Hoy No Circula: la ley que sí castiga al ciudadano… y perdona al transporte público.

Cuando muchas unidades emiten más humo que una chimenea industrial.Dos realidades, una sola ley, en avenidas de Toluca, Metepec, Lerma o la zona conurbada al Valle de México, es común ver autobuses viejos, combis destartaladas y camiones con motores visiblemente contaminantes operando a toda hora.
Fernanda Ruíz
Desde el 1 de enero de 2026, el Programa Hoy No Circula es obligatorio en el Estado de México. Para miles de automovilistas de Toluca, el Valle de México y la zona metropolitana, la nueva política ambiental se ha traducido en multas, corralones y una vigilancia casi obsesiva sobre engomados, hologramas y terminaciones de placas. Pero en las calles ocurre algo evidente: la ley no se aplica de la misma forma para todos.
Mientras los vehículos particulares son detenidos, sancionados y exhibidos como los grandes contaminadores, el transporte público circula prácticamente sin restricciones, aun cuando muchas unidades emiten más humo que una chimenea industrial.
Dos realidades, una sola ley, en avenidas de Toluca, Metepec, Lerma o la zona conurbada al Valle de México, es común ver autobuses viejos, combis destartaladas y camiones con motores visiblemente contaminantes operando a toda hora, incluso durante contingencias ambientales. Algunos usan placas alteradas, otras no cuentan con verificación vigente y muchas más incumplen normas básicas de seguridad y emisiones.
Sin embargo, no son detenidos.
No son remitidos al corralón.
No son multados.
En cambio, el ciudadano que usa su auto para ir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela o trasladarse a una clínica, enfrenta sanciones que pueden superar los 3 mil pesos si circula en día restringido.
El mensaje del gobierno es claro:
La ley es dura con el particular y flexible con quien opera en el transporte público.
¿Política ambiental o negocio recaudatorio?oficialmente, el Hoy No Circula busca reducir la contaminación. Pero cuando los vehículos más contaminantes, los de transporte colectivo mal mantenido, siguen circulando sin consecuencias, la lógica ambiental se derrumba.
Autobuses de más de 15 o 20 años de antigüedad contaminan lo mismo que decenas de autos particulares, pero reciben trato preferencial con el argumento de que “no se puede detener el servicio”. En los hechos, eso significa tolerar la contaminación a cambio de no incomodar a concesionarios y empresas transportistas.
El resultado es una política ambiental selectiva que no limpia el aire, pero sí vacía los bolsillos de los ciudadanos.
SEMOV: omisión y simulación, la Secretaría de Movilidad del Estado de México es responsable de regular el transporte público, pero en la práctica su actuación es mínima. Las quejas por unidades contaminantes, placas sobrepuestas o manejo temerario se acumulan, mientras las calles siguen dominadas por unidades fuera de norma.
Esto no es casualidad: el transporte público es un sector políticamente sensible y económicamente poderoso. Sancionar implicaría enfrentar intereses que la autoridad no está dispuesta a tocar.
En cambio, al automovilista común sí se le puede multar, detener y presionar sin costo político.
El Hoy No Circula, aplicado así, no es una política ambiental justa, sino una política de control y recaudación. Castiga a quien tiene un coche, pero protege al que más contamina.
En Toluca y el Valle de México, la ciudadanía ya lo percibe:
La ley no es pareja.
El aire sigue sucio.
Y el transporte público sigue intocable.
Mientras no se toque al verdadero problema un sistema de transporte viejo, ineficiente y altamente contaminante el Hoy No Circula seguirá siendo lo que hoy es: una simulación verde con cobro en caja












