EEUU se ha hecho con el petróleo de Venezuela. El problema es que en el pack va incluida una gigantesca deuda con China

El mapa del poder mundial ha sido redibujado en apenas una semana. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses no es solo un cambio de régimen; es el nacimiento de la «Doctrina Donroe», un movimiento con el que Washington busca consolidar un imperio energético «desde Alaska hasta la Patagonia» para controlar el 40% de la producción mundial. Sin embargo, tras la euforia militar en la Casa Blanca, asoma un dilema de proporciones billonarias: el petróleo ha sido tomado, pero está hipotecado, y China exige sus facturas.
El cobrador en la puerta. El control de las mayores reservas del planeta ha puesto a EEUU frente a frente con el gran acreedor del Caribe. Según el South China Morning Post (SCMP), la exposición actual en estado de «limbo» se estima en 10.000 millones de dólares, aunque otros cálculos de think tanks recogidos por el mismo medio elevan la deuda histórica a más de 60.000 millones, gran parte de ella estructurada bajo el modelo de «petróleo por préstamos».
Pero, ¿cómo se llegó a esta suma? China necesitaba energía para su ascenso industrial y Venezuela necesitaba efectivo. Bajo esta premisa, Pekín financió ferrocarriles, plantas eléctricas y más de 600 acuerdos bilaterales. Ahora, el gran temor del gigante asiático es que el nuevo gobierno de Caracas —tutelado por la administración Trump— invoque la doctrina de la «deuda odiosa». Como explica Cui Shoujun en SCMP, este recurso legal permitiría repudiar los préstamos alegando que el dinero de China no benefició al pueblo, sino que financió la supervivencia del régimen. Sería el «pretexto legal» perfecto para limpiar los balances antes de que las petroleras estadounidenses tomen las riendas.
La agonía de las estatales chinas y el escudo de las «Teapots». La ansiedad en Pekín no es solo política, es corporativa. Tal como revela Bloomberg, gigantes como la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) están realizando evaluaciones de daños ante el temor de que décadas de inversiones se evaporen. No obstante, según información de Reuters, estas empresas aún operan en el país a través de empresas mixtas como Sinovensa, y controlan derechos sobre reservas que suman miles de millones de barriles.
Sin embargo, China tiene un «as en la manga». Hace un par de meses, estuvieron absorbiendo el 90% del almacenamiento de crudo medible. Además, como detalla Financial Times, gran parte del flujo de crudo venezolano llegaba a China a través de las «teapots» (refinerías independientes), que compraban el petróleo con fuertes descuentos para esquivar sanciones anteriores. Al tomar el control de las exportaciones, Estados Unidos no solo recupera el crudo, sino que elimina una ventaja competitiva clave para la industria china, encareciendo sus costes energéticos de un plumazo.
La paradoja técnica. Muchos se preguntan por qué Trump arriesgaría tanto por un petróleo que parece «malo». La respuesta es una simbiosis técnica necesaria, Las refinerías estadounidenses y españolas (como la de Repsol) actúan como «estómagos» diseñados para el crudo pesado de Venezuela, el cual necesitan mezclar con el petróleo ligero del fracking para producir diésel de forma eficiente.
Sin embargo, el premio viene con una factura de reparación astronómica. La infraestructura está literalmente en ruinas: cargar un petrolero tarda hoy cinco días frente al único día que bastaba hace siete años, y el crudo llega «sucio» (con exceso de agua y sal) por la falta de mantenimiento. Reconstruir el sector exigirá 10.000 millones de dólares anuales durante una década, a lo que se suma el drama del gas natural: Venezuela quema hoy en «humo» el equivalente al consumo de toda Colombia por pura negligencia técnica.
La batalla de los despachos. Trump ha tomado el control de la joya de la corona energética, pero se ha encontrado con una factura de reparación astronómica y un acreedor chino que no se irá en silencio. Como advierte el Financial Times, si EEUU decide asfixiar también el suministro desde Irán después de este golpe en Venezuela, China podría ver comprometido el 20% de sus importaciones de crudo barato, lo que obligaría a Pekín a una reacción impredecible.
La verdadera batalla no terminó con la captura de Maduro; apenas comienza en los despachos de Washington y Pekín. Venezuela es el premio gordo, pero es un premio que viene con una letra pequeña que podría quebrar los balances financieros de medio mundo. La era del petróleo no termina, pero el mapa de quién lo controla y quién lo paga ha sido reescrito con sangre y deuda.
Imagen | Luisovalles






