a Homero, del mismo modo que hoy ningún autor puede huir de la influencia de Shakespeare aunque no lo haya leído nunca
No todo el gremio está de acuerdo. Margaret M. Mitchell, de la Universidad de Chicago, admite que Homero escribió el «libro de texto teológico» por excelencia del mundo grecorromano: los niños romanos lo memorizaban en la escuela, los esclavos lo recitaban en las fiestas de sus amos, sus pasajes inspiraban frescos decorativos… Pero eso no convierte el Nuevo Testamento en una reescritura suya. Otro biblista, Robert Rabel, acusa a MacDonald de «exceso analítico» y comparaciones «cogidas por los pelos», en línea con las teorías más extravagantes que ha generado ‘La Odisea‘.
Y para justificar todo ello hay un argumento de peso, según estos estudiosos de la Biblia: a Ulises, en el imaginario del cristianismo primitivo, se le veía sobre todo como un personaje astuto, cruel y embustero. A ningún autor de la época, en un libro como la Biblia, se le habría convenido vincular a un antihéroe como ese con el mismísimo hijo de Dios.
La respuesta de MacDonald. Este hijo de un predicador fundamentalista se defiende de los colegas que lo han vetado de congresos y que, según él, sufren de «homerofobia». Según McDonald, no tiene nada de malo defender la intervención humana y la inspiración no-divina en la escritura de la Biblia. De hecho, la idea de la revelación divina, según el estudioso, suele traer consigo arrogancia y la exigencia de que el texto sea aceptado sin ninguna crítica. Su colega Walsh afirma también que el hecho de que la Biblia lleve huellas humanas no tiene por qué debilitar la fe de nadie, y hasta puede acercarla más al lector.







