Columna Política en violenta

Por malva
La «calidad» de la fosa: La diplomacia de las formas frente al horror de las ausencias
«No estamos negando las desapariciones, pero pedimos más calidad en el trabajo de la ONU». Con esta frase, Roberto Velasco, en su proceso de ratificación como canciller, intentó aplicar un barniz de institucionalidad a una herida que supura en todo el país. Sin embargo, detrás del tecnicismo esa búsqueda de «calidad» en los informes internacionales— se esconde un giro retórico preocupante: la intención de auditar al mensajero para no tener que enfrentar el mensaje.
La métrica de la tragedia
¿Qué significa pedir «calidad» cuando hablamos de más de 115,000 personas desaparecidas? En el lenguaje de la nueva cancillería, parece que la precisión estadística importa más que la urgencia de la búsqueda.
Para las madres buscadoras, la «calidad» no se mide en la metodología de un relator de la ONU, sino en la capacidad del Estado para entregar un cuerpo, identificar un resto o detener el goteo incesante de mujeres que se desvanecen en el trayecto de la escuela a casa.
El cuestionamiento a los organismos internacionales no es nuevo, pero en este contexto se siente como una táctica de dilación.
Al pedir que la ONU «afine» sus diagnósticos, el discurso oficial intenta ganar tiempo y soberanía frente a una realidad que ya los desbordó.
Desapariciones de mujeres: La cifra que el protocolo ignora
Es particularmente alarmante que, mientras el canciller se preocupa por el rigor de las instancias externas, la violencia contra las mujeres siga una trayectoria ascendente y específica.
La desaparición de mujeres en México no es solo una ausencia; es, con frecuencia, el preámbulo del feminicidio o el síntoma de redes de trata que operan bajo la negligencia o complicidad institucional.
El discurso: Se enfoca en la soberanía y la «limpieza» de los datos, pero la realidad es que se tiene un sistema forense colapsado y una impunidad que ronda el 98%.
Criticar la «calidad» de la ONU es un lujo que un país con crisis humanitaria no debería permitirse. La verdadera falta de calidad no está en los informes internacionales, sino en las carpetas de investigación vacías y en las instituciones que prefieren debatir la metodología de un informe antes que implementar las recomendaciones que podrían salvar vidas.
El riesgo del aislamiento
Si la nueva gestión de Velasco se va a caracterizar por la confrontación con el escrutinio internacional bajo la bandera de la «precisión», estamos ante un retroceso peligroso. La ONU no inventa la crisis; la documenta porque el Estado ha fallado en resolverla.
Pedir «más calidad» suena a un eufemismo para pedir «menos ruido». Pero mientras el discurso oficial se pule en los recintos legislativos, en las periferias y en los baldíos, las mujeres siguen faltando. Y ahí, canciller, no hay calidad de datos que valga, sólo la brutal ausencia de justicia.
Puntos clave para tu análisis:
1. La contradicción: El contraste entre la «sofisticación diplomática» y la «barbarie de las fosas».
2. El enfoque de género: Cómo la desaparición de mujeres tiene componentes de trata y feminicidio que el discurso de «calidad de datos» invisibiliza.
3. La falacia de la autoridad: Cuestionar a la ONU es una forma de invalidar la única presión externa que obliga al gobierno a rendir cuentas.











