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China perfeccionó a los "perros robot", Ucrania a los drones y ha tenido que llegar México para convertirlos en uno solo

México acaba de presentar un perro robot llamado Xólotl, pero la idea que hay detrás resulta bastante más interesante que el propio cuadrúpedo. Durante los últimos años China ha convertido estas máquinas en plataformas militares capaces de acompañar a soldados, reconocer posiciones e incluso portar armas, mientras la guerra de Ucrania ha demostrado hasta qué punto un pequeño dron puede convertirse en los ojos de una unidad sobre el campo de batalla.  

Xólotl apunta hacia la convergencia de esos dos mundos.

China y el perro robot. Lo hemos ido contando. Los cuadrúpedos robóticos llevan años existiendo, pero China ha conseguido producirlos a escala y llevarlos cada vez más cerca del terreno militar. El Ejército Popular de Liberación ha empleado modelos de fabricantes chinos como Unitree en ejercicios y demostraciones, mientras otros desarrollos han aparecido equipados con cámaras, sistemas de reconocimiento e incluso armas. 

De hecho, China ha avanzado especialmente en industrializar esta tecnología y sus fuerzas armadas ya experimentan con perros robot dentro de un ecosistema más amplio de vehículos autónomos, inteligencia artificial y enjambres de drones. Incluso han llevado ejercicios para “conquistar una isla”.

Ucrania hizo algo parecido. La invasión rusa convirtió los pequeños drones en una pieza cotidiana del campo de batalla: antes de mover tropas, vehículos o artillería, tener un aparato observando desde arriba puede revelar posiciones, seguir movimientos y corregir ataques. Hablamos de una guerra donde los UAV son esenciales para el reconocimiento y han contribuido a una transparencia del campo de batalla que hace mucho más difícil esconder grandes movimientos.

De la misma forma, se ha documentado un frente saturado de aparatos de vigilancia, ataque, bombardeo e intercepción. Porque Ucrania no inventó el dron militar, pero la escala de su utilización ha demostrado hasta qué punto una cámara barata volando sobre una unidad puede cambiar lo que esa unidad sabe de lo que ocurre delante.

México junta ambas ideas. Ocurrió hace unos días. En el Desfile Cívico-Militar del 16 de septiembre, el Ejército mexicano mostró Xólotl junto a drones tácticos y sistemas destinados a inteligencia, vigilancia, exploración y recopilación de información en tiempo real. El cuadrúpedo está pensado para hacer desde tierra la parte más peligrosa: acercarse a objetos sospechosos, reconocer zonas de riesgo y colaborar en la neutralización de artefactos explosivos mientras el especialista permanece a distancia. 

Aunque no hay evidencias de que Xólotl derive tecnológicamente de los sistemas chinos o ucranianos, parece claro que conceptualmente pertenece a la misma transformación: utilizar máquinas relativamente pequeñas como sensores adelantados y reservar a las personas para cuando realmente sea necesario intervenir.

Tocar lo que nadie toca. La versión mostrada por México cuenta con cuatro extremidades articuladas terminadas en ruedas, una configuración que combina la capacidad de superar escalones y obstáculos con un desplazamiento más eficiente sobre superficies regulares. 

Sobre el cuerpo incorpora cámaras y sensores capaces de transmitir imágenes en tiempo real y un brazo manipulador destinado a intervenir sobre objetos sospechosos. Su propósito es especialmente claro ante minas y artefactos explosivos improvisados: Xólotl puede acercarse, observar y manipular mientras el operador permanece fuera del área inmediata de una posible detonación.

Las máquinas entran primero. Ahí está el cambio importante. Un sistema aéreo puede reconocer rápidamente una zona y proporcionar información desde arriba, un cuadrúpedo puede después avanzar entre obstáculos, entrar en lugares donde un vehículo convencional tendría dificultades y acercar sensores o herramientas directamente al objetivo. 

Es una lógica parecida a la que Ucrania ha llevado al extremo con sus cadenas de reconocimiento y ataque: separar progresivamente al ser humano del punto donde se encuentra el peligro y utilizar sistemas no tripulados para descubrir qué hay delante antes de decidir el siguiente movimiento.

No llega solo. El desfile dejó claro que México está explorando algo más amplio que un perro robot llamativo. Las Fuerzas Armadas mostraron drones tácticos, un enjambre destinado a misiones de inteligencia y vigilancia y otros sistemas terrestres, mientras en los preparativos también apareció un segundo cuadrúpedo más pequeño, sin ruedas, aparentemente orientado al reconocimiento en espacios reducidos y terrenos irregulares. 

La combinación apunta hacia una arquitectura donde diferentes máquinas pueden asumir partes distintas de una misión, aunque por ahora México no ha anunciado una gran flota de Xólotl y buena parte de sus especificaciones y número de unidades continúa sin hacerse pública.

Siglos esperando este perro. Si se quiere también, Xólotl conecta además una tecnología futurista con una referencia profundamente mexicana. El nombre remite al xoloitzcuintle y a Xólotl, divinidad mesoamericana vinculada al perro y al tránsito hacia el inframundo.

En la tradición mexica, estos animales podían acompañar al fallecido durante su peligroso viaje hacia el Mictlán. Siglos después, México ha utilizado ese nombre para una máquina cuya misión guarda una coincidencia difícil de ignorar: adelantarse al humano y entrar primero en un lugar donde hacerlo puede significar no regresar.

Imagen | YouTube

En Xataka | Unitree tiene un perro-robot que se mueve a toda velocidad por terrenos que parecen imposibles. Su truco: patas con ruedas

En Xataka | Ucrania ya había visto combates de drones sin intervención humana. Ahora ha saltado de nivel: batallas entre barcos

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