El queso y el aceite se han disparado tanto en Turquía que las agencias de viaje tienen destino estrella: un Lidl de Grecia
El coste de la vida se ha disparado. Excepto el mercado de la cocaína, multitud de productos básicos han subido de precio cuando los sueldos no han crecido al mismo nivel. En España tenemos una inflación interanual de alrededor del 3%. En Turquía, en la misma fecha, es del 33%, y eso está llevando a miles de turcos a viajar a Grecia cada semana, y no por placer.
Sino al Lidl para hacer la compra.
Migración de supermercados. A mediados de los 2010, la economía griega era un drama. El poder adquisitivo se desplomó y la crisis de la deuda del país obligaron a muchos hogares a exprimir cada euro. Los países vecinos que también usaban el euro no eran un consuelo, por lo que echaron la vista al este: a Turquía. Dentro del contexto económico, la lira era barata y el euro fuerte, por lo que muchos griegos, sobre todo de las islas, iban a bazares y supermercados turcos a comprar ropa, utensilios y alimentos. Los ferris estaban a reventar.
Se estima que el gasto por visita era de unos 120 euros y, como llenar el carro de la compra en Turquía era considerablemente más barato, los griegos se hacían con grandes cargamentos de queso, aceite, carne y embutidos. Uno de los “corredores del supermercado” fue el de Lesbos-Ayvalik, y a mediados de la década se hablaba de hasta 100.000 visitas anuales. Ahora, las tornas han cambiado.
La tragedia de la lira. Más de dos décadas de políticas controvertidas, entre otros factores, han llevado al desplome de la lira. El coste de las importaciones se ha multiplicado y la tasa de inflación no llega al 80% de hace unos años, pero se ha estancado en ese más del 30% que está asfixiando a la población. Es algo que está afectando desproporcionadamente a los alimentos, incluidos los de primera necesidad.
Ahora son los turcos los que tienen enormes problemas a la hora de comprar productos frescos, carnes, queso y aceite. La situación no parece que vaya a cambiar a corto plazo debido a una deuda masiva, tasas de incumplimiento (con la penalización que conlleva) y ese aumento de precio en productos de subsistencia. Es la “típica”: productos que suben una barbaridad y sueldos estancados, la combinación perfecta para arruinar el poder adquisitivo de las familias.
Al Lidl del país vecino. ¿Qué está ocurriendo? Que se ha invertido completamente esa dinámica de las compras transfronterizas. Si hace una década era los griegos los que cruzaban la frontera, ahora son los turcos los que, con un euro no tan boyante, pero sí como para que les merezca la pena frente a los precios de sus mercados locales, aducen en masa a Grecia para hacer esa compra semanal.
En un reportaje de Bloomberg hay cifras concretas que comparan un Lidl en Alejandrópolis (a unos 40 kilómetros de la frontera turca) y un Carrefour turco. Por ejemplo, la carne picada cuesta 9,36 euros el kilo en Grecia, por los 12,10 en Turquía. Las salchichas griegas cuestan la mitad que las turcas, el queso Gouda cuesta un tercio y el aceite marca una de las mayores diferencias: 10 euros por litro en Grecia frente a los 20 en Turquía.
Redes sociales. Las redes sociales son un altavoz -que se lo digan a los influencers de las minas australianas-, y los que visitan ciudades griegas para hacer la compra comparten su experiencia a través de redes como TikTok. La voz se corre y más ciudadanos se animan a dar el salto.
Para Alejandrópolis, supone una inyección de dinero tanto para los comercios de comida como para los restaurantes. En Bloomberg detallan cómo, tras la jornada de compras, los turcos se toman algo en restaurantes griegos mientras comparten la experiencia. Y se estima que son 3.000 turcos los que están haciendo este viaje semanal.
Agencias de viajes. Porque si tenemos que definir esto es como una necesidad, sí, pero también con esa palabra: experiencia. Porque aunque pueda ser algo privado que haga una familia, las agencias de viajes están organizando tours a ciudades griegas, con grupos de turistas de supermercado que no quieren conocer la ciudad, sino el Lidl de turno.
Por unos 50 euros, los viernes por la tarde salen unos autobuses cargados de compradores turcos que llegan a las ciudades griegas el sábado por la mañana y tienen tres horas y media en los supermercados. Luego pasan algo de tiempo libre por la ciudad, pueden ir a comer y, por la tarde, de camino a casa con el carrito lleno. ¿La mayor molestia? Aparte de tener que irte a otro país a comprar porque en el tuyo el coste de la vida es carísimo, claro, es la cola que hay en el control fronterizo.
¿Hasta cuándo durará esto? Turquía confía en reducir la inflación a la mitad para 2026, pero aun así seguirá siendo extremadamente alta. Veremos hasta cuándo se alarga esta situación que, de enero a septiembre de este año, ha llevado a que el 6% de los turcos que visitaron Grecia lo hicieran sólo con el objetivo de llenar el carro.
Imágenes | Zoshua Colah, Aldin Nasrun







