En 1982, Reino Unido movilizó sus barcos civiles en la guerra de las Malvinas. China ha tenido la misma idea con su descomunal flota mercante
En 1982, Reino Unido necesitaba llevar una guerra hasta unas islas situadas a más de 12.000 kilómetros de casa y descubrió que su Armada no podía hacerlo sola. La solución: recurrir a decenas de cruceros, cargueros, petroleros y otros barcos civiles para transportar soldados, aviones, combustible y suministros hasta las Malvinas. Ahora, China está estudiando la operación como modelo para un problema propio: cómo convertir su descomunal flota mercante en una enorme reserva logística (y militar) disponible en caso de guerra.
China quiere saber qué barcos podría movilizar. La idea procede de Li Jin, investigador del Research Centre for Coordinated Economic and National Defence Development de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el principal organismo de planificación económica de China. En un trabajo publicado en Defence Industry Conversion in China, Li sostiene que Pekín debería acelerar la preparación de sus buques civiles para operaciones militares y empezar por realizar un inventario exhaustivo de la flota.
La idea es construir una gran base de datos que detalle velocidad, capacidad de carga, propietario y cualificación de las tripulaciones de cada barco con utilidad potencial, prestando especial atención a petroleros, buques semisumergibles y otras embarcaciones capaces de prestar apoyo especializado.
Malvinas demostró que era posible. El modelo citado expresamente por Li es Reino Unido en 1982. Tras la invasión argentina de las Malvinas, Londres movilizó en cuestión de días decenas de barcos civiles mediante el sistema conocido como STUFT (Ships Taken Up From Trade) para reforzar una fuerza naval que debía operar a miles de kilómetros de sus bases: el Canberra y el Queen Elizabeth 2 transportaron tropas, el Uganda fue convertido en buque hospital y el carguero Atlantic Conveyor llevó aviones Harrier, helicópteros y material hasta el Atlántico Sur antes de ser alcanzado y hundido por misiles Exocet.
El Parlamento británico contabilizaba 58 buques mercantes incorporados a la operación en julio de 1982, una flota civil improvisada que permitió transportar hombres, combustible, aeronaves y suministros sin los que la campaña habría sido mucho más difícil.

El Zhen Hua 33, de 50.000 toneladas, es un ejemplo perfecto de un buque civil que cumple con los estándares de doble uso citados en el trabajo
Preparar la movilización antes de que empiece una guerra. La principal lección que Pekín extrae de Malvinas no consiste simplemente en tener muchos barcos, sino en saber de antemano cuáles sirven, quién los manda y cómo se integran en una operación militar. El trabajo propone establecer procedimientos detallados de movilización, sistemas de mando y comunicaciones, protocolos para situaciones inesperadas y listas concretas de los buques que deberían ser requisados o contratados llegado el momento.
También plantea realizar ejercicios periódicos para ensayar esos planes y establecer compensaciones, subsidios, ventajas fiscales e incentivos para las empresas y tripulaciones civiles que participasen.
Salir del astillero preparados para su segunda vida. La propuesta va un paso más allá: China debería exigir que los nuevos buques civiles sean diseñados y construidos teniendo ya en cuenta posibles necesidades militares. Desde ese prisma, cada modelo podría disponer de su propio plan de conversión para reducir al mínimo el tiempo necesario para transformarlo llegado el caso.
Li cita como ejemplo el Zhen Hua 33, un semisumergible de unas 50.000 toneladas, pero el concepto puede extenderse a petroleros, ferris, cargueros y otros grandes barcos capaces de mover tropas, vehículos, combustible o material militar sin obligar a la Armada china a mantener permanentemente una flota logística equivalente.

Guerra de las Malvinas
China ya ha probado a transportar una unidad militar por mar. Porque en realidad, parte de esa integración entre recursos civiles y militares ya ha salido del papel. En 2018, la fuerza aérea china utilizó un buque mixto de pasajeros y carga de unas 10.000 toneladas para trasladar una unidad completa junto con su equipo durante a unos 1.852 kilómetros desde una base del norte hasta un puerto de la costa sudoriental.
Para Pekín, ejercicios así permiten comprobar algo esencial antes de una crisis real: cuánto personal y material puede transportar un barco civil, cuánto tarda en hacerlo y qué cambios necesita para integrarse en una operación militar.
De transportar soldados a llevar misiles. El elemento más llamativo es que algunos experimentos chinos empiezan a difuminar la frontera entre barco logístico y plataforma de combate. A finales de 2025 fue observado en el carguero Zhong Da 79 un conjunto modular con lanzadores de misiles, radares y catapultas electromagnéticas montadas sobre camiones, alimentando el debate sobre la posibilidad de transformar rápidamente mercantes en plataformas armadas.
Es una diferencia importante respecto al modelo clásico de Malvinas: los británicos recurrieron principalmente a barcos civiles para sostener su fuerza militar; China está explorando además hasta dónde puede llegar la conversión de esos barcos.
La diferencia con 1982 es la escala. Reino Unido demostró en Malvinas que una marina mercante podía convertirse en cuestión de días en una pieza decisiva de una operación militar. Por eso China quiere convertir aquella improvisación en un sistema planificado de antemano: catalogar barcos, adaptar diseños, preparar tripulaciones, ensayar movilizaciones y decidir cómo integrarlos en la cadena de mando.
Y, muy importante, lo haría partiendo de una capacidad marítima civil de una escala que Reino Unido no tenía en 1982, lo que permitiría a Pekín multiplicar por mucho su capacidad logística durante un conflicto sin tener que construir y mantener en tiempos de paz un equivalente militar de toda esa flota.
Imagen | Glen Wallace, Holger.Ellgaard, Royal Museum







