Política en Violeta

Simular la vulnerabilidad: el burdo montaje de Tenancingo y la deuda ética de las mujeres en el poder
Por: Malva
• Toluca, Estado de México • 22 de junio de 2026
El feminismo y las luchas por la paridad de género jamás buscaron el acceso de las mujeres al poder como un fin ornamental o de impunidad. Se exigió y se exige para transformar las estructuras, dignificar la política y gobernar con ética. Por ello, el reciente viraje en el caso de la alcaldesa de Tenancingo hiere doblemente.
Lo que durante más de dos semanas se denunció y visibilizó con profunda alarma como la violenta privación de la libertad de una presidenta municipal en funciones (N.N.P.), resultó ser, según las conclusiones de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, una burda y premeditada simulación. Un teatro político y delictivo orquestado desde febrero de este año por la propia edil, en complicidad con su círculo más íntimo: su esposo, su cuñado y colaboradores cercanos. ¿El objetivo de tan macabro montaje? No la supervivencia, no la defensa de su integridad en un contexto nacional hostil para las mujeres, sino algo penosamente transaccional: justificar un boquete financiero de 40 millones de pesos en las arcas del ayuntamiento.
Este caso nos obliga a realizar un análisis sumamente crítico, pero profundamente reflexivo, bajo un lente violeta. Durante años, los movimientos de mujeres han visibilizado la vulnerabilidad sistémica de las alcaldesas y regidoras, quienes con frecuencia enfrentan violencia política en razón de género, amenazas del crimen organizado y atentados reales contra sus vidas. Instrumentar esa narrativa legítima de riesgo, simular un secuestro con lujo de detalles alegando captores armados, vehículos rojos y rutas de escape cinematográficas no es solo un presunto delito de simulación de secuestro y peculado; es una traición directa a la agenda histórica de las mujeres en el espacio público.
“Utilizar políticamente el dolor colectivo y la urgencia de la agenda de seguridad de género para encubrir un desfalco millonario es una perversión de la confianza pública. La paridad de género es una victoria democrática, no un escudo de impunidad para la corrupción.”
La instrumentalización del riesgo de género
Las investigaciones de la Fiscalía mexiquense resultan demoledoras. Las cámaras de seguridad no registraron violencia ni resistencia; al contrario, captaron a un participante ayudando amablemente a la funcionaria a descender de su vehículo. Las sábanas de llamadas y el rastreo celular evidenciaron una planeación meticulosa que incluyó el uso de dispositivos para evadir los arcos de videovigilancia, rutas coordinadas hacia Oaxaca y un cínico cálculo de control de daños: cuando la movilización policial rebasó las expectativas, la alcaldesa ordenó ser abandonada en un paraje de terracería en El Capulín para fingir un escape heroico.
La reflexión de fondo debe ir más allá de la crónica policial. Como caballitos críticos de una causa que busca limpiar la vida pública, no podemos callar: llegar al poder con cuerpo de mujer no garantiza, de manera automática, gobernar con perspectiva de género ni con honestidad. El patriarcado también se reproduce cuando las mujeres replican los vicios ancestrales de la corrupción, el patrimonialismo y el amiguismo, usando las redes familiares —en este caso, el esposo y el cuñado prófugos— para el saqueo y la complicidad.
N.N.P. se presentaba ante el Ministerio Público asegurando que sus captores le ‘sugerían’ tomar los 40 millones del erario. Hoy sabemos que la sugerencia nació en casa. Al simular que su vida corría peligro para tapar un desfalco, la alcaldesa no solo defraudó a la ciudadanía de Tenancingo; banalizó el peligro real que viven miles de mujeres y profundizó el escepticismo social hacia las denuncias de violencia de género. Cuando la mentira se institucionaliza desde la cúspide de un gobierno municipal, las verdaderas víctimas quedan aún más desamparadas.
La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción y el Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México (OSFEM) tienen ahora la enorme tarea de fiscalizar hasta el último centavo de ese quebranto patrimonial. Por su parte, la justicia penal deberá actuar con estricto apego al debido proceso y respetando la presunción de inocencia, pero con una firmeza ejemplar. Si se demuestra plenamente su culpabilidad en la audiencia del próximo 9 de julio, el castigo debe ser contundente.
El enfoque violeta exige justicia para las mujeres, pero también nos impone la obligación ética de exigirles rendición de cuentas a las mujeres que ejercen el poder de manera indebida. No se lucha por la igualdad para tener derecho a delinquir o simular el dolor en nombre de la avaricia. Gobernar como mujer debe significar, invariablemente, gobernar con dignidad, transparencia y absoluto respeto a la confianza del pueblo que las eligió.











