Estado de México

UAEMéx: la promesa del humanismo frente a la prueba de los hechos.

El documento plantea 22 proyectos y 528 metas, una ambición que, lejos de tranquilizar, despierta dudas razonables. La dispersión de objetivos ha sido una constante en administraciones anteriores, donde la acumulación de metas terminó por diluir responsabilidades.

Fernanda Ruíz

La presentación del Plan Rector de Desarrollo Institucional (PRDI) 2025-2029 por parte de la rectora Martha Patricia Zarza Delgado coloca nuevamente a la Universidad Autónoma del Estado de México en el terreno de las grandes promesas. Recuperar la vocación pública y social de la universidad, apostar por un “humanismo activo” y colocar a las personas en el centro del quehacer institucional suenan bien; el problema es que la UAEMéx arrastra un historial donde los planes abundan y los resultados verificables escasean.

El PRDI nace envuelto en un discurso participativo y progresista, con cifras que buscan legitimar su construcción: foros de consulta, miles de ponencias y una narrativa de escucha activa. No obstante, la experiencia universitaria reciente obliga a una lectura crítica: la participación no garantiza incidencia real, y la consulta sin capacidad vinculante suele convertirse en un ejercicio de simulación institucional.

El documento plantea 22 proyectos y 528 metas, una ambición que, lejos de tranquilizar, despierta dudas razonables. La dispersión de objetivos ha sido una constante en administraciones anteriores, donde la acumulación de metas terminó por diluir responsabilidades, esconder incumplimientos y normalizar la opacidad. Sin mecanismos públicos de evaluación, indicadores claros y sanciones administrativas, el PRDI corre el riesgo de convertirse en un catálogo de buenas intenciones.

Particularmente delicado es el discurso sobre la inclusión, la igualdad sustantiva y la dignificación del personal académico y administrativo. Estos conceptos contrastan con una realidad universitaria marcada por precarización laboral, contratación temporal, desigualdad salarial y procesos administrativos poco transparentes. Hablar de humanismo activo mientras persisten estas prácticas exige algo más que voluntad política: demanda decisiones estructurales que, hasta ahora, han sido postergadas.

La rectora acierta al reconocer que la universidad pública debe ser un bien social en una entidad donde millones de jóvenes buscan acceso a la educación superior. Sin embargo, la pregunta central sigue sin respuesta clara: ¿cómo garantizar que la UAEMéx deje de reproducir inercias burocráticas y se convierta en un verdadero agente de movilidad social y transformación regional?

El énfasis en la modernización administrativa y la gobernanza transparente es otro punto que deberá probarse en los hechos. La autonomía universitaria no puede seguir siendo pretexto para la falta de rendición de cuentas ni para el distanciamiento entre autoridades y comunidad. Sin transparencia presupuestal, sin evaluación externa y sin participación real en la toma de decisiones, cualquier transformación quedará atrapada en el discurso.

El PRDI 2025-2029 coloca a la UAEMéx frente a un espejo incómodo. O se convierte en el instrumento que rompa con prácticas arraigadas y devuelva credibilidad a la universidad pública, o se sumará a la larga lista de planes rectores que prometieron cambiarlo todo y terminaron cambiando muy poco. La comunidad verde y oro ya fue convocada; ahora es la administración universitaria la que debe demostrar, con hechos y no con retórica, que la transformación va en serio.

Si quieres, puedo subir aún más el tono, enfocarlo en precariedad laboral o manejo presupuestal, o reducirlo a un editorial de impacto para primera plana

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