'Backrooms' apunta a sensación del terror del verano. Pero su origen en Youtube ya está despertando algunas dudas
‘Backrooms’ se estrena hoy en Estados Unidos (a España llega el próximo 5 de junio). La película, producida por la imparable indie A24, se espera que sea el bombazo de terror del verano (de la mano de la ya tremenda ‘Obsession’, que le está pasando la mano por la cara a ‘The Mandalorian y Grogu‘). Lleva un 87% de críticas positivas en Rotten Tomatoes y se espera una apertura de entre 45 y 50 millones de dólares, lo que supondría el mayor debut de la historia del estudio. Eso sí, se enfrenta a una controversia inesperada: hay quien dice que su director, el jovencísimo Kane Parsons, no ha dirigido de verdad la película.
Qué ha pasado. Días antes del estreno ha circulado este inesperado rumor en redes: un director más experimentado habría estado trabajando desde la sombra. Se apuntaba a Osgood Perkins, productor del proyecto y director de la gran ‘Longlegs‘. Mark Duplass, que protagoniza la película junto a Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve y Finn Bennett, respondió en X: «No recuerdo haberte visto en el rodaje. Cuando yo estuve allí, Kane tenía el control al 100%. Más que muchos directores con el triple de su edad.»
El origen de ‘Backrooms’. Tal y como ya explicamos con detalle, el 12 de mayo de 2019 un usuario anónimo publicó en /x/, el tablón paranormal de 4chan, una fotografía sin firma ni contexto. En ella se veía una especie de oficina abandonada: moqueta y paredes amarillentas, luz fluorescente… Era ridículamente inquietante. Alguien añadió al día siguiente una descripción que hablaba de «noclipear fuera de la realidad» (término tomado de un glitch de los videojuegos en el que el jugador cae al vacío geométrico más allá del mapeado), y de acabar atrapado en un espacio que se extiende de forma infinita.
Las backrooms son una versión extrema de lo que internet llama espacios liminales: pasillos de hotel a las tres de la mañana, salas de espera vacías, centros comerciales cerrados, aparcamientos subterráneos sin coches… Lugares reconocibles pero despojados de su función y de las personas que normalmente los habitan. Tal y como se ha llegado a explicar, este tipo de entornos activan la misma respuesta que el fenómeno del uncanny valley, pero aplicada a lugares físicos. El cerebro identifica estos espacios como conocidos y al mismo tiempo no sabe cómo leerlos lógicamente.
Salto al cine. Kane Parsons tenía 16 años cuando publicó en YouTube su The Backrooms (Found Footage): nueve minutos en primera persona con filtro VHS, en los que alguien era perseguido por una presencia extraña en uno de estos espacios. La serie que siguió a este primer vídeo, rebosante de institutos de investigación secretos y experimentos dimensionales en los ochenta, superó los 197 millones de visionados. A24 compró los derechos un año después.
Juventud, divino tesoro. Uno de los aparentes ganchos de la película de A24, la extrema juventud de su responsable, ha jugado en su contra. La prensa ha subrayado la juventud de Parsons, y algunos conspiranoicos consideran que es una estrategia de marketing. En realidad, de lo que habla esto es de la situación actual de Hollywood, que ha producido durante dos décadas un cine franquiciado en el que el director es, fundamentalmente, un ejecutor técnico bajo supervisión creativa del estudio. El sistema de las grandes sagas ha normalizado la idea de que una buena película no puede salir del criterio de una sola persona, joven sin credenciales. Los espectadores desconfíamos porque es lo que el cine industrial de los últimos años nos ha enseñado.
La explicación. Parsons nació en 2005, el año en que se lanzó YouTube. «YouTube, más que una referencia cultural para mí, ha sido la forma en que sé hacer todo lo que sé hacer», declaró. Parsons no tiene el tipo de currículum que el circuito de producción tradicional exige, sino que su única credencial es un público masivo de seguidores que ha ido reaccionando a su trabajo en tiempo real durante tres años. Y eso es capaz de despertar las suspicacias de cualquiera que esté sepultado por la lógica de maquinaria industrial del Hollywood moderno.







