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Fabricar baterías para coches eléctricos parecía el negocio del futuro. Hasta que aparecieron los centros de datos

En Estados Unidos hay una desaceleración en la industria de vehículos eléctricos, lo que ha provocado que cada vez más fabricantes del sector reconviertan su negocio. Según cuenta Financial Times, diez fábricas norteamericanas que producían baterías para coches eléctricos están destinando buena parte de su producción a sistemas de almacenamiento energético para centros de datos de IA. Es la última industria en reajustarse alrededor de la inteligencia artificial.

El cambio de rumbo. El medio comparte los datos de la consultora CRU, que afirman que estas diez plantas han cancelado capacidad suficiente para producir baterías para 2 millones de vehículos eléctricos. De ellas, siete se centrarán principalmente en el mercado de sistemas de almacenamiento energético (ESS, por sus siglas en inglés). 

Entre los nombres implicados figuran Ford, que está modificando una fábrica en Kentucky, y Stellantis junto a su socio Samsung SDI, que están convirtiendo líneas de producción en su planta de Indiana. General Motors también está considerando producir sus propias baterías de almacenamiento energético, según declaró su responsable de baterías, Kurt Kelty, al Financial Times.

Por qué necesitan baterías los centros de datos. Los centros de datos que procesan modelos de IA requieren suministro eléctrico ininterrumpido para protegerse contra apagones o fluctuaciones de voltaje. Con el boom de la construcción de estos centros en Estados Unidos, las baterías de almacenamiento se han convertido en un componente crítico de la infraestructura. Esto abre una vía de ingresos alternativa para empresas del sector del automóvil que atraviesan dificultades con los vehículos eléctricos.

El ejemplo de Tesla. Conviene echarle un ojo a los números de la compañía de Elon Musk, ya que además de producir vehículos también fabrica sistemas de almacenamiento energético como Megapack y Powerwall. En este sentido, su negocio de baterías le está saliendo tremendamente rentable, ya que la compañía reportó ingresos por energía y almacenamiento de 12.800 millones de dólares en su último trimestre, un crecimiento del 27% interanual. En 2021, esa cifra apenas alcanzaba los 2.800 millones. Mientras tanto, sus ingresos por ventas de vehículos eléctricos han caído un 9%, hasta los 64.000 millones de dólares.

Contexto político difícil. Tal y como cuenta FT, desde que la administración Trump eliminó los incentivos fiscales para los compradores de vehículos eléctricos establecidos durante la era Biden y rebajó las normas de emisiones, el mercado de vehículos eléctricos en Estados Unidos ha sufrido una desaceleración. Esto ha llevado a BloombergNEF a revisar a la baja su previsión: de esperar que los vehículos eléctricos representaran el 48% de las ventas totales de coches en 2030, ahora proyectan solo un 27%. Los vehículos eléctricos suponen actualmente alrededor del 8% de las ventas de coches nuevos en Estados Unidos.

Las ayudas que sí se mantienen. Así como menciona el medio, aunque se han eliminado estas ayudas, la administración conserva incentivos generosos para fabricantes de baterías: un crédito de producción de 35 dólares por kilovatio-hora y un crédito fiscal del 30% para inversiones en almacenamiento energético. Además, los aranceles a las baterías chinas de almacenamiento rondan el 60%, lo que permite a los fabricantes producir en Estados Unidos a precios cercanos a la paridad con las importaciones asiáticas.

Entre líneas. También cabe destacar matices importantes. Sam Adham, de CRU, contaba a FT que los fabricantes de baterías no trasladarán necesariamente lo que se ahorran de los costes a sus clientes (pudiendo aumentar sus márgenes, pa’ qué). Además, según cuentan desde FT, las empresas coreanas que lideran la producción de baterías de almacenamiento en Estados Unidos tienen menos experiencia con la tecnología de fosfato de hierro y litio que usan estos sistemas, en comparación con sus rivales chinos.

No es una reconversión total, de momento. Los datos de Wood Mackenzie sugieren que los vehículos eléctricos seguirán absorbiendo una mayor proporción de instalaciones de baterías que el almacenamiento energético hasta finales de 2030. «Si hay un repunte en la demanda de vehículos eléctricos, las empresas que hayan cambiado a sistemas de almacenamiento podrían quedarse atrás», afirmaba Milan Thakore, analista de la consultora.

Más sectores que pivotan hacia la IA. Desde la newsletter Semafor, también mencionan otro sector muy interesante que está comenzando a reconvertir su negocio hacia la IA: los mineros de criptomonedas. Y es que según Morgan Stanley, las instalaciones dedicadas a la minería de criptomonedas están viendo un negocio más rentable en la creación de centros de datos para IA. 

La economía de la minería de criptomonedas ha empeorado cada vez más desde que la recompensa es menor, y convertir estas instalaciones en infraestructura para inteligencia artificial resulta mucho más rentable. Según los cálculos Morgan Stanley, transformar todas las instalaciones de minería de bitcoin en Estados Unidos podría reducir el déficit de capacidad eléctrica para centros de datos entre 10 y 15 gigavatios.

Imagen de portada | CHUTTERSNAP y İsmail Enes Ayhan

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