Albacete ofrece hasta 500.000 euros por cazar conejos. El problema es qué hacer con ellos después
España, tierra de conejos, hoy paga para quitárselos de encima. Cuando los fenicios pisaron nuestras costas veían orejas y madrigueras antes que ciudades y así bautizaron a la península, como i‑spn‑ya, un topónimo curioso que se remató como Hispania. O eso dice la teoría, una de tantas.
Ahora Albacete ha montado un sistema de subvenciones para que las sociedades de cazadores contengan una sobrepoblación que destruye sus cultivos. El problema real no versa solo en torno a cuántos se matan, sino qué se hace después con ellos y por qué el modelo vuelve a producir plagas una y otra vez.
Una plaga que se concentra. La provincia de Albacete vive una paradoja que en realidad se repite por medio país. Por un lado, el conejo de monte figura como especie en peligro de extinción en muchos hábitats; por otro, es una plaga ante franjas agrícolas y en los márgenes de grandes infraestructuras. En Castilla‑La Mancha se calculan centenares de miles de conejos capturados cada año; solo en lo que va de 2026 se hablan de 603.000 ejemplares, y un 30% de ellos salen de los campos albaceteños.
La administración regional lleva años encadenando resoluciones de “emergencia cinegética”. Es decir, se busca dar con la clave entre un equilibrio de fauna y la regulación medioambiental. Y, al menos en tierra manchega, Albacete, Cuenca y Toledo, no han sido capaces de encontrarla. Porque más que una explosión homogénea hablamos de puntos calientes junto a carreteras, líneas de ferrocarril, regadíos intensivos y espacios protegidos donde el conejo encuentra refugio, comida y ausencia de depredadores.
Cómo funciona el medio millón. Esto no es el salvaje western. Que nadie espere un sobre por cada animal abatido. La Diputación de Albacete ha convocado una línea de subvenciones que ascienden a 500.000 euros dirigida a sociedades locales de cazadores sin ánimo de lucro. Eso sí, con sede en la provincia. Cada entidad puede solicitar hasta 9.000 euros, una sola vez, para un proyecto concreto vinculado al control de daños por conejo de monte.
El dinero se tramita por vía telemática, a través de la sede electrónica provincial, entre el 21 de julio y el 10 de agosto de 2026; las sociedades justifican las actuaciones hasta el 31 de octubre. Y este plan de choque no choca con otras ayudas: la convocatoria permite compatibilizar estas ayudas con otras líneas públicas, siempre y cuando se orienten a la misma finalidad. ¿Por qué? Porque encaja con el plan regional de cuatro millones de euros para la sobrepoblación de conejos.
¿Hace falta matar? En el pasado, esta “caza social” recibía ayuda local e incluso privada, por parte de protectores de cultivos. Ahora se buscan alternativas: los clubes de pueblos insisten en vallados, guardería cinegética y manejo de puntos de agua y comida para la fauna. Es decir, que se financie en torno a la infraestructura alrededor del conejo y el verbo “matar” sea la última opción. Y si existe una sola alternativa, matar siempre será esa salvajada que ninguna autoridad debería autorizar.
El modelo dominante sigue siendo la caza intensiva, con escopeta, hurón y redes en periodos ampliados gracias a las declaraciones de emergencia de algunas regiones. En Aragón y Castilla‑La Mancha, este choque funciona a corto plazo: en Aragón, entre 2019 y 2021, un plan de control eliminó 1,8 millones de conejos en 125 municipios. Pese a las 18 medidas, en Castilla-La Mancha más del 46 % del territorio está afectado por esta plaga, “lo que se traduce en unos 364 municipios con daños directos”.
Salvarlos para matarlos. WWF y otros equipos de investigación llevan años señalando que la caza masiva reduce daños durante la campaña, pero al año siguiente el efecto se desvanece y la población vuelve a crecer. Si hay refugio y alimento, hay sobrepoblación. Y el problema viene de lejos, de las dinámicas de cultivos con superficies de explotaciones más grandes y homogéneas, con menos mosaico de cultivos, menos lindes y menos presencia de depredadores naturales. Los antiguos muros de piedra servían de hogares, pero también de limitadores regionales. Ahora el conejo corre libre en tierra de nadie.
