Estado de México

Entre máquinas apagadas y silencios oficiales: la semana en que el riñón del sistema de salud dejó de funcionar.

La hemodiálisis no es un tratamiento que pueda esperar. No es una cita que se puede reagendar. Es una máquina sustituyendo al riñón, un procedimiento que debe repetirse, casi como un reloj, tres veces por semana para seguir viviendo.Pero durante más de una semana, ese reloj se detuvo.

Crónica desde Toluca

FIRR

Toluca amaneció esos días con una rutina silenciosa frente al Hospital General Adolfo López Mateos. No era la fila habitual de consultas ni la espera resignada de familiares. Era algo distinto: miradas cansadas, rostros hinchados por la retención de líquidos y pacientes que sabían que cada hora contaba.

La hemodiálisis no es un tratamiento que pueda esperar. No es una cita que pueda reagendarse. Es una máquina sustituyendo al riñón, un procedimiento que debe repetirse, casi como un reloj, tres veces por semana para seguir viviendo.

Pero durante más de una semana, ese reloj se detuvo.

En el hospital administrado por IMSS Bienestar, cerca de un centenar de pacientes renales se encontraron con la misma respuesta: no había servicio. Las máquinas, esenciales para limpiar la sangre de quienes ya no pueden hacerlo por sí mismos, estaban fuera de operación. No por una falla técnica aislada, sino por algo más simple y, al mismo tiempo, más grave: faltaban insumos y mantenimiento.

Las salas de hemodiálisis permanecían en silencio.

Mientras tanto, los pacientes comenzaban a sentir lo inevitable. Hinchazón en piernas y rostro, fatiga extrema, náuseas, dificultad para respirar. El cuerpo avisa cuando los riñones dejan de funcionar y no hay máquina que haga el trabajo.

Para muchos, la única alternativa fue salir del hospital público y buscar atención privada. Cada sesión cuesta entre mil quinientos y dos mil trescientos pesos. Tres veces por semana.

Para familias que dependen del sistema público de salud, aquello no era una opción médica; era una sentencia económica.

Algunos vendieron cosas. Otros pidieron prestado. Muchos simplemente esperaron.

La protesta que rompió el silencio

La desesperación terminó por trasladarse a la calle. Un grupo de pacientes y familiares se manifestó frente al hospital y después llevó su reclamo hasta la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México y al Palacio de Gobierno estatal.

No pedían privilegios.

Pedían que las máquinas volvieran a encenderse.

En medio de las protestas comenzó a circular una versión dolorosa: al menos dos personas habrían fallecido en medio de la crisis. No hay confirmación oficial que establezca una relación directa con la suspensión del tratamiento, pero entre los pacientes el temor quedó instalado.

Porque en el mundo de la insuficiencia renal, una semana sin hemodiálisis no es un retraso administrativo.

Es un riesgo vital.

El responsable, según la versión oficial

La respuesta institucional llegó en forma de comunicado. El problema, explicó IMSS Bienestar, no era del hospital ni de la institución. El responsable era un proveedor externo: Mantenimiento de Equipo Médico BITA, S.A. de C.V …

Según la versión oficial, la empresa no entregó los insumos conforme al contrato, lo que provocó la interrupción del servicio. La institución aseguró que no había problemas de presupuesto ni adeudos.

El sistema de salud, en esa narrativa, no falló.

Falló el proveedor.

Pero entre los pacientes surgió una pregunta inevitable: si el proveedor incumple, ¿quién supervisa?, ¿quién garantiza que los insumos existan?, ¿quién responde cuando la cadena se rompe?

Porque al final, la empresa no es quien recibe a los pacientes en urgencias.

El hospital sí.

La normalidad que llegó tarde

A principios de marzo, los reportes indicaron que el servicio finalmente fue restablecido. Las máquinas volvieron a funcionar y los pacientes pudieron retomar su tratamiento.

El episodio quedó oficialmente cerrado.

Pero para quienes dependen de esas máquinas, la confianza quedó dañada.

Porque el sistema de salud puede culpar a un proveedor, explicar contratos o justificar procedimientos administrativos. Sin embargo, en la vida real, la responsabilidad no se diluye en los papeles.

Cuando una máquina de hemodiálisis se apaga, no es el proveedor quien se queda sin respirar.

Es el paciente.

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