Opinión

Martes 31 de marzo 2026

Columna opinión: Política en Violeta 

LA RECETA DEL RETROCESO DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN: MENOS ES… ¿SALUD?

Por: MALVA

En el guión de la auto-llamada «Continuidad con Cambio», la lógica parece haber tomado un año sabático. Mientras el discurso oficial se llena la boca con la soberanía sanitaria y el sueño guajiro de un sistema al estilo Dinamarca, la realidad en los pasillos de las clínicas públicas huele a negligencia y suena al silencio de los estantes vacíos.

La noticia de la reducción del cuadro básico de medicamentos no es solo un ajuste administrativo; es una bofetada de realidad para millones de mexicanos. Pasar de 2,753 a 1,929 claves no es «optimización», es un recorte al derecho a la vida bajo el disfraz de la austeridad republicana.

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Ante el reclamo histórico por el desabasto que marcó el sexenio anterior, la estrategia de la actual administración parece ser: si no podemos surtir la medicina, mejor quitémosla de la lista.

Para la Cuarta Transformación Menos es Menos

Reducir casi un 30% del catálogo de medicamentos no garantiza eficiencia; garantiza que el paciente tendrá que sacar de su propio bolsillo para comprar lo que el Estado ya no está obligado a darle.

Y qué decir de la Megafarmacia del Olvido. Aquel monumento a la logística fallida sigue siendo un elefante blanco mientras los padres de niños con cáncer y pacientes con enfermedades crónicas siguen haciendo «vía crucis» por una caja de pastillas.

A eso en estrategia política se le llama normalizar la crisis. Lo más alarmante es que nos están acostumbrando a que «no hay». Se ha vuelto normal que la receta sea un papel inútil y que la salud sea un lujo para quien pueda pagarla en la farmacia de la esquina.

El costo humano del «Show»

No se equivoquen: este no es un ajuste técnico. Es una decisión política que impacta directamente en los más vulnerables, esos mismos que, paradójicamente, son el estandarte electoral del movimiento.

Reducir el cuadro básico mientras se presume una «Megafarmacia» es como quitarle los frenos a un coche y presumir que ahora es más ligero. El resultado es previsible y doloroso. La política de salud de la Cuarta Transformación ha pasado de la esperanza a la administración de la carencia.

Efectivamente, disfruten el show, pero no olviden que en este teatro, la entrada nos está costando la salud a todos.

Cáncer: El «Chocomil sin Chocolate» de la Transformación

Si el recorte general a las medicinas es alarmante, en el terreno de la oncología es, sencillamente, inhumano. Mientras desde el atril presidencial se asegura que el abasto de medicamentos contra el cáncer supera el 96% y que «si acaso faltan uno o dos», las asociaciones civiles y las familias tienen otros datos. Datos que duelen, que no se curan con discursos y que huelen a hospital sin insumos.

La trampa de las estadísticas

La administración actual presume un surtimiento casi total, pero hay un truco perverso en la contabilidad del bienestar:

La receta invisible: En el IMSS, si el medicamento no está físicamente en el estante, el sistema simplemente no permite emitir la receta. Para la estadística oficial, esa receta «no falta» porque técnicamente nunca existió. 

Es el arte de borrar la carencia mediante el software.

Comprobantes de papel, triste realidad en el IMSS-Bienestar, a los pacientes se les entregan notas informales que carecen de validez legal para sustentar una queja o un amparo. Es el vacío legal perfecto para una administración que prefiere la opacidad al reclamo.

Recortes que matan

El presupuesto para 2026 no miente, aunque el discurso intente matizarlo. El Instituto Nacional de Cancerología (INCan), el último refugio para miles de mexicanos sin seguridad social, enfrenta un recorte de mil millones de pesos comparado con 2024.

¿Cómo se explica que, ante una enfermedad que no da tregua, la respuesta del Estado sea cerrar la llave del dinero? La estrategia de «optimización» de claves oncológicas —dividida en varias etapas de exclusión durante este año— deja a los médicos con las manos atadas y a los pacientes con tratamientos incompletos. 

Como bien lo define la organización Nariz Roja, nos están queriendo vender un «chocomil sin chocolate»: un sistema de salud que tiene el nombre, pero le falta la sustancia vital.

¿Humanismo o burocracia?

El costo de esta «austeridad» lo están pagando las mujeres que necesitan quimioterapia y los niños cuyos padres tienen que reciclar celulares para costear estudios que el gobierno ya no cubre. Mientras la «Megafarmacia» intenta descifrar su propia logística, el cáncer sigue su curso.

En la «Política en Violeta», la salud no debería ser una cifra negociable ni un éxito estadístico maquillado. Reducir el cuadro básico en oncología es, en los hechos, una sentencia de muerte administrativa.

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