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Jeff Bezos, sobre la explosión de su cohete: "el equipo de Blue Origin hizo camisetas con la frase 'Valió la pena'"

La NASA ha adjudicado a Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos y gran rival de SpaceX, de Elon Musk, un contrato para participar en la construcción de una base lunar. Días después, el New Glenn, el cohete reutilizable con el que la compañía quiere lograr sus ambiciones, explotó antes de su gran prueba. Para cualquiera, sería un desastre monumental, pero los empleados de Blue Origin aprovecharon para crear camisetas con un mensaje.

«Valió la pena».

El accidente. Fue el pasado 29 de mayo cuando el New Glenn estalló y fue engullido por una bola de fuego gigantesca durante una prueba conocida como ‘hotfire’. Se trata de un test en el que los motores se enciende no con el objetivo de realizar un despegue, sino para comprobar si los sistemas funcionan de forma óptima. 

Durante la misma, el cohete permanece anclado a la plataforma, pero como detalló el equipo, ocurrió «una anomalía» que dio lugar a la explosión. «Los cohetes con complicados», comentó un Elon Musk que ha sufrido varias de estas anomalías con los suyos y el propio Bezos también quitó hierro al asunto pese a que reconoció que había sido un revés.

Me renta. En el marco de la feria Vivatech 2026, el empresario ha realizado una charla en la que ha comentado varios temas, como las polémicas con Prometheus, su empresa de IA, pero donde se ha centrado en las ambiciones espaciales de su otra compañía. Y lo primero que se ha comentado ha sido, precisamente, la explosión. «Tuvimos mucha suerte», afirma, porque el equipo estaba a salvo y sólo se produjeron daños materiales, pero también porque es un trámite por el que hay que pasar.

El multimillonario ha compartido que, el día después del incidente y de forma esporádica, el ‘Blue Team’ que se encargaba del cohete y de esa prueba hizo camisetas con el mensaje «Valió la pena» impreso.

Tiene sentido. Esto parece una contradicción, ya que implica meses y meses de trabajo tirados a la basura, por no hablar del dinero, pero tiene sentido y la explicación es extremadamente simple: cuando un cohete ‘muere’ durante una prueba en tierra, nadie sale herido y es muchísimo mejor que un cohete que ‘muere’ durante una misión o con tripulación. Aparte de eso, cuando un cohete falla en ese escenario, el propio error les devuelve una cantidad ingente de datos que los ingenieros pueden usar para mejorar.

Mientras ese desastre ocurra en la fase de pruebas sin carga crítica o personas, simplemente es una pérdida económica que se absorbe dentro de los costes del programa. Lo que devuelve esa prueba en forma de datos sobre presiones, temperaturas, vibraciones y telemetría es casi más valioso.

Fail fast. De hecho, la propia SpaceX ha convertido esto en una filosofía de trabajo, un «fracasa rápido, aprende aún más rápido», comenzando con algunos prototipos deliberadamente imperfectos que van mejorándose en cada test. De este modo los ingenieros ven dónde hay un cuello de botella y se ponen a trabajar en él para llegar a otro prototipo y ver si ese cuello de botella se resolvió… y dónde está el siguiente.

Es por ello que, en algunas explosiones, hay ingenieros contentos y abrazándose. No deja de ser un ‘fracaso exitoso’. Esto tiene un coste, claro, estimado en 90-100 millones de dólares por vehículo que, al final, elevan muchísimo los costes totales de los proyectos. Se estima que, por ejemplo, SpaceX invirtió 2.000 millones de dólares sólo en2023.

Próximos pasos. Bezos ha zanjado el tema de la explosión afirmando que han recreado todo, han recopilado todo lo que debían recopilar y ha hecho una promesa: volar antes de que acabe el año. Veremos si lo consiguen, ya que esta nueva carrera espacial está repleta de objetivos y fechas que no se cumplen.

Que se lo digan a Artemis II (aunque terminó saliendo bien).

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