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Estas monjas de Burgos eran famosas por sus trufas. Ahora lo son por provocar un terremoto en la Iglesia española

Hasta ayer las clarisas de Belorado y Orduña eran famosas por sus dulces de chocolate, sobre todo por sus trufas, con las que incluso acudieron al festival Madrid Fusión. Eso hasta ayer. Hoy son conocidas por protagonizar un peculiar cisma religioso, cargar con dureza contra el Vaticano, renegar de todos los papas de las últimas seis décadas, incluido Bergoglio, y estar en el ojo de un huracán mediático que ya ha obligado a los obispos de Burgos y Vitoria a publicar un extenso comunicado aclarando que ni comparten ni comprenden lo que ha ocurrido con la pequeña comunidad de clarisas, compuesta por 16 monjas.

El caso tiene poco que ver con postres de chocolate y mucho con desencuentros sobre propiedades, contratos de compraventa y líderes religiosos heréticos.

Las 16 monjas rebeldes. Contra todo pronóstico, las monjas clarisas de Belorado y Orduña casi han eclipsado la crónica política catalana o la de la resaca eurovisiva. Y es lógico. Las religiosas, 16, de las localidades de Belorado y Orduña y representadas por la madre abadesa sor Isabel de la Trinidad, acaban de lanzar un comunicado explosivo en el que cargan contra la Iglesia de Roma y sus líderes.

Las monjas acusan al Vaticano de «persecución», ponerles «palos en la rueda» e incluso hablan de «artimañas» para «desmontar comunidades ‘de línea tradicional’ y quedarse con sus inmuebles para venderlos». Una retórica poco frecuente entre religiosos. Si eso no fuera suficiente, adjuntan un manifiesto aún más explosivo en el que reniegan de todos los papas que han seguido a Pío XII, fallecido en 1958.


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«Nos denominarán herejes y cismáticas». El mensaje de las religiosas lideradas por sor Isabel es rotundo. Y en él las monjas declaran ser plenamente conscientes del revuelo que suscitarán y las críticas a las que se exponen: «Nos van a denominar herejes y cismáticas, locas y muchas cosas más, muy calumniosas y desagradables. No los creáis, al menos por esta vez, que no os engañen».

Es solo una de las muchas declaraciones rotundas que han dejado las monjas, que han acusado a Roma de «bloquearlas», aseguran haberse sentido víctimas de una «persecución» y acusan a la Iglesia Conciliar de obstaculizar a la comunidad «en todos los frentes». El escrito lo firma la madre abadesa en nombre de todas las religiosas, que pertenecen a la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara.

Cuestión de propiedades. Si algo queda claro del comunicado de las monjas y la réplica del Arzobispado de Burgos y el Obispado de Vitoria es que, al menos en gran medida, el cisma se explica por algo que poco tiene que ver con la fe: el ladrillo… o, para ser más preciso, los bloques seculares de los cenobios.

Sor Isabel acusa a la Iglesia de no otorgarle «licencia de venta del convento de Derio», una autorización —ironiza la religiosa— que «probablemente seguirá en los despachos» del arzobispo o en los de la responsable de su orden. Otra de las quejas de la abadesa de Belorado es que no les han permitido «cumplir con los pagos» del Monasterio de Orduña y que se haya rescindido «sin previo aviso» el contrato de compraventa que firmaron en su día para hacerse con este último edificio.

«Esto de las propiedades debe de ser muy goloso para algunos, ya que aparece como telón de fondo de artimañas de las que hemos sido objeto estos años. Es un modus operandi, desmontar comunidades de ‘línea tradicional’ y quedarse con sus inmuebles para venderlos. Hemos conocido ya bastantes casos», subrayan las monjas clarisas en su comunicado, del que se ha hecho eco Diario de Burgos.

Conventos, notarios y juzgados. Sobre la polémica también se han pronunciado las diócesis de Burgos y Vitoria, que aportan algunas claves sobre lo ocurrido. Al menos desde su perspectiva. Para entenderlo hay que remontarse al menos a otoño de 2020, cuando la comunidad de Belorado firmó un acuerdo de compraventa con las clarisas de Vitoria para hacerse con el Monasterio de Orduña —a la venta desde hacía 18 años— a cambio de 1,2 millones de euros. Durante ese pacto se aportaron 100.000 euros y se acordó que las religiosas burgalesas harían frente a una serie de pagos semestrales por un importe de 75.000 euros.

El problema, aseguran los obispados, es que aunque el primer pago semestral debía realizarse en noviembre de 2022, nunca llegó a efectuarse. La explicación podría ser las dificultades a las que alude sor Isabel para conseguir la «licencia de venta» del convento de Derio, que es de su propiedad desde 2013 y con cuyo dinero adquirirían el cenobio de Orduña. El siguiente capítulo del culebrón llegó hace dos meses, en marzo, cuando —para sorpresa del obispado— la abadesa aseguró tener un «benefactor» dispuesto a comprar el monasterio y revendérselo a las monjas de Belorado en cuanto estas lograsen desprenderse de su cenobio de Derio. Eso sí, precisa la diócesis, antes el benefactor registraría a su nombre el monasterio.

La historia se complica. Así es, la historia se complica aún más. A la Iglesia no le acabó de convencer que la venta se realizara a un «benefactor» anónimo, así que para salir de dudas y ante «las sospechas» de que el comprador sería una «persona ajena a la Iglesia Católica», un representante del Obispado de Vitoria se trasladó a Orduña para averiguar quién era el acaudalado mecenas. No le sirvió de nada. Se encontró con «un mutismo absoluto» que, asegura la Iglesia, aún sigue hoy.

Así las cosas las clarisas de Vitoria citaron a sus compañeras de Belorado a principios de mayo en una notaría para rescindir el contrato de compraventa firmado en 2020. Allí volvió a haber otra sorpresa mayúscula. Sor Isabel y dos de sus monjas se presentaron, pero con un documento en el que exigían 1,6 millones como compensación por las obras que ha realizado su comunidad en el Monasterio de Orduña a lo largo de los últimos años. Además reclaman un 30% en concepto de «daños y perjuicios». El asunto, claro está, ha acabado en los juzgados.

De excomulgados y relevos. Parece difícil, pero sí, la historia se complica todavía más, con nuevos matices y protagonistas. Y es que además de cargar con dureza contra la Iglesia Conciliar y hablar de «persecución», las monjas reposteras han decidido acogerse a la Pía Unión del Apóstol San Pablo, liderado por Pablo de Rojas Sánchez-Franco, excomulgado en 2019 por el actual arzobispo de Burgos.

Es más, las monjas han pedido que la misa en el Monasterio de Santa Clara de Belorado no la oficie el capellán habitual y el Arzobispado ya ha advertido a todos los feligreses que no acudan ni a las celebraciones de ese convento ni el de Orduña. Por si quedasen dudas, en su manifiesto las religiosas cargan contra la Iglesia de Roma y reniegan de los papas recientes, incluido el «señor» Bergoglio, con una proclama final elocuente: «¡Dios nos libre de los lobos con piel de oveja!»

Como los buenos postres, la historia aún tiene una capa más, en clave interna: el cisma salta justo cuando sor Isabel, en el puesto de abadesa desde hace ya décadas, se enfrenta a un relevo inminente al no poder optar de nuevo al cargo.

Imagen | Wikipedia (Zarateman)

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