Inseguridad cotidiana en Ecatepec y la desconexión de las autoridades locales y estatales

La percepción de inseguridad sigue siendo muy alta. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, Ecatepec lidera entre los municipios mexiquenses con alrededor del 88% de sus habitantes considerando inseguro vivir allí.
Valeria Vargas
El 9 de abril de 2026, alrededor de las 6:01 de la mañana, dos sujetos en motocicleta asaltaron con violencia a siete personas que esperaban transporte público en la avenida Chiapas, colonia Santa María Tulpetlac (Ecatepec). Cámaras de seguridad captaron el momento: los delincuentes llegaron rápidamente, amenazaron con arma de fuego, realizaron disparos al aire para intimidar y despojaron a las víctimas de celulares, mochilas y pertenencias en menos de 30-40 segundos antes de huir. El video se viralizó en redes sociales y medios como Latinus, Reforma, Milenio y Nación 321, generando indignación generalizada.
Este no es un caso aislado. Los asaltos a transeúntes y usuarios de transporte público (especialmente en paraderos de combis y autobuses) siguen siendo una constante en Ecatepec, uno de los municipios más poblados del Estado de México. La “delincuencia de calle” motochorros, robos express y acoso en rutas de transporte afecta diariamente a miles de trabajadores que salen temprano a laborar.
El contraste entre cifras oficiales y la realidad en la calle
La alcaldesa Azucena Cisneros Coss (Morena) y su gobierno municipal destacan constantemente reducciones en delitos de alto impacto: entre 25% y 60% en robo de vehículos, extorsión, homicidio doloso y robo a transeúnte en diferentes periodos de 2025-2026, gracias a la coordinación con el gobierno estatal de Delfina Gómez, federal y el Mando Único. Se mencionan operativos, Mesas de Paz (más de 4 mil realizadas), redes vecinales y atención a causas como iluminación y servicios públicos.
Sin embargo, la percepción de inseguridad sigue siendo muy alta. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, Ecatepec lidera entre los municipios mexiquenses con alrededor del 88% de sus habitantes considerando inseguro vivir allí (datos de finales de 2025, con tendencia persistente). La gente no siente en el día a día esas reducciones estadísticas cuando, a plena luz del día y en una zona concurrida, un asalto armado se resuelve en segundos sin que haya una patrulla visible o respuesta inmediata.
El gobierno municipal reconoce la existencia de “crimen urbano” y despliega acciones focalizadas, pero la narrativa oficial tiende a enfatizar logros generales mientras minimiza o contextualiza estos incidentes visibles. Para los habitantes de colonias como Tulpetlac, esperar el camión a las 6 de la mañana sigue siendo un riesgo real, no una estadística en descenso.
La otra cara de la moneda: el Congreso del Estado de México
Mientras en Ecatepec y otros municipios del Edomex la inseguridad de calle golpea la rutina diaria de la ciudadanía, el Congreso local encabezado en la Junta de Coordinación Política por el diputado José Francisco Vázquez Rodríguez (Morena) opera a un ritmo que muchos califican de lento. El propio Vázquez ha reconocido públicamente que “no trabajan a destajo” y que el esquema actual implica menos sesiones intensivas, con reuniones semanales como base.
Esta declaración genera molestia cuando asuntos urgentes como reformas en seguridad pública, combate a la extorsión, fiscalización, presupuesto y apoyo a municipios en materia de seguridad permanecen pendientes o avanzan con lentitud. Al mismo tiempo, Vázquez y otros legisladores han sido vistos en eventos de promoción como el anuncio del partido de la Selección Mexicana rumbo al Mundial 2026 en el Estadio Nemesio Diez (Toluca), lo que refuerza la percepción de prioridades desenfocadas.
Los ciudadanos del Edomex pagan sueldos, dietas y prestaciones a legisladores y autoridades municipales precisamente para que atiendan con urgencia los problemas que impactan la vida cotidiana: seguridad, movilidad y tranquilidad. No para justificar ritmos pausados o asistir a actos protocolarios mientras las calles siguen siendo inseguras.
Conclusión
El asalto en Tulpetlac es un símbolo claro de la brecha entre el discurso oficial de “avances históricos” en seguridad y la experiencia diaria de miles de mexiquenses. Ecatepec arrastra un rezago profundo; las reducciones en algunas cifras son positivas si se sostienen, pero no bastan cuando los videos de motochorros en paraderos siguen circulando y la percepción de inseguridad se mantiene en niveles alarmantes.
Se requiere mayor presencia policial preventiva en zonas de alto riesgo, videovigilancia efectiva y respuesta rápida, no solo mesas de paz y comunicados. Del lado legislativo, urge mayor intensidad y resultados concretos en materia de seguridad, en lugar de excusas sobre ritmos de trabajo o apariciones en eventos deportivos.
La exigencia ciudadana es sencilla y legítima: menos narrativa y más seguridad real en las calles. Los pobladores de Ecatepec y del Estado de México merecen salir a trabajar sin temor a ser víctimas de la delincuencia de calle. Hasta que eso ocurra, las críticas seguirán siendo válidas y necesarias.












