Hemos atiborrado a los monos de Gibraltar de Doritos. Su solución ha sido comer tierra como si fuera omeprazol

En el Peñón de Gibraltar, una de las escenas más clásicas que se puede encontrar sin duda es la de los macacos de Berbería, que parecen los reyes absolutos de todo el terreno. Aquí es bastante probable ver cómo acaban robando a los turistas un trozo de sándwich, patatas fritas o un dulce que se tiene en las manos, sobre todo cuando no se cumplen las normas que se van marcando. Pero esto, que puede tener su punto de gracia, la verdad es que genera bastantes alteraciones en los animales, hasta el punto de necesitar comer tierra.
Se ha estudiado. Que un macaco coja una bolsa de Doritos de un turista y comience a comérsela, entre otros muchos tipos de comida basura, es algo que ha centrado la atención de la ciencia. Y ha llegado hasta tal punto que se ha materializado en un estudio publicado en Scientific Reports donde se han documentado numerosos episodios continuados de geofagia entre estos primates.
Esto no es más que el consumo habitual de suelo rojo, que es conocido como terra rossa, e incluso, en algunos grupos concretos, una extraña mezcla de tierra y alquitrán.
Sus consecuencias. Lo que a simple vista puede parecer una simple curiosidad animal, es en realidad un mecanismo de supervivencia, ya que los investigadores han encontrado una correlación estadística entre el consumo de esta comida basura, cargada de azúcares, sal y lácteos, y la frecuencia con la que se comen la tierra.
De hecho, los datos demuestran que esta práctica se dispara en verano, cuando hay una mayor cantidad de turistas en la zona, y disminuye drásticamente cuando baja la afluencia de personas y, por tanto, la disponibilidad de comida basura en el medio.
¿Por qué lo hacen? Aquí hay que tener en cuenta que los estómagos de estos macacos no están preparados para la comida basura y procesada que consumimos los humanos. Es por ello, que la tierra puede actuar como un sistema de amortiguación gástrico y que se puede asemejar en nuestra mente a un protector de estómago. Y es que después de una comida copiosa, los macacos usan la arcilla para purgarse, absorber toxinas y aliviar el malestar digestivo que les provoca nuestra dieta.
Además de aportarles ciertos minerales de los que carece la comida basura, los científicos apuntan a que tragar tierra les ayuda a intentar reequilibrar un microbioma intestinal que ha sido alterado por el exceso de sal y azúcar que hay.
Una tradición cultural. El hallazgo más interesante de esta investigación radica en que el hecho de comer tierra no es un mero instinto aislado, sino que se ha convertido en una tradición de los primates que se ha inducido antropogénicamente.
Es decir, estamos ante un comportamiento de transmisión social, ya que los macacos aprenden unos de otros que comer tierra alivia el dolor de barriga después de robarle un helado a un turista. Esto, lógicamente, se trata de un componente cultural de automedicación que ha surgido pura y exclusivamente por la alteración de su entorno a manos del ser humano, demostrando la gran capacidad de adaptación que pueden tener a cualquier situación que les venga encima.




