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TSMC acapara tanta electricidad que el Gobierno de Taiwán se plantea algo crucial: reforzar su infraestructura nuclear

Actualmente Taiwán tiene dos reactores nucleares en operación, ambos instalados en la planta de Maanshan. Tanto esta central nuclear como las de Chinshan y Kuosheng son propiedad de la compañía estatal Taipower, pero estas dos últimas plantas están siendo desmanteladas, por lo que la aportación de la energía nuclear al mix energético taiwanés es relativamente modesta. Los dos reactores de la central de Maanshan entregan 1.874 MWe, lo que representa menos del 7% del mix.

Taiwán importa aproximadamente el 98% de su energía. Es una cifra inusualmente elevada si tenemos presente que su nivel de industrialización es muy alto. Además, los fabricantes de semiconductores sostienen en gran medida su economía, y la producción de circuitos integrados requiere contar con una gran cantidad de energía. Tanta, de hecho, que en 2009 el Gobierno puso en marcha un programa que persigue desarrollar drásticamente las energías renovables en la isla.

Su dependencia de TSMC puede obligar a Taiwán a volver a contar con la nuclear

La Administración taiwanesa pretende que en 2025 el 20% de la electricidad de la isla proceda de fuentes renovables. El gas natural aportará el 50% al mix, y el carbón el 30% restante. Estas cifras reflejan una absoluta desconfianza en la energía nuclear. Y durante los últimos años ha sido así. El Partido Progresista Democrático, que fue elegido en enero de 2016 y reelegido en 2020, aprobó un plan que persigue eliminar gradualmente la energía nuclear hasta completar el apagón definitivamente en 2025.

En diciembre de 2021 se celebró un referéndum para decidir si los taiwaneses veían con buenos ojos la reanudación de la construcción de la central nuclear de Lungmen

En diciembre de 2021 se celebró en la isla un referéndum para decidir si los taiwaneses veían con buenos ojos la posibilidad de reanudar la construcción de los dos reactores de la central nuclear de Lungmen, alojada cerca de Taipei. La puesta a punto de esta planta arrancó en 1999, y la intención de la Administración era completar la construcción en 2004, pero después de múltiples retrasos y problemas técnicos el proyecto fue cancelado. Finalmente los ciudadanos que votaron en el referéndum de diciembre de 2021 decidieron no apoyar la reanudación de la construcción de esta central nuclear.

El Partido Progresista Democrático venció una vez más en las elecciones generales que se celebraron el pasado 13 de enero, pero perdió una parte del apoyo del electorado, y, por tanto, el control del Parlamento. En esta coyuntura cabe la posibilidad de que el Gobierno se replantee seriamente su postura en lo que se refiere a la energía nuclear. Y es que J.W. Kuo, el nuevo ministro de Economía, ha defendido que la nuclear es una energía limpia, lo que según los medios de comunicación taiwaneses ha propiciado que el Gobierno se esté planteando la posibilidad de dar un giro de 180 grados a su política energética.

Lo realmente interesante es que detrás de este probable bandazo está TSMC. Esta compañía es el mayor fabricante de semiconductores del planeta, y también el principal músculo económico de Taiwán. Además, acapara buena parte de la electricidad que produce el país. Dada su relevancia para el Ejecutivo es esencial garantizar que su dependencia de las fuentes de energía procedentes del exterior no va a comprometer la actividad industrial de su principal compañía. En estas circunstancias su única opción pasa por revitalizar su apuesta por la energía nuclear. Y según los medios taiwaneses los legisladores están dispuestos a modificar la regulación para que esta iniciativa llegue a buen puerto.

Imagen | Jnlin

Más información | World Nuclear Association | Wccftech

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