Columna: Politica en Violeta

LA GRIETA SILENCIOSA EN LA UAEMEX
Por: Malva
– La eventual salida de Bernardo Almaraz exhibe el debilitamiento del control político universitario en la UAEMéx, justo cuando la gobernabilidad debería ser prioridad tras el paro estudiantil.
– El Consejo Universitario comienza a reflejar una nueva correlación de fuerzas donde los grupos históricos recuperan posiciones frente a una administración cada vez más distante de su propia estructura.
Lo que supone la inminente salida de Bernardo Almaraz Calderón de la recién creada Oficina de la Rectoría en la Universidad Autónoma del Estado de México no es un asunto menor. Por el contrario, representa uno de los síntomas más visibles del debilitamiento político y operativo que atraviesa la administración central universitaria en un momento donde, después del paro estudiantil, la gobernabilidad tendría que haberse convertido en la piedra angular del actual rectorado.
En la lógica universitaria, mantener el control político del Consejo Universitario máximo órgano de gobierno de la institución significa garantizar estabilidad, operación y capacidad de conducción. Los rectores en turno históricamente han entendido que la gobernabilidad no se construye únicamente desde el edificio central del Instituto Literario, sino mediante acuerdos permanentes con directoras, directores, consejeros universitarios y actores de peso en cada espacio académico.
Sin embargo, diversos sectores universitarios comienzan a señalar que la actual administración no sólo enfrenta problemas de operación política, sino también una creciente desconexión con su propia comunidad. La falta de interlocución efectiva, el distanciamiento institucional y el incumplimiento de acuerdos comienzan a traducirse en un vacío político que se expande peligrosamente al interior del Consejo Universitario. Y el problema no es menor.
Si la rectoría pierde capacidad de articulación en el Consejo, también pierde margen para construir consensos, operar decisiones estratégicas y sostener el respaldo institucional necesario para ejecutar cualquier proyecto rectoral. Ahí radica precisamente el fondo de lo que hoy ocurre en varios espacios universitarios.
Los ejemplos recientes hablan por sí solos.
En la Facultad de Derecho, el Consejo Universitario designó por unanimidad a Hiram Piña Libien, personaje ligado por vínculos familiares al grupo de Jorge Alejandro Vázquez Caicedo, secretario de Gobernanza, aunque políticamente más cercano al ex rector Jorge Olvera García, de cuya administración formó parte como abogado general y secretario de Rectoría. Su llegada ocurre tras la salida de Gustavo Aguilera, en medio de denuncias, protestas y fuertes señalamientos por presuntos actos de acoso y extorsión.
En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la llegada de Martha Ángeles Constantino tampoco puede entenderse fuera de las afinidades políticas internas. Diversos actores la ubican cercana a la exdirectora y excandidata a Rectoría, Laura Benhumea González, así como a grupos vinculados al ex rector José Martínez Vilchis.
En Humanidades el escenario comienza a mostrar señales similares Lo mismo ocurre en espacios del nivel medio superior, y en varios centros universitarios foráneos, donde la percepción de lejanía con Rectoría empieza a convertirse en un factor común.
Particularmente delicado resulta el caso de municipios estratégicos como Texcoco y Nezahualcóyotl, considerados históricamente bastiones políticos de enorme relevancia dentro y fuera de la universidad, con fuerte presencia de grupos vinculados al movimiento obradorista. Ahí, las recientes dinámicas internas parecen confirmar que la estrategia de cercanía y operación política simplemente no está funcionando.
En resúmen, prácticamente en todos los espacios donde se han presentado relevos, registran complicaciones y en los más de los casos, los grupos antagónicos a la actual administración, sean de nivel medio superior o superior han ganado sus respectivos procesos,una mala señal cuando apenas se cumple un año de trabajos.
El resultado es evidente: distintos grupos universitarios comienzan a preguntarse cuál es realmente el papel que desempeña la llamada “Vice-Rectoría” en la UAEMéx y de qué manera está contribuyendo o no a construir condiciones de estabilidad política para la institución, particularmente en vísperas de un proceso electoral estatal donde históricamente los ánimos suelen intensificarse en los espacios universitarios más representativos del Estado de México.
Y es justamente ahí donde aparece otro elemento que empieza a generar ruido político.
Diversas voces dentro de la comunidad universitaria cuestionan si el vínculo de Bernardo Almaraz con la presidenta del Instituto Electoral del Estado de México, Amalia Pulido Gómez, termina jugando a favor o en contra de los intereses institucionales y políticos de la propia universidad y del Estado. No son pocos quienes consideran que la concentración de influencia, interlocución y cercanía política alrededor de un mismo núcleo familiar comienza a despertar inquietudes incómodas en distintos sectores.
En la lógica de la política universitaria, como en cualquier otro espacio de poder, las percepciones también pesan y es un hecho que cuando los rumores comienzan a llenar los vacíos que deja la operación política, el problema ya no es únicamente administrativo y se convierte en un asunto de gobernabilidad.








