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Si la pregunta es si se puede obtener madera de calidad sin talar un solo árbol, la respuesta es sí y está en Japón: "daisugi"

No se pude hacer una tortilla sin romper huevos ni tener madera sin talar antes unos cuantos árboles, ¿no? Si hablamos de Japón las cosas no son tan simples. Al menos en lo referido a lo segundo. Hace siglos el país desarrolló una técnica que permite obtener tablones rectos y resistentes sin perder ni un solo árbol, con lo que un mismo cedro puede pasarse varias décadas produciendo materia prima. Con mañana hasta se obtiene un centenar de vigas de un solo ejemplar.

Su nombre: Daisugi.

¿Madera sin talar árboles? Suena contradictorio, pero eso es lo que aprendieron a hacer en el siglo XIV los japoneses dedicados a la construcción y la industria maderera. Y no por gusto o una especial conciencia medioambiental.

Durante el período Muromachi (s. XIV-XVI) los habitantes de la región de Kitayama, al oeste de Japón, se encontraron con un problema: necesitaban madera para construir siguiendo la moda del momento (sukiya-zukuri), pero la zona estaba llena de laderas empinadas en las que no resultaba fácil trabajar con plantaciones de árboles. ¿Qué hicieron? Aprovechar al máximo los que había.

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¿Y cómo lo hicieron? Apañándoselas para sacar tablones y tablones de un mismo tronco sin llegar a talarlo ni dañarlo. Para entender cómo lo hacían, antes hay que entender con qué trabajaban: los madereros se especializaron sobre todo en los sugis (Criptomeria), una variedad de cedro japonés de gran porte que se caracteriza por producir madera de calidad, blanda pero resistente. 

La segunda clave es cómo cultivaban esos árboles: en vez de pensar en plantaciones horizontales, que se extienden a lo largo de hectáreas de bosque, los habitantes de Kitayama optaron por cultivos verticales que crecían en altura.

¿Cultivos verticales? Sí. En lugar de trabajar en extensos campos en los que crecen árboles que luego se talan para dejar espacio a otros, en Japón optaron por depurar su técnica de poda para que un mismo cedro se convirtiese en una especie de ‘mini vivero’ del que sacar grandes ramas a lo largo de décadas.

Como muestra Roji Gardening en el vídeo que incluimos bajo estas líneas, la idea es simple: aprovechar las ramificaciones que brotan del tronco principal.

¿Se limitan a talar ramas entonces? Más o menos. La técnica es algo más complicada que ir al bosque y retirar las ramas más gruesas de un árbol. Lo que aprendieron a hacer los madereros de Kitayama es moldear hábilmente sus cedros de tal forma que se dividieran claramente en dos mitades. 

En la parte baja encontramos un tronco robusto que se poda durante años como si fuera una especie de bonsái. Luego, una vez formada esa base, se permite que surjan múltiples brotes que crecen de forma vertical y recta, sin nudos. 

El resultado es parecido a un candelabro con velas o una mesa sobre la que se han colocado ramas. De hecho hay quien traduce daisugi como «mesa de cedro».

Pero… ¿Funciona? Eso parece. El Gobierno de Kioto publicó un dossier monográfico hace un tiempo en el que asegura que la técnica daisugi permite obtener hasta un centenar de vigas de madera de un mismo árbol. 

«Con este método cultivan decenas o incluso más de 100 tallos a partir de una sola plántula, reproduciéndola como si fuera un bosque entero. Esto les permite reducir el tiempo de plantación, acelerar el ciclo de cosecha y obtener madera de calidad», explican las autoridades, que matizan que el sistema no es válido para todas las especies de árboles. Para que funcione deben crecer rectos y fuertes.

El problema del daisugi es que quizás sea efectivo y sostenible, pero requiere paciencia y sobre todo que los responsables de la plantación no tengan prisas. Moldear un cedro para formar una base estable y conseguir brotes rectos y resistentes lleva décadas, lo que le resta atractivo para la industria actual.

Imágenes | Wikipedia y Cedric (Flickr)

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