Opinión

POR: EL HUSMEADOR

La Suprema Farsa: Una Corte de Lujos, Rezagos y Oscuridad que Apesta a Hipocresía

¡Qué descaro! La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), esa institución que se supone debe ser el baluarte de la equidad y la legalidad en México, se ha convertido en un circo de contradicciones y derroches. Mientras el país se ahoga en desigualdades, estos «ministros» –elegidos en un proceso electoral cuestionado y con baja participación– predican austeridad republicana desde sus púlpitos, pero actúan como reyes medievales gastando el dinero del pueblo en caprichos innecesarios. ¿Austeridad? Más bien, una burla al ciudadano común que batalla por llegar a fin de mes. Vamos a desmenuzar esta podredumbre, basada en lo que la web y las redes sociales gritan a los cuatro vientos: asesores a más no poder, compras extravagantes, ineficiencia crónica y una transparencia tan opaca como el humo de un incendio forestal. Empecemos por lo más escandaloso: las compras poco austeras que tanto criticaban en el pasado. Recién estrenados en sus cargos, los nuevos ministros de la SCJN decidieron «reforzar su seguridad» con nueve camionetas Jeep Grand Cherokee blindadas, cada una valorada en hasta 1.78 millones de pesos, con aditamentos de lujo que incluyen asientos de piel, sistemas de navegación premium y blindaje nivel 3. ¿Y la austeridad que prometieron durante la campaña de la 4T? Pura pantalla. Esta adquisición, realizada apenas cuatro meses después de asumir, contradice flagrantemente el discurso de «terminar con los privilegios» que tanto cacareaban. 

Tras una ola de críticas en redes y medios, la Corte retrocedió y anunció la devolución de las unidades, alegando «compromiso con el uso responsable de recursos». 

Pero el daño está hecho: ¿por qué comprarlas en primer lugar si el país clama por eficiencia fiscal? En X, usuarios como @DeMegapro lo resumieron perfecto: «Prometió austeridad y estrenó camionetas, rituales y presupuestos de élite. Mucha toga austera para la foto, pero una Corte que gasta como si la ley no la alcanzara». 

Y no es solo eso; agreguen un ritual de inauguración millonario y omisiones en pagos a comunidades indígenas, configurando un derroche que apesta al elitismo. 

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La ministra Lenia Batres, en un raro acto de disidencia interna, acusó a sus colegas de aprobar un presupuesto de más de 5 mil millones de pesos para 2026, exigiendo que el nuevo Poder Judicial «asuma austeridad» de una vez por todas. 

Ahora, hablemos de eficiencia: ¿dónde está? La productividad de la SCJN ha caído en picada un 44% en comparación con la Corte anterior, con un rezago histórico de más de 1,697 expedientes pendientes al iniciar 2025 –y eso que la nueva Corte apenas lleva meses en funciones. 

En solo tres meses, se apilaban cientos de asuntos sin resolver, y las estadísticas dejaron de publicarse, dejando a la institución ahogada en su propia ineficacia. 

Usuarios en X, como @JoseMarioMX, lo denuncian sin filtros: «La Corte que antes cargaba con miles de casos hoy se ahoga porque la reforma eliminó las Salas que sostuvieron el sistema. No es casualidad: es diseño». 

Sesiones caóticas con desorden, confusión en votaciones y solo 3 de 15 asuntos resueltos en su estreno: esto no es justicia, es un espectáculo de ineptitud que mina la legitimidad de la Corte.

Mientras tanto, casos clave como litigios fiscales por 35 mil millones de pesos (incluyendo los de Grupo Salinas) se pudren en el limbo, beneficiando a los poderosos por omisión. 

¿Eficiencia? Más bien, una máquina de procrastinación que deja desprotegidos derechos fundamentales, desde fideicomisos hasta libertades económicas. Y la transparencia, esa joya que tanto presumen, brilla por su ausencia. Solo el 28% de las sentencias son públicas, y recientemente eliminaron de su portal los tabuladores de sueldos, salarios mensuales detallados y prestaciones de los ministros –un retroceso flagrante en la rendición de cuentas. 

En redes, cuentas cómo @SinLinea_Mx la llaman «una sala oscura llena de irregularidades e ilegalidades». 

La Corte rechaza transparentar casos fiscales, y críticos como @avaucer señalan: «La austeridad en SCJN solo era un eslogan de campaña. Cambiaron los nombres, pero mantuvieron los vicios». 

Agreguen acusaciones de subordinación al Ejecutivo, con retrocesos en consultas indígenas y derechos sociales reducidos a «promesas en el aire». 

Esto no es un Poder Judicial independiente; es un apéndice del gobierno que sacrifica estructura por alineación política. En resumen, esta SCJN es un monumento a la hipocresía: gasta 7 mil millones en elecciones dudosas para instalar a ministros que derrochan, retrasan y ocultan. 

Como dice @rortizluna en X: «Para la nueva SCJN no aplica la ley, la austeridad, la transparencia, la rendición de cuentas; actúan con total impunidad y cinismo». 

México merece una Corte que sirva al pueblo, no que lo esquilme. 

¿Hasta cuándo seguiremos tolerando esta farsa?

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