Lunes 02 de marzo 2026

Columna opinión: Política en Violeta
“El análisis del poder mexiquense bajo la lupa de la equidad.»
EL MIRADOR QUE SE QUEDÓ SIN LUZ: NO LLEGA JUSTICIA PARA WENDY Y SU FAMILIA
POR: MALVA
El 10 de febrero, el cielo sobre la colonia El Mirador, en Tultepec, se tiñó de un violeta luctuoso que no se ha desvanecido. Allí, donde la vista debería alcanzar horizontes de esperanza, la familia de Wendy se topó con el muro ciego de la barbarie.
Las palabras de su padre, Jaime Aguilar, no son solo un grito de auxilio; son el eco de una herida abierta en el corazón de un Estado de México que parece haberse acostumbrado a contar ausencias en lugar de proteger infancias.
La belleza frente a la ferocidad
Jaime describe a Wendy como una «niña muy bonita», y en esa frase reside la tragedia de lo cotidiano. La belleza de Wendy no era sólo estética; era la promesa de un futuro, la luz de un hogar, la alegría que recorría las calles de Tultepec.
Que esa luz fuera apagada con una ferocidad indescriptible golpeada, degollada, arrebatada nos habla de una descomposición social que ha perdido el respeto por lo más sagrado.
El simbolismo del colibrí que mencionamos antes, ese mensajero de ligereza y alegría, hoy vuela con las alas rotas en El Mirador, en cada espacio de la casa de esta hermosa joven que se suma a la estadística de feminicidios en la entidad. La saña del acto no solo buscaba quitar la vida, sino destruir la dignidad de quien apenas empezaba a vivir.
El silencio cómplice de la Fiscalía del Estado de México
Si el crimen fue un golpe seco y brutal, la respuesta de la Fiscalía del Estado de México ha sido una tortura lenta. El silencio institucional es una segunda agresión. Cuando una autoridad «no hace nada», como denuncia Jaime, se convierte en el brazo ejecutor de la impunidad.
La rabia y la indignación que el padre de Wendy no sabe cómo expresar son los únicos sentimientos cuerdos en un sistema de justicia demente. ¿Cuántas evidencias más se necesitan? ¿Cuántos gritos de padres rotos deben acumularse en los escritorios de Toluca y el propio de Delfina Gómez en Palacio de Gobierno, para que la justicia deje de ser un trámite y se convierta en un acto de reparación?
La sangre que no se limpia con tiempo
El Edomex se ha convertido en un mapa de cruces donde la justicia llega siempre tarde, si es que llega. En el caso de Wendy, la omisión de la Fiscalía no es solo ineficiencia; es un mensaje de permiso para los agresores.
Mientras los responsables caminan libres, la familia Aguilar habita un luto congelado por la injusticia. La «Columna Política en Violeta» hoy no analiza leyes, sino el peso de una ausencia que no encuentra descanso porque el Estado ha decidido mirar hacia otro lado.
Un llamado al corazón de la justicia
La Fiscalía. Mexiquense debiese dejar de ser un espectador de la tragedia. La memoria de Wendy y de miles de mujeres y adolescentes asesinadas en razón de género exige nombres, rostros y sentencias. No hay consuelo para un padre que ha visto lo «horrible», pero hay un deber mínimo de la sociedad: no dejarlo solo en su rabia.
¿Cuánto vale la vida de una niña en Tultepec si su asesinato no es suficiente para movilizar toda la maquinaria de su estado? ¿A qué le llaman «procuración de justicia» si la respuesta al dolor de un padre es el vacío absoluto?
Incomode o no a las autoridades guindas, es imperante que la sociedad civil organizada muestre músculo y empatía por todas las familias mexiquenses que están en permanente duelo.
Sólo así, con acciones y levantando la voz, castigando en urnas a la ineficacia es como se mandarán mensajes contundentes a quienes hoy son servidores públicos. Ojo, no lo olvide lectora, están para servir no para servirse y mucho menos para invisibilizarnos. Recuerde que la omisión y la mentira tienen un costo alto. Al tiempo.
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