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El 75% de trabajadores mexicanos tiene “tecnoestrés” por home office

CIUDAD DE MÉXICO, septiembre 30 (EL UNIVERSAL).- La pandemia de Covid-19 ha obligado a emprender nuevas formas de trabajo, siendo la principal el denominado home office. Sin embargo esto ha venido acompañado de algunos malestares, tales como que cerca del 70% de los trabajadores padece de “tecnoestrés”.
Erika Villavicencio-Ayub, especialista de salud ocupacional de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, afirmó que el 75% de los trabajadores padece estrés, posicionando a México como uno de los países que registra la mayor tensión física y emocional a la hora de llevar a cabo las actividades laborales: “Y la pandemia agrava la situación con la aparición del tecnoestrés”, afirmó.
La también Coordinadora de Psicología Organizacional de la FP agregó que antes de la emergencia sanitaria por el coronavirus, hasta el 25% de los trabajadores tenía algún trastorno mental, como depresión, y estimó que es muy probable que esa cifra ascendiera, pues contemporáneamente uno de cada dos trabajadores adolece algún padecimiento psíquico. La académica de la UNAM afirmó que es difícil definir un porcentaje exacto de quienes ejecutan el home office, pues la cifra del 70% de trabajadores es cambiante por el cambio en las medidas implementadas por la Secretaría de Salud basados en el semáforo epidemiológico.
Expuso que mientras hay quienes se mantienen en la labor remota, hay otras personas que siguen un esquema mixto para evitar saturar los centros laborales, al intercalar con otros de sus compañeros los días de trabajo presencial y virtual.
Entre las problemáticas de esta nueva modalidad de producción se ubican el desequilibrio asignado a jornadas cada vez más extensas, pues el empleador exige la conectividad de 24 horas durante los siete días de la semana: “Obviamente se considera una cultura laboral tóxica que conlleva al estrés, y que repercute en la productividad”, detalló Villavicencio-Ayub, ante esta situación se presenta el tecnoestrés, derivado del uso desadaptativo de las tecnologías, sumado se encuentra la tecnofatiga, que es cuando el trabajador se expone a un exceso de horas en la jornada laboral.
Estos padecimientos se hacen presente cuando el cerebro se readapta a nuevas formas, ya que está acostumbrado a estímulos que son físicos, a partir de los que reacciona, por ello en su intento por acostumbrarse a migrarlo a las plataformas digitales trae una serie de configuraciones en las que se esfuerza adicionalmente. En relación con esto, en el texto “Cuidar, cocinar, limpiar. Transitar hacia la muerte en tiempos de covid-19″, la feminista argentina Alejandra Ciriza expresó que la virtualidad se instaló durante la pandemia como un sistema de control en el que se estiran “las jornadas de trabajo hasta límites insostenibles”.
De este modo la investigadora en Recursos Humanos de la UNAM mencionó que algunos de los síntomas que revelan si somos susceptibles a padecer el tecnoestrés son manifestaciones en la piel, consumo excesivo de alimentos, la caída del cabello y la alteración del ciclo sueño-vigilia y la conciliación del sueño, las cuales pueden ser compartidas por otro tipo de patologías.

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El estrés, de acuerdo con la especialista en psiquiatría Diana Patricia Guízar Sánchez, tiende a manifestarse ante el peligro, los cuales muchas veces no son reales sino producidos por la propia mente, por lo que Villavicencio-Ayub consideró que las preocupaciones y angustias, depresión y miedos, elevan los índices del tecnoestrés. “Si hablo con mi jefe de que estoy estresado corro el riesgo de que me quite de la fila, porque ya no soy el soldado que necesita en esta guerra, ¿y qué hacemos?, lo escondemos y lo desquitamos con la gente que más confianza tenemos: pareja, hijos, padres y llevamos el estrés laboral a un conflicto familiar”, describió.
Respecto a esta circunstancia recomendó la implementación de una reforma legal en materia de la Ley Federal del Trabajo, a fin de que se establezca el derecho del trabajador a desconectarse fuera de los horarios convenidos de trabajo. “Que esa desconexión se respete por ley, porque las personas necesitamos atender otros aspectos de la vida. Como seres biopsicosociales se ha invadido el hogar por estas causas, y en la medida que la persona pueda equilibrar su vida, tener descanso y actividades y despejarse mentalmente, sacará el desgaste que tiene por esta conectividad”, aseveró la integrante de la máxima casa de estudios.
Consideró que los equipos de trabajo deben reorganizarse a fin de alcanzar una productividad más efectiva y que el desgaste del personal disminuya. “En ese sentido, mi recomendación empieza con el autocuidado, es como el mensaje que nos dan al abordar un avión: colóquese la mascarilla para poder ayudar a los demás. Con esa metáfora, si la trasladamos al ámbito laboral, trabajaremos mejor en la medida que yo tenga hábitos saludables, que cuide alimentación, rutinas de despertar y dormir e higiene”, determinó.

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