Estado de México

Granizada cubre de blanco las pirámides de Teotihuacán y genera confusión sobre una supuesta nevada.

No fue una nevada,  pero dejó una estampa inusual que atrajo la atención nacional e internacional.

Valeria Vargas

Teotihuacán, Estado de México, 19 de enero de 2026.— Las pirámides del Sol y la Luna, así como la Calzada de los Muertos, amanecieron cubiertas de blanco tras una intensa granizada registrada el 18 de enero, un fenómeno poco común que generó imágenes virales y reavivó el debate sobre si alguna vez ha nevado en la zona arqueológica.

Aunque en redes sociales circularon versiones que hablaban de una nevada histórica, especialistas y autoridades locales aclararon que no se trató de nieve, sino de granizo acumulado como resultado de una tormenta invernal atípica. La acumulación fue suficiente para dar la apariencia de un paisaje nevado, lo que llevó a que algunos usuarios comparan la escena con postales invernales e incluso cuestionaron la autenticidad de las imágenes, atribuyéndose a ediciones digitales o inteligencia artificial.

De acuerdo con registros climáticos, Teotihuacán rara vez presenta condiciones para nevadas verdaderas, es decir, caída de copos de nieve con acumulación prolongada. La región, ubicada a unos 2,300 metros sobre el nivel del mar, mantiene un clima templado-semiárido, donde los eventos extremos de invierno suelen manifestarse como granizadas intensas asociadas a frentes fríos.

La tormenta del domingo dejó afectaciones menores en los municipios de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, entre ellas daños en techumbres de lámina, encharcamientos, complicaciones en caminos y un choque vehicular en la autopista México–Pirámides debido al pavimento resbaloso. Elementos de Protección Civil realizaron recorridos de supervisión y descartaron daños estructurales en la zona arqueológica.

En perspectiva histórica, no existen registros de nevadas propiamente dichas en Teotihuacán, a diferencia de otros puntos del centro del país. En el Valle de México, las nevadas son excepcionales; la última de gran magnitud en la Ciudad de México ocurrió en 1967. En contraste, en épocas prehispánicas, los habitantes de la región transportaban nieve y hielo desde volcanes cercanos, como el Iztaccíhuatl o el Nevado de Toluca, para elaborar preparaciones dulces conocidas como “nieves”, tradición que aún se conserva en algunas ferias locales.

El evento del 18 de enero, si bien no fue una nevada, dejó una estampa inusual que atrajo la atención nacional e internacional, recordando que los fenómenos meteorológicos extremos, aunque raros, pueden transformar momentáneamente el paisaje de uno de los sitios arqueológicos más emblemáticos del país

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