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La NASA ha detectado una mancha verde gigante desde el espacio en Nueva Zelanda. Y no es contaminación ni un fallo de imagen

El 10 de enero de 2026, una imagen publicada por la NASA mostró algo extraordinario en el océano Pacífico: una gigantesca mancha verde y azul que parecía rodear unas pequeñas islas situadas a unos 800 kilómetros de Nueva Zelanda. La estructura medía aproximadamente 200 kilómetros de largo y tenía el aspecto de un enorme vertido que se extendía por el mar. Sin embargo, no era contaminación ni un fallo de los sensores. 

Una mancha visible desde el espacio. El protagonista de la imagen es el archipiélago de las Chatham, un remoto conjunto de islas situado al este de Nueva Zelanda. A su alrededor apareció una estructura elíptica de unos 200 kilómetros de largo y 120 de ancho, formada por espectaculares remolinos y filamentos de color verde y azul. 

El satélite estadounidense NOAA-20 la fotografió el 10 de enero, aunque el europeo Sentinel-3 había captado el mismo fenómeno aproximadamente una hora y media antes. Las imágenes permitieron observar una formación de dimensiones extraordinarias que se extendía por buena parte del océano circundante.

Millones de organismos. La explicación se encuentra en el fitoplancton, un conjunto de microorganismos fotosintéticos que viven suspendidos en el agua y constituyen la base de numerosas cadenas alimentarias marinas. Cuando coinciden determinadas condiciones de luz y nutrientes, sus poblaciones pueden multiplicarse hasta modificar visiblemente el color del océano. 

La clorofila que utilizan para realizar la fotosíntesis contribuye a generar las tonalidades verdosas detectadas por los satélites, mientras las corrientes y los remolinos marinos arrastran los organismos hasta dibujar las enormes espirales fotografiadas desde el espacio. 

Phytoplankton Bloom Surrounding Chatham Islands Off New Zealand December 1 2013

La respuesta bajo el océano. Las islas Chatham se encuentran sobre una inmensa meseta submarina que se extiende hacia el este desde Nueva Zelanda y altera la circulación de las aguas. Al norte predominan corrientes subtropicales cálidas, relativamente pobres en macronutrientes, pero con mayor disponibilidad de hierro. 

Desde el sur llegan aguas antárticas frías, ricas en otros nutrientes esenciales. El relieve submarino favorece la mezcla de ambas masas de agua, creando una combinación que funciona como un fertilizante natural. Durante el verano austral, las largas horas de luz completan las condiciones necesarias para desencadenar la proliferación.

Chathambloom Vir2 20250110 Lrg

Un fenómeno que se expande. Estas floraciones se producen prácticamente todos los años alrededor de la meseta de Chatham, especialmente entre finales de la primavera y principios del verano austral. Los científicos ya habían registrado episodios particularmente intensos en temporadas anteriores, pero el de enero de 2026 alcanzó la mayor intensidad observada durante al menos una década de registros de los satélites Sentinel-3.

Su fase más intensa duró aproximadamente tres semanas, tras las cuales la mancha comenzó a debilitarse y desplazarse hacia el este. Las observaciones de distintos satélites permitieron seguir su evolución y estudiar cómo las corrientes oceánicas modificaban su estructura.

Mucho más que una foto espectacular. El fitoplancton alimenta al zooplancton y sostiene buena parte de los ecosistemas marinos, además de participar en la producción de oxígeno y en el ciclo global del carbono. Su abundancia contribuye a explicar la extraordinaria productividad pesquera de las aguas de Chatham, donde viven especies comerciales como la langosta, el bacalao azul y los moluscos pāua. 

La región también alberga numerosas especies de focas, ballenas y delfines. Para los científicos, estas imágenes son especialmente valiosas porque permiten observar la productividad del océano, seguir sus corrientes y estudiar cómo responden los ecosistemas marinos a las condiciones ambientales.

No toda mancha verde es buena noticia. Aunque esta proliferación responde a un proceso natural, los investigadores advierten de que algunas floraciones de microorganismos pueden resultar perjudiciales si producen toxinas o provocan una disminución del oxígeno disponible cuando se descomponen. 

Por eso, el seguimiento científico no se limita a fotografiar su extensión: también interesa conocer su duración, desplazamiento y composición. La gigantesca mancha de Chatham ofrece una demostración especialmente visual de hasta qué punto los procesos invisibles del fondo marino pueden transformar la superficie del planeta y dejar una huella reconocible incluso desde el espacio.

Imagen | NASA

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