Martes 17 de marzo 2026

Columna opinión: Política en Violeta
VIOLETA CRÍTICA: PÚLPITOS, PODER Y LA SALUD COMO OFRENDA POLÍTICA
Por: MALVA
En la política mexiquense, la forma es fondo. Pero lo que estamos presenciando con la titular de Salud, Macarena Montoya Olvera, no es solo una falta de forma; es un desafío abierto a la institucionalidad y una burla directa a la confianza de la gobernadora Delfina Gómez. La línea entre la gestión pública y el proselitismo familiar no solo es delgada: Montoya ya la borró de un plumazo.
El «Primer Caballero» del ISEM: Un peligroso precedente
Resulta inaudito que en pleno 2026, bajo la bandera de un movimiento que presume la separación de poderes y la austeridad ética, se utilice la estructura del Voluntariado del ISEM como plataforma de lucimiento personal. Alfredo Jiménez García, esposo de la secretaría, ha decidido que las parroquias son el mejor escenario para su «show» político.
Desde el púlpito de la parroquia del Buen Pastor en Huixquilucan, con la imagen de Cristo como testigo y la vulnerabilidad de la gente como audiencia, Jiménez García no solo entregó juguetes; entregó propaganda.
¿Desde cuándo el Estado de México necesita mensajeros de sacristía para validar la salud pública? La traición al Estado Laico.
Nuestra Constitución es clara: Iglesia y Estado son asuntos separados. Sin embargo, para la doctora Montoya, los templos en Ecatepec, Ixtapaluca y Nicolás Romero se han convertido en sucursales de una campaña anticipada.
La estrategia es burda: Instalar módulos de vacunación (un derecho, no un favor) junto a las bancas de la iglesia. El discurso es engañoso: Usar el nombre de la gobernadora para «bendecir» actos que huelen a ambición personal.
La ofensa es doble: Se trata a la ciudadanía como ignorante, asumiendo que un par de juguetes y una jornada de salud en un altar bastan para comprar voluntades.
¿Fuego amigo o ambición desmedida?
Los rumores en los pasillos de Toluca son fuertes: a la maestra Delfina Gómez no le ha caído nada bien este «activismo» desbordado. Y tiene razón. Mientras la gobernadora se esfuerza por consolidar un estilo de gobierno austero, su secretaria de Salud permite que su esposo juegue al candidato, exponiendo a la administración a sanciones electorales graves si la oposición decide despertar.
Utilizar la salud pública el área más sensible para cualquier familia como moneda de cambio entre incienso y altares no es «acercar herramientas de prevención»; es adoctrinamiento puro.
La lupa sobre Montoya
Macarena Montoya está caminando por la cuerda floja. Al verle la cara a la gobernadora y utilizar a su esposo como brazo ejecutor de una campaña paralela, está enviando un mensaje peligroso: que, en su secretaría, el nepotismo y el fervor religioso valen más que el respeto a la ley laica.
El Estado de México no necesita «salvadores» que se escuden en la fe para ocultar sus carencias operativas. Necesita servidores públicos que entiendan que la salud no se negocia en la iglesia y la política no se hereda por matrimonio.
El Expediente que Macarena Montoya está Ignorando
Dicen que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, pero en el caso de la Secretaría de Salud mexiquense, lo que vemos parece más un desafío calculado que un error de novato. Mientras Alfredo Jiménez García reparte sonrisas y juguetes bajo el amparo de los altares, en las oficinas electorales ya se afilan los lápices. Aquí no se trata de «buenas intenciones», sino de violaciones directas a la normativa vigente que podrían costarle muy caro a la administración actual.
La claridad del Artículo 130
Nuestra Constitución no es una sugerencia. El Artículo 130 establece con claridad meridiana el principio histórico de la separación Iglesia-Estado. Al utilizar la parroquia del Buen Pastor y otros templos para difundir mensajes gubernamentales y saludos de la gobernadora, la Dra. Montoya está cruzando una línea roja.
Posibles Consecuencias: La Secretaría de Gobernación (SEGOB) tiene facultades para sancionar a las asociaciones religiosas que permitan actos proselitistas, pero el servidor público que lo promueve incurre en una falta administrativa grave al desviar la naturaleza laica del Estado.
Delitos electorales
La Ley General en Materia de Delitos Electorales (Art. 11) es implacable con los servidores públicos que utilicen recursos (como vacunas, personal del ISEM o juguetes del Voluntariado) con la finalidad de incidir en el electorado o posicionar una imagen política.
Una posible sanción, es viable, hasta la destitución e inhabilitación para ocupar cargos públicos. Si se demuestra que se están usando programas de salud para coaccionar o inducir el voto de grupos vulnerables, la punibilidad aumenta.
Uso de recursos públicos para fines personales
Instalar módulos de vacunación pagados con el erario de los mexiquenses para que el esposo de la secretaría dé discursos políticos es un desvío de recursos. El Tribunal Electoral del Estado de México (TEEM) ha sido muy estricto en el uso de programas sociales en tiempos pre-electorales.
Una denuncia ante el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) podría derivar en medidas cautelares inmediatas, obligando a suspender las jornadas y manchando permanentemente el expediente de la funcionaria.
No se equivoquen: el púlpito no otorga inmunidad diplomática. Al contrario, amplifica el delito.
La Gobernadora frente al espejo
El verdadero peligro para Macarena Montoya no es solo la ley, sino la congruencia política. Si la gobernadora Delfina Gómez ha hecho de la honestidad su bandera, permitir que una de sus secretarias convierta la salud pública en un «negocio familiar» de posicionamiento electoral en iglesias es un golpe bajo a su credibilidad.
La oposición ya tiene el material servido en bandeja de plata. Si logran documentar que estos actos en Huixquilucan, Ecatepec y Nicolás Romero son sistemáticos, el «pecado» de Montoya pasará de ser una columna crítica a una carpeta de investigación.
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