Montejaque fue durante un siglo un enorme monumento a los fallos de ingeniería. Ahora se ha convertido en un problema lleno de agua
A principios de siglo XX, que la luz llegara a los pueblos más recónditos de la Serranía de Ronda y Grazalema era misión imposible. Pese a «estar cerca», eran zonas a las que solo podía acceder con mucho esfuerzo y cualquier infraestrucutra se convertía en un problema logístico. Fue en ese momento cuando la Compañía Sevillana de Electricidad decidió cortar por lo sano: hacer una presa en el río Gudares y producir la energía (hasta 20.000 kW) allí mismo.
Encargaron la obra a una empresa suiza y levantaron una estructura de 83 metros de hormigón cerca de Montejaque, en Málaga. Luego se dieron cuenta de que era una tremenda estupidez: el suelo calizo de la zona convertía el embalse en un colador y, en los más de cien años desde su construcción, nunca ha estado en uso.
Hasta ahora.
Aunque «uso» no es exactamente la palabra. Porque, en realidad, lo que ha ocurrido es que, ante las enorme cantidad de agua que ha caído estas semanas en la zona, la presa se ha llenado. Por su puesto, ese llenado es relativo: desde el primer momento el agua se ha ido filtrando por la cueva del gato, muy cerca de allí.
Pero, gracias a ella, se ha conseguido ‘laminar’ la avenida del Gudares y controlar los caudales. El problema es que, ahora mismo y por primera vez desde que tenemos datos, Montejaque está a punto de desbordarse. A 30 centímetro de ello, de hecho.
¿Una presa fantasma llena hasta los topes? Y desaguando como si no hubiera un mañana: a razón de 200 metros cúbicos por segundo. Las imágenes no solo espectaculares, sino que (además) son completamente inauditas.
No había precedentes claros, pero el sistema (por sifones, al contrario de los habituales aliviaderos) se ha puesto en funcionamiento antes de que rebasara la presa.
¿Y ahora qué? En principio, monitorización y preparación. Los ayuntamientos de Jimera de Líbar y Benaoján han evacuado a 150 personas y monitorizan tanto el cauce del Guadiaro como el sistema de cuevas Hundidero-Gato.
Ese sistema de presas se interpone entre el embalse y las poblaciones más cercanas, pero nadie tiene muy claro qué puede pasar: se espera que lamine la posible avenida, pero nunca ha ocurrido y la UME sigue monitorizando la situación por lo que pueda pasar.
Calma. Ese es el mensaje más repetido por las autoridades y, por lo que sabemos hasta ahora, está justificado. Sin embargo, muestra que demasiado a menudo nos olvidamos de lo que hay en el monte. La concesión de Montejaque ya decayó, pero sigue allí convertido en una atracción turística.
A partir de ahora será también el recordatorio constante de que tenemos que volver a pensar todas nuestras infraestructuras hídricas.
Imagen | Ronnie Macdonald







