¿Banxico al rescate de la 4T? La Circular 8/2026 y el riesgo de monetizar la deuda

Por: El Husmeador
Mientras el país discute el Mundial y las tensiones diplomáticas con Estados Unidos, el Banco de México publicó, casi sin ruido, la Circular 8/2026 en el Diario Oficial de la Federación. Esta modificación a las reglas de subastas permite al instituto central comprar bonos del gobierno y Bonos de Regulación Monetaria (BREMS) en el mercado secundario. Lo que hasta ahora era principalmente una herramienta para retirar liquidez (vender bonos), ahora también sirve para inyectarla. En términos sencillos: Banxico podrá crear pesos para adquirir deuda pública cuando el mercado no quiera absorberla a tasas razonables.
Algunos analistas lo ven como una medida técnica y prudente para estabilizar el sistema financiero. Otros, como una puerta entreabierta hacia la monetización indirecta de la deuda, algo que la autonomía del banco central buscaba evitar desde 1994. El debate está servido.
¿Qué dice exactamente la Circular?
Según el documento, Banxico establece un procedimiento de subastas para la compra en mercado secundario de valores gubernamentales. El propósito oficial es “promover el sano desarrollo del sistema financiero” y contar con una herramienta adicional para la instrumentación de la política monetaria. No se trata de compra directa al gobierno (prohibida por el artículo 28 constitucional), sino de operaciones en el secundario, similar a programas de Quantitative Easing (QE) en otros países.
Hasta ahora, Banxico operaba principalmente vendiendo instrumentos para absorber liquidez. Con esta circular, invierte la lógica en momentos de estrés.
El contexto que inquieta
Esta modificación llega en un momento delicado para las finanzas públicas de la 4T. México arrastra un déficit fiscal elevado (alrededor de 3.5-4% del PIB proyectado para 2026), presión por financiar programas sociales, inversión en Pemex y CFE, y un crecimiento económico que sigue siendo modesto. A esto se suma que Banxico reportó pérdidas en 2025 y no entregó remanente de operación al gobierno, quitándole al Ejecutivo un recurso extraordinario que había sido útil en años anteriores.
En este escenario, la capacidad de Banxico para sostener los precios de los bonos gubernamentales adquiere un significado político mayor. Si los inversionistas exigen tasas más altas por riesgo (incertidumbre jurídica, percepción de mayor gasto, tensiones externas), el banco central podría intervenir comprando deuda e inyectando liquidez.
Los argumentos a favor
Desde la perspectiva oficial, se trata de una modernización técnica. Muchos bancos centrales del mundo tienen herramientas similares para manejar liquidez y evitar volatilidad extrema en los mercados de deuda. En un entorno de nearshoring, incertidumbre global y posible ralentización económica, contar con mayor flexibilidad puede ser útil para evitar disrupciones financieras. Banxico insiste en que todas las operaciones seguirán siendo esterilizadas o neutralizadas en su impacto monetario cuando sea necesario.
Los riesgos y las críticas
Los cuestionamientos son serios y vienen de economistas independientes y analistas de mercado. Los principales riesgos son: Monetización indirecta de la deuda: Aunque no sea compra primaria, inyectar dinero nuevo para comprar bonos del gobierno termina financiando, de facto, el déficit fiscal.
Pérdida de credibilidad e independencia: La actual Junta de Gobierno tiene perfiles cercanos al oficialismo. Esto genera dudas sobre si las decisiones serán puramente técnicas o influenciadas por necesidades políticas del “segundo piso de la 4T”.
Presión inflacionaria futura: Más pesos en circulación, si no se maneja con disciplina, pueden erosionar el poder adquisitivo, especialmente en un país con historial de inflación alta.
Señal negativa a los mercados: Inversionistas extranjeros y calificadoras observan con lupa cualquier indicio de que las instituciones se subordinen al poder ejecutivo.
Ejemplos de Argentina y otros países de la región recuerdan que cruzar esta línea suele ser el inicio de un camino costoso en confianza, tipo de cambio y estabilidad de precios.
¿Una medida coyuntural o un cambio de paradigma?
La pregunta de fondo es si esta circular es solo una herramienta de liquidez para tiempos complicados o el primer síntoma de que las finanzas públicas están bajo mayor presión de lo que el discurso oficial reconoce. La 4T ha priorizado programas sociales y soberanía energética, pero el costo ha sido un déficit persistente y menor dinamismo productivo.
Mantener la autonomía real de Banxico no es un capricho técnico. Es una de las instituciones que mayor credibilidad ha construido en las últimas tres décadas. Erosionarla, aunque sea indirectamente, puede salir caro en términos de inversión, valor del peso y bienestar de las familias.
La Circular 8/2026 no es, por sí sola, el fin de la autonomía. Pero sí abre una puerta que antes permanecía cerrada por prudencia. Vigilar cómo se use esta nueva herramienta será clave para evaluar si la 4T respeta los límites institucionales o si, ante las necesidades de gasto, está dispuesta a flexibilizarlos.
Al final, la verdadera fortaleza de una economía no se mide solo por el tamaño del gasto público, sino por la solidez y credibilidad de sus instituciones. México no puede permitirse volver a experimentar con atajos monetarios del pasado.
¿Qué opinas tú? ¿Herramienta técnica necesaria o riesgo innecesario para la estabilidad?












