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Columna : Historias de Radio Pasillo

LA CONFIANZA COMO ESTÍMULO PENDIENTE EN LA UAEM

  • La protesta de docentes por los resultados del PROED abre una discusión que trasciende los incentivos económicos y coloca en el centro un desafío mayor para reconstruir la confianza institucional.
  • Es claro que los mecanismos internos han dejado  de ser suficientes para procesar inconformidades, el problema ya no es administrativo y comienza a convertirse en un asunto de gobernabilidad.

Por: Campanilla

Las imágenes llamaron la atención por sí mismas. Académicas y académicos de la Facultad de Economía reunidos frente a Rectoría, portando cartulinas y expresando públicamente su inconformidad por los resultados del Programa de Estímulos al Desempeño del Personal Docente (PROED), colocaron sobre la mesa una discusión que rebasa por mucho los límites de una evaluación administrativa.

A primera vista podría parecer un desacuerdo técnico relacionado con puntajes, criterios de evaluación o asignación de incentivos económicos. Sin embargo, reducir el episodio a una diferencia de carácter operativo sería ignorar el trasfondo de un fenómeno que comienza a manifestarse en distintos espacios universitarios.

Lo que se encuentra en juego no es únicamente el resultado de una convocatoria o el monto de un estímulo; la confianza de quienes participan en los procesos institucionales, la confianza en los mecanismos de evaluación, La confianza en la certeza de las reglas y sobre todo, la confianza en la capacidad de las estructuras universitarias para escuchar, explicar y corregir cuando existen dudas legítimas por parte de su comunidad.

Conviene señalar con claridad. La inconformidad expresada por un grupo de docentes no constituye prueba alguna de irregularidades ni implica, por sí misma, que las evaluaciones hayan sido incorrectas. Corresponde a las instancias competentes revisar, aclarar y, en su caso, corregir aquello que resulte procedente; sin embargo existe una diferencia fundamental entre tener la razón y lograr que las decisiones sean percibidas como legítimas.

Esa diferencia suele marcar la distancia entre una resolución aceptada y un conflicto prolongado.

Lo ocurrido durante los últimos días revela precisamente esa tensión, para una universidad pública de la dimensión y complejidad de la UAEMéx, los programas de estímulos representan mucho más que un componente salarial. Son instrumentos de reconocimiento académico, mecanismos de motivación profesional y señales institucionales sobre aquello que la universidad considera valioso dentro de su comunidad docente.

Por ello, cuando un sector de profesores considera necesario trasladar sus inconformidades desde los espacios administrativos hasta la esfera pública, el debate adquiere una dimensión distinta y ya no se trata únicamente de números sino de credibilidad, uno de los activos más delicados que puede administrar cualquier institución, particularmente en una etapa en la que la universidad continúa procesando los efectos de meses complejos marcados por movilizaciones estudiantiles, procesos de renovación interna y reconfiguraciones políticas que aún buscan encontrar nuevos equilibrios.

La respuesta institucional de revisar los resultados y atender las observaciones formuladas por los docentes constituye, sin duda, un paso necesario. Sin embargo, también obliga a formular una pregunta incómoda: ¿por qué fue necesaria una manifestación pública para abrir un espacio de revisión y escucha?

Porque si la inconformidad alcanzó los pasillos de Rectoría, los medios de comunicación y las redes sociales, quizá el problema no se encuentre únicamente en los resultados de una evaluación, sino en la capacidad de la institución para detectar y atender oportunamente las preocupaciones de su comunidad antes de que escalen a un conflicto visible.

Las universidades no son ajenas al desacuerdo. Por el contrario, viven de la pluralidad, del debate y de la crítica, lo preocupante surge cuando los mecanismos ordinarios de interlocución dejan de ser percibidos como suficientes y los distintos sectores consideran necesario recurrir a la presión pública para obtener respuestas.

Si algo ha dejado claro la UAEMéx en los últimos meses, es que la reconstrucción de esa confianza sigue siendo una tarea pendiente. Quizá por ello, el estímulo más urgente que hoy necesita la universidad no sea el que aparece en una nómina, sino el que permita restablecer la certeza de que sus comunidades serán escuchadas antes de verse obligadas a manifestarse.

Al final, los estímulos pueden revisarse, los puntajes pueden corregirse y los procedimientos pueden aclararse. Lo verdaderamente complejo es recuperar la confianza cuando una parte de la comunidad comienza a sentir que para ser escuchada primero debe hacerse visible. Más que una discusión administrativa, es una de las pruebas de gobernabilidad más importantes que enfrenta hoy la Universidad.

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