Las cámaras flock están causando pavor en Estados Unidos. La pregunta es qué pasará si llegan a España
Fundada en 2017 en Atlanta, Flock Safety se describe como una empresa tecnológica de seguridad pública. Su producto estrella son las cámaras ALPR, una forma abreviada de decir que son cámaras de lectura automática de matrículas de coches. Parece algo sencillo y hasta rutinario, ya que en muchos países tenemos cámaras en semáforos, pero el giro es que las cámaras de Flock van más allá, operando con IA para convertirse en un engranaje perfecto de un sistema hipervigilado.
Y aparte de para encontrar desaparecidos, como presumen en su web, las cámaras de Flock están siendo de gran ayuda a acosadores y delincuentes. La gran pregunta es qué pasará si llegan a España, y la respuesta es que habrá que confiar en las garantías europeas.
Los números. El sistema se monta en postes y semáforos y su funcionamiento es simple: fotografían cada vehículo que pasa. Luego, su sistema de IA identifica la marca, el modelo, color o detalles como pegatinas o rayones en el coche para crear un perfil del mismo, compilar todos los datos y subirlo a una plataforma en la nube que permite a la policía reconstruir movimientos de cualquier coche, con alertas en tiempo real si hay una orden de busca y captura.
La compañía saca pecho de las más de 10.000 personas desaparecidas que ayudaron a encontrar en 2025, de cómo han permitido localizar a niños secuestrados y publican varios titulares sobre cómo su producto es el remedio contra el «terror» de un allanamiento nocturno. Y no son sólo las cámaras, ya que Nova es un sistema que cruza matrículas con dueños para saber si tienen antecedentes penales o un historial de salud mental y Raven es una IA de visión por ordenador.
La propia Flock habla de 20.000 millones de escaneos, 700.000 delitos resueltos al año y un sistema de 120.000 cámaras a las que 6.000 agencias policiales tienen acceso. En total, estiman 20.000 millones de matrículas escaneadas al mes.
La polémica. Este sistema de hipervigilancia está creciendo en EEUU y Flock muestra una cara de la moneda (los miles de desaparecidos encontrados y todos esos delitos que se están resolviendo gracias a la tecnología), pero las investigaciones periodísticas están poniendo de manifiesto la otra cara: la de los abusos que se están realizando mediante este sistema. Se han destapado varios, pero resulta que tienen algo en común: policías acusados de acoso y espionaje a parejas y exparejas.
El caso más grave es el que reveló The Washington Post, en el que al menos 50 agentes de policía habían sido acusados, imputados o condenados por usar Flock y otros lectores de matrículas para fines personales. Esos fines son los comentados, pero también espiar a las nuevas parejas de sus exparejas o ver los movimientos de mujeres que, simplemente, les interesaban.
Se habla de casos en los que los policías sabían casi en tiempo real dónde se ubicaban esas exparejas, casos en los que un agente consultó la matrícula de su expareja 69 veces, 24 veces la de la madre y 15 la del padre, además de colocarle un AirTag. Y otro agente que buscó la matrícula de su expareja 124 veces.
Acoso en bandeja. Lo que destaca, sobre todo, es la facilidad que tienen los agentes para usar el sistema. No hace falta una orden judicial, sino un simple nombre de usuario y contraseña, lo que está permitiendo que los agentes tengan facilidad para documentar sus búsquedas con motivos falsos o vagos para camuflar un uso indebido.
Resistencia. Ese tremendo despliegue de Flock, y las polémicas, se ha topado con una creciente resistencia ciudadana en algunas ciudades estadounidenses. En Winona, por ejemplo, alguien destruyó unos ocho postes de Flock en un mismo fin de semana, causando unos 24.000 dólares en daños sin que se identificaran responsables. Pero no son sólo individuos, sino las propias instituciones las que están en contra del sistema.
En Dayton, Ohio, el ayuntamiento cubrió las cámaras de Flock con bolsas de basura tras descubrir que los datos habían llegado al Departamento de Seguridad Nacional y al ICE, sin que esa fuera la intención cuando se instaló el sistema. En Evanston, Illinois, se rescindió el contrato con Flock, pero la empresa las reinstaló sin permiso. En Ohio el ayuntamiento tampoco tenía claro si seguían grabando, de ahí que las taparan.
Otra iniciativa, esta más organizada, es la web «Have I Been Floocked«, un portal en el que se puede comprobar si una matrícula ha sido buscada y que está molestando tanto a Flock que la empresa ha perseguido, sin éxito, su cierre. De hecho, curiosearla es tremendo porque se pueden ver las búsquedas de las diferentes agencias y comisarías en todo momento. Las del FBI, sin ir más lejos.
