Ultimas Noticias

En 1962, alguien donó acciones de una empresa a los ancianos de su pueblo. La empresa era Nokia y hoy viven como millonarios

Hay historias que parecen sacadas de un guion de Hollywood. La de Onni Nurmi, un joven emprendedor finlandés, tiene nombre, apellido, fecha y hasta una calle con su nombre.

La historia de nuestro protagonista tiene todos los elementos para un guión digno de un Oscar: un hombre que nació en la miseria, se endeudó con sus vecinos, cruzó el Atlántico para saldar sus cuentas pendientes y regresó a su país. Décadas después de muerto, se ha convertido en el mayor benefactor de su pueblo. Todo ello, por haber donado a la residencia de ancianos de su pueblo las acciones de una empresa de caucho que no llamaron la atención de nadie.

Un Nurmi siempre paga sus deudas

Onni Nurmi nació en 1885 en Savijoki, una pequeña localidad dentro del municipio de Pukkila, en Finlandia, un pueblo de algo menos de 1.700 habitantes. 

Nurmi creció en un hogar humilde y marcado por las penurias que implicaba ser criado por una madre soltera que trabajaba en el campo y regentaba una pequeña tienda de conservas en el pueblo. Cuando ella murió de forma inesperada a los 49 años, Onni solo tenía 13 años y ningún futuro en Pukkila, por lo que se mudó a Helsinki.

En 1912, volvió a Pukkila y retomó el negocio familiar abriendo una tienda. Sin embargo, su negocio no funcionó. Al año siguiente, endeudado con decenas de vecinos, tomó un barco hacia América y pasó 15 años trabajando como guardabosques en Minnesota.

Cuando regresó en 1928, fue de puerta en puerta pagando cada deuda pendiente con los vecinos de Pukkila, algunas de ellas contraídas una década antes. No lo hacía porque nadie se lo exigiera. Simplemente Onni era de ese tipo de personas.

Onni Nurmi

Onni Nurmi. Fuente: Kylä Savijoki

El inversor más improbable de Helsinki

Con sus deudas saldadas, Onni volvió a mudarse a Helsinki, donde trabajó como administrador de fincas y llevó una vida ordenada y tranquila. Nunca se casó ni tuvo hijos.

En algún momento descubrió las inversiones en bolsa y, sin formación financiera y con la única ayuda de su intuición, decidió comprar acciones de una pequeña empresa que fabricaba papel, caucho, neumáticos y botas de goma que tenía su sede en la ciudad que le daba nombre: Nokia.

En 1959 redactó su testamento y decidió dejar todas las acciones de aquella empresa que fabricaba botas de agua al municipio de Pukkila, con dos condiciones: nunca debían venderse y su donación debía destinarse únicamente al bienestar de los ancianos del pueblo.

Onni Nurmi murió en 1962 a los 77 años. Las 780 acciones que donó al pueblo donde había vivido la mayor parte de su vida valían entonces unos 30.000 dólares, el equivalente a unos 320.000 dólares actuales. Sin duda, su gesto fue generoso, pero no extraordinario…todavía.

El efecto Buffett: dejar que el tiempo haga su trabajo

La cláusula que impedía vender las acciones pareció un problema al principio. Si el pueblo hubiera podido hacer efectiva la cartera de acciones en cualquier momento, habría obtenido fondos para mejorar la residencia de mayores. Sin embargo, el testamento era tajante en ese punto: las acciones debían conservarse, y solo podían usarse los dividendos que estas acciones generaran con el tiempo.

No obstante, lo que para las autoridades locales parecía una limitación, con el tiempo se convirtió en la mejor decisión inversora que nadie en Pukkila podría haber tomado. El testamento les estaba obligando a aplicar una técnica que durante más de seis décadas ha convertido en millonario a Warren Buffett: dejar que el tiempo haga su trabajo.

Nokia

A lo largo de los años 80 y 90, Nokia dejó atrás las botas de goma para convertirse en el mayor fabricante de teléfonos móviles del mundo, posición que ocupó entre 1998 y 2012. Las 780 acciones originales que había donado Nurmi se multiplicaron por mil debido a su crecimiento en bolsa y al aplastante dominio en ventas de sus teléfonos.

En el punto más alto del boom tecnológico, la cartera de Pukkila llegó a valorarse en torno a los 90 millones de dólares, lo que convertía a sus jubilados de Pukkila en los más prósperos de Finlandia, al menos sobre el papel.

¿Qué hacemos con tanto dinero?

La prosperidad de las acciones abrió un nuevo debate entre los vecinos de Pukkila. Estaban sentados sobre una fortuna y no estaban haciendo nada para sacarle provecho.

En 1997, el ayuntamiento propuso vender parte de las acciones para diversificar la cartera y reducir el riesgo de una hipotética caída de Nokia. No todos estuvieron de acuerdo. Un sector del pueblo argumentó que vender las acciones iba en contra de la voluntad de Nurmi.

Otro sector llegó a proponer que los beneficios sirvieran para que los vecinos no pagaran impuestos municipales durante 12 años. Ante el desacuerdo, el debate llegó a los tribunales y se prolongó durante varios años. 

Irónicamente, el «efecto Buffett» volvió a entrar en juego, y la parálisis judicial fue la mejor noticia posible para las arcas del pueblo: mientras el asunto de la venta de acciones se dirimía en los tribunales, las acciones de Nokia no paraban de incrementar su valor.

Los tribunales aprobaron finalmente un acuerdo por el que el municipio podía vender una parte de la cartera y diversificar sus fondos, siempre respetando la voluntad original del testamento de mantener a los ancianos del pueblo como principales beneficiarios de esas acciones.

Con ese dinero se construyó el Centro de Bienestar Onni, inaugurado en 2008. El edificio se levanta en la calle Onnintie (que en finlandés significa, literalmente, calle de la Felicidad) e incluye viviendas tuteladas, espacios para personas con trastornos de memoria, un centro de salud, farmacia, piscina, gimnasio, biblioteca, cafetería y un jardín japonés. Todo ello en un municipio de menos de 2.000 habitantes.

Onni Nurmi nunca llegó a imaginar la envergadura de su donación décadas después de su muerte, pero, de alguna manera, devolvió con creces la paciencia que tuvieron sus vecinos al esperar décadas para saldar su deuda.

En Xataka | Regalar dinero no era suficiente: Warren Buffett convirtió la Navidad en una clase magistral de inversión para su familia

Imagen | Unsplash (Pawel Czerwinski, Joe Zlomek, MW), Kylä Savijoki.

source

Mostrar más
Botón volver arriba