La ira de Noroña: el nepotismo que no soporta verse al espejo

Por Francisco Ruiz Rios
Gerardo Fernández Noroña, el autoproclamado defensor de los pobres, el paladín de la austeridad y el vocero iracundo de la “Cuarta Transformación”, volvió a demostrar que su mayor enemigo no es la oposición, ni los medios “conservadores”, ni los “fifís”: es el espejo. Cuando la periodista Leticia Robles de la Rosa publicó su investigación sobre el empleo de familiares en el Senado incluido Emiliano González González, a quien Noroña presentó como su propio hijo ante su equipo y senadores de Morena, el legislador estalló en furia. Como siempre, la culpa es de quien revela lo que él mismo originó.
Según el reportaje de Robles de la Rosa en Excélsior, el Senado de la República destina al menos 8.3 millones de pesos brutos anuales para pagar sueldos a 15 familiares (hermanos, hijos, sobrinos y nietos) de 10 senadoras y senadores, más el caso de una gobernadora. Encabeza la lista Manuel Añorve Anguiano, hijo del coordinador de los senadores del PRI, Manuel Añorve. Le sigue Emiliano González González, hijo del morenista Gerardo Fernández Noroña aunque no comparten apellidos, quien percibe 80 mil pesos brutos mensuales (alrededor de 62 mil 264 pesos netos). En total, el joven ha cobrado más de 1.2 millones de pesos en lo que va del periodo.
Oficialmente figura como “asesor en servicios administrativos”, pero en la práctica funge como fotógrafo y camarógrafo personal del senador. Lo acompaña en viajes por el país y al extranjero, todo pagado con recursos públicos. Cuando Noroña asumió la presidencia de la Mesa Directiva del Senado en septiembre de 2024, presentó explícitamente a Emiliano como su hijo ante su equipo de trabajo, trabajadores administrativos y senadores de Morena. Hoy, niega la relación y ataca a la periodista que lo documentó.
Lo más indignante no es solo el nepotismo, práctica lamentablemente extendida, sino la hipocresía descarada de Noroña. Durante años ha construido una imagen de hombre del pueblo, austero y combativo. Pero cuando la realidad lo confronta con cifras concretas y testimonios directos, reacciona con insultos, negaciones y acusaciones de “intriga”. Robles de la Rosa no inventó nada: la información proviene del propio Senado.
Esta no es una anécdota aislada. Es el retrato de una clase política que llegó prometiendo acabar con los privilegios y terminó reproduciéndolos con mayor descaro. Noroña encarna la contradicción morenista: discurso de izquierda radical, pero prácticas de cacique. Se molesta cuando le señalan que su hijo cobra 80 mil pesos mensuales del erario, mientras miles de mexicanos luchan por un empleo digno en un país donde la precariedad es la norma.
La periodista Leti Robles de la Rosa cumple su rol: escudriñar el poder, aunque este se incomode. Y Noroña, fiel a su estilo, confirma lo que muchos ya sabíamos: es exactamente como ella lo describe. Un hombre que predica austeridad con micrófono en mano y coloca a los suyos con cargo al bolsillo de todos los mexicanos.
En un país que clama por instituciones limpias y servidores públicos honestos, episodios como este con 8.3 millones de pesos anuales solo en familiares de legisladores erosionan aún más la confianza en la clase política. Noroña puede negar, gritar e insultar cuanto quiera. Pero los sueldos se pagan con impuestos, los hechos están documentados y la ira desproporcionada solo revela lo que tanto le molesta: que lo hayan descubierto.
La Cuarta Transformación prometió cambio. Lo que entrega, una y otra vez, es la misma vieja corrupción con discurso renovado.