Amazon, otra vez en el ajo. De fondo, está el dinero. Según Forbes, aparte de la propia Flock, Amazon está impulsando activamente la venta de estas tecnologías a departamentos policiales de todo el país. Amazon ya estuvo envuelta en una polémica tras descubrirse que sus cámaras Ring, que en principio eran cámaras para vigilancia de hogar, estaban desviando sus datos para que departamentos como el ICE las usaran en sus actividades.
De hecho, hace unos meses, Amazon y Flock llegaron a un acuerdo para que las imágenes de Ring pasaran a formar parte de la red de Flock, argumentando que era algo crítico para la seguridad comunitaria.
Postura. Desde la empresa reconocen que los casos citados por los periodistas existen, pero insisten en que son una minoría y que sólo han salido a la luz gracias a su propia política de transparencia transparencia. En el artículo de The Washington Post, Garrett Langley, director ejecutivo de Flock, podemos leer que el sistema no es algo ideado para cambiar a los humanos, ya que «los humanos toman malas decisiones. Lo que podemos hacer es asegurarnos de que sepan que, si las toman, serán responsables».
Y en ese mismo artículo se expone que el verdadero peligro es que el objetivo del abusador es parecer omnisciente porque «no tienes que estar vigilando todo el tiempo a su víctima, sólo hacerles creer que podrías hacerlo en cualquier momento». Tras algunas de las polémicas del año pasado, Flock activó un sistema de auditorías que envía notificaciones a la app de los supervisores policiales cada vez que se realiza una llamada al sistema.
Es algo voluntario que se activó en una de cada cuatro agencias y, además, muy vago porque lo que aparece en el asunto es un término como «investigación» que dificulta la evaluación inicial por parte de los equipos de asuntos internos. Según los registros de una auditoría a la policía de Missouri, el 85% de los registros tenían «sospechoso» o «drogas» como justificación de la petición, y que menos del 3% habían sido vinculados a un caso penal real.
¿Y en Europa? Es la gran pregunta. Si bien Flock no ha iniciado un despliegue europeo, tenemos a Reino Unido como ejemplo inquietante. Sus cámaras IA para leer emociones en el metro o las cámaras de Londres al estilo de China que escanean 5.000 rostros cada hora son dos ejemplos inquietantes, pero, en términos generales, Europa parte de una posición bastante distinta a la estadounidense en cuanto a garantías para los ciudadanos.
Cualquier despliegue de este tipo de sistema deberá respetar el Reglamento General de Protección de Datos europeo, pero también la Directiva de Protección de Datos en el Ámbito Policial, que sería el símil policial al RGPD civil. Es una directiva específica para el tratamiento de datos por parte de la policía y la justicia que establece marcos más estrictos que en EEUU como, por ejemplo, la exigencia de que el acceso a las bases de datos de vigilancia se vinculen a una investigación concreta y no a una consulta «por si acaso» como ocurre con Flock en EEUU.
Por último, el IA Act que califica como una actividad de «alto riesgo» ciertos usos de IA para vigilancia en tiempo real en espacios públicos por parte de las fuerzas de seguridad. Hay casos exentos, como buscar víctimas de secuestro o prevenir atentados terroristas, pero un sistema como el de Flock con Nova para cruzar matrículas con personas con antecedentes penales o cuestiones de salud mental chocaría de pleno con lo establecido por el marco europeo.
Tecnología, otra vez, por delante. Una defensa que se ha hecho de Flock es que la mayoría de las veces, cuando se necesita información de una matrícula, la velocidad es clave y una orden judicial retrasaría la investigación. Esa velocidad es esencial, pero en Estados Unidos hay un problema: no hay una ley federal sobre esta tecnología, por lo que no hay pautas estrictas para prevenir el abuso policial.
Y ahí está el verdadero problema (más allá de los policías que no puedan contenerse o que cumplan la ley): «es la naturaleza de la tecnología y la policía». Son las palabras de Chuck Wexler en el artículo de TWP, director ejecutivo del Foro de Investigación Ejecutiva de la Policía, una organización que asesora a las agencias sobre prácticas policiales. Según Wexler, «muy a menudo, una tecnología estará más adelantada a la propia policía, y eso es lo que creo que ha sucedido con los lectores de matrículas».
Como hemos visto más recientemente con otras tecnologías similares basadas en IA, la propia tecnología va por delante de la regulación. Y, por último, si un sistema como Flock termina implantándose en Europa, pese a todas las garantías, nada impide que un agente abuse de su acceso para fines personales. Lo que cambia es que ese acceso debería estar más auditado, dificultando el abuso.
Imágenes | Julian Focareta, Jemack10, Flock








