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En pleno rearme, España acaba de sorprender a Europa: 5.000 millones para 34 buques de guerra y cuatro submarinos

Durante años, el rearme europeo fue más conversación que hechos y España aparecía siempre en la lista de los países rezagados. Ahora, tras la presión constante de Estados Unidos y el clima de inseguridad en Europa, el país ha dado un giro inesperado con una inversión naval sin precedentes que ha sorprendido incluso a sus aliados. 

Un salto que no se veía en décadas. España ha activado uno de los mayores procesos de renovación de su Armada desde el final de la Guerra Fría, una inversión de 5.500 millones de euros para un plan que combina la incorporación de 37 nuevos buques de guerra y cuatro submarinos de nueva generación con la modernización profunda de unidades ya en servicio. 

No se trata de una sustitución rutinaria, sino de una reconfiguración completa de las capacidades navales para un entorno estratégico más exigente, donde el control del mar, la disuasión y la protección de rutas marítimas han vuelto al centro de la agenda de seguridad.

El eje submarino y un programa. El corazón tecnológico del plan lo forman los cuatro submarinos S-80, desarrollados por Navantia, concebidos para devolver a la flota española una capacidad submarina avanzada en sigilo, autonomía y combate. 

Con propulsión independiente del aire, sensores de última generación y una arquitectura pensada para misiones de vigilancia, inteligencia y guerra antisubmarina, estas unidades representan un salto cualitativo que sitúa a la Armada Española en un nivel operativo comparable al de las grandes marinas europeas, con un calendario de entregas que se extiende hasta 2030.

Whale Watching Cartagena Spain Flickr A Guy Named Nyal

Submarino S-8

Fragatas, buques y equilibrio. La renovación no se limita al ámbito submarino. El programa incluye cinco fragatas F-110 de diseño multimisión, pensadas para operar en escenarios de alta intensidad, junto a la modernización de las fragatas F-100 para prolongar su vida útil durante dos décadas más. 

A esto se suman nuevos buques de acción marítima con capacidades antisubmarinas, lo que busca mantener un equilibrio entre plataformas de nueva generación y unidades probadas, evitando un vacío operativo durante la transición.

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Fragata F-110

La logística como multiplicador. Una parte clave del esfuerzo se concentra en el apoyo logístico y tecnológico. La construcción de un nuevo Buque de Aprovisionamiento de Combate, la actualización de cazaminas, la incorporación de buques hidrográficos y una plataforma específica de guerra electrónica reflejan una visión más amplia del poder naval, donde sostener operaciones prolongadas, recopilar información y dominar el espectro electromagnético es tan importante como el combate directo.

Geopolítica y disuasión. Qué duda cabe, este rearme responde a un contexto internacional más inestable, marcado por conflictos abiertos en Europa, tensiones en el Mediterráneo y el Sahel y una mayor competencia entre potencias. 

Para un país con una posición estratégica entre el Atlántico y el Mediterráneo, reforzar la flota no es solo una cuestión de prestigio, sino de credibilidad disuasoria y capacidad real de proteger intereses propios y aliados dentro del marco de la OTAN.

Industria, empleo y autonomía. Más allá del plano militar, el programa apunta a un impacto directo sobre la industria naval española. Se busca muy probablemente consolidar un tejido tecnológico de alto valor añadido, además de generar empleo cualificado y reducir dependencias externas en sistemas críticos.

Si se quiere también, el desarrollo del S-80 y de las nuevas fragatas ha servido también como catalizador de innovación en propulsión, sensores y sistemas de combate, con efectos que trascienden el ámbito estrictamente defensivo.

España en el tablero. La última reflexión que sale del histórico anuncio es clara: con esta inversión sostenida en el tiempo, España refuerza su papel como actor relevante en la seguridad marítima europea, a priori capaz de contribuir de forma más decisiva a operaciones internacionales y a la protección de las principales líneas de comunicación marítima.

Ya lo habíamos visto los últimos meses en otras tantas naciones. En el caso de España, no es, o no lo parece, una simple actualización de buques sin más, sino la constatación de que el poder naval definitivamente vuelve a ser un pilar central de la política de defensa en el siglo XXI.

Imagen | Armada, A Guy Named Nyal, Navantia

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