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El yate del emir de Catar estuvo a punto de causar una tragedia: eclipsar un fenómeno que Menorca no veía desde hacía 14 siglos

Menorca era uno de esos lugares privilegiados en el mundo que fue testigo del eclipse del pasado 12 de agosto. Tal y como recogía la prensa local, isla vivió el evento con gran expectación ya que la última vez que sus gentes vieron un fenómeno astronómico similar corría el año 603. Catorce siglos de espera nada menos.

Sin embargo, durante la tarde del día 12 de agosto, un temor se apoderó de los menorquines que habían elegido ver el eclipse desde la Cala Blanca o desde Santandría: el Katara, uno de los superyates más grandes del mundo propiedad del emir de Catar, había fondeado cerca de la costa y amenazaba con interponerse entre el eclipse y quienes llevaban horas en la orilla esperando ver el evento. El yate iba a eclipsar el eclipse.

El emir cruzó el Mediterráneo para ver el eclipse. Días antes del fenómeno, un Boeing 747 de la casa real catarí aterrizó en Palma procedente de Doha. El avión, similar al que recibió Donald Trump, causó revuelo en el aeropuerto de Son Sant Joan. No se confirmó si el emir Tamim bin Hamad Al Thani viajaba a bordo, aunque su familia suele pasar el verano en Baleares, según confirmó el Majorca Daily Bulletin.

El emir gobierna Catar desde 2013, tras la abdicación de su padre, el jeque Hamad bin Khalifa Al Thani. Preside también la Autoridad de Inversión de Catar, un fondo soberano que gestiona unos 600.000 millones de dólares. El padre del emir, fallecido el pasado julio, fue el dueño original del Katara. El superyate sigue ligado a la familia y fue el elegido para ver el eclipse, pese a que el otro yate del emir, el Al Lusail, acababa de recibir una restauración intensiva.

El sobresalto en Ciutadella. El Katara fondeó entre Cala Blanca y Santandría, al sur de Ciutadella, apenas unas horas antes del esperado eclipse total. Según contaban los medios locales, el yate justo acababa de llegar a las aguas de Menorca procedente de Formentera. Por su ubicación, esa cala era uno de los puntos elegidos por los menorquines para ver el fenómeno.

Algunos vecinos que ya estaban apostados en la costa vieron llegar el yate y empezaron a hacer cálculos. Con un barco de más de 124 metros delante, había una alta probabilidad de perder la vista despejada hacia poniente justo en el peor momento posible: cuando el sol estuviera a punto de desaparecer tras la sombra de la luna.

El sol estaba demasiado cerca del horizonte. El temor de los menorquines que esperaban para ver el eclipse estaba más que fundado. El eclipse se iba a producir a solo 1,4 grados sobre el horizonte, casi rozando la línea del horizonte. Con tan poco margen, cualquier obstáculo podía arruinar la vista.

A una milla náutica de distancia de la costa, un yate de 124 metros de eslora ocupa unos 3,8 grados del campo visual desde la costa. El sol, en cambio, mide solo medio grado de diámetro. El Katara podía tapar un trozo de cielo siete veces más ancho que el espacio que iba a ocupar el propio astro en el cielo menorquín.

El palacio flotante del emir. El Katara es ligeramente más «modesto» que el Al Lusail, pero está valorado en unos 400 millones de dólares. Según recoge Superyatch Fan, el Katara está considerado como el dieciseisavo yate más grande del mundo, con seis cubiertas, helipuerto, beach club, piscina, gimnasio, spa y un jacuzzi en cubierta.

En su interior pueden acomodarse hasta 28 invitados en 14 camarotes de lujo, atendidos por una tripulación de entre 30 y 60 personas, lo que deriva en unos costes de mantenimiento anual de unos 40 millones de dólares para mantenerlo en funcionamiento.

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Imagen | Lurssen

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