Asociaciones como PACMA añaden además otro matiz, al recordar que la Generalitat de Catalunya autorizó soltar más de 12.000 conejos de granjas cinegéticas para repoblar cotos de caza en 2021, y que la misma administración declaró luego la emergencia cinegética y el uso de biocidas como fosfuro de aluminio. Inflar primero la población y después recurrir a matanzas cuando la población se desborda es, cuando menos, contraproducente.
Qué se hace con tanto conejo. La gran incógnita es la de siempre. Las resoluciones de emergencia y el plan de choque regional incluyen ya la posibilidad de comercializar la carne de los conejos capturados, siempre que se sacrifiquen de inmediato y se entreguen a establecimientos autorizados de manipulación de caza silvestre con garantía sanitaria. Esto es lo responsable, no dejarlos tirados.
El propio documento del plan manchego contempla la “gestión útil y sostenible” de estas capturas: consumo humano, recuperación de fauna carroñera, traslado a zonas con déficit de conejo y comercialización regulada. Es más, para que el agricultor o el cazador cobre no basta con matar, debe comunicar las acciones 24 horas antes a la administración, cumplir las condiciones de la resolución de emergencia y justificar luego gastos en vallados, majanos y demás.
Los zorros y las águilas, apagados o fuera de cobertura. Ecologistas en Acción denunciaron a la propia Delegación de Agricultura de Albacete que autoriza controles de depredadores como el zorro en plena plaga de conejos (y España los necesita, igual que a los lobos). Esto, según estimaciones, refuerza el desequilibrio ecológico y deja al agricultor con menos aliados naturales sobre el terreno.
El conejo ahora mismo está a medio camino entre el recurso y el residuo, objeto de subvención y pieza comercializable. ¿Matarlos y dejarlos para los carroñeros? Podría ser peligroso desde un punto de vista ambiental. Y más si se comen animales con mixomatosis. ¿Matarlos y comérnoslos? Depende del mercado: el precio de la pieza ha caído en los últimos meses. Esto también es síntoma de que la estructura agraria tiene un problema, si genera excedentes de fauna en unos puntos y déficit extremo en otros, con linces y águilas sin presas en miles de montes españoles.
Quién decide y con qué leyes. En España, la competencia sobre fauna silvestre recae en las comunidades autónomas. Medio Ambiente resuelve cuando consideran que los daños son graves y extendidos. En Castilla‑La Mancha, la resolución de 3 de febrero de 2026 fijó la emergencia por conejo de monte en 364 municipios.
El Gobierno regional montó además una “Mesa Permanente del Conejo de Monte” para sentar administraciones, agricultores, cazadores e investigadores para discutir medidas y revisar el plan de acción. Nadie quiere que sus viñas, tomates o cereales acaben esquilmados, pero al menos habrá que conversar más allá del simple descaste y debatir sobre subvenciones del lobby agrario, entender mejor cómo han cambiado los ciclos cinegéticos en esta década y escuchar qué tienen que decir organizaciones animalistas y ecologistas.
Soluciones laterales. PACMA y juristas especializados como Lex Ànima reclamaron que se abandonase el uso de biocidas y se prohíban las sueltas cinegéticas de conejos, aportando datos de ensayos sobre medidas no letales con eficacias que superan el 70 y hasta el 95%: vallados perimetrales, pastores eléctricos, ahuyentadores acústicos y productos ecológicos que hacen el cultivo menos atractivo.
Los documentos técnicos y los proyectos europeos tipo LIFE Iberconejo arrancó en 2025 proponiendo estrategias menos compulsivas. La primera: ser más preventivo y menos reactivo, restaurando el papel de depredadores naturales y rediseñando el paisaje agrario para que no sea un buffet libre donde estalla la población del conejo.
La prevención incluye cercas de unos 60 centímetros que bloquean al animal pero permiten el paso de otros animales, y los citados fertilizantes foliares con sabor desagradable para la especie, ideados para extender alrededor de cultivos de cereal. Porque si todo se reduce a tomar el dinero y correr, a medio millón para intensificar la caza, en 2027 nos veremos abocados a un problema idéntico y tener que subir el umbral de ayudas para traer más escopetas al campo. Una solución cortoplacista, nada más.
Imágenes | Flickr (Beatriz Sanromán, Blai Biosca)
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