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Paro en CU Nezahualcóyotl exhibe crisis de gobernabilidad en la UAEMex; rectoría sin respuestas de fondo.

Desde el pasado 10 u 11 de marzo, estudiantes mantienen tomadas las instalaciones del plantel, con accesos cerrados y actividades completamente suspendidas. La protesta, lejos de diluirse, se ha fortalecido con el paso de los días, alimentada por la acumulación de denuncias graves que incluyen acoso sexual, agresiones e incluso violación presuntamente cometidas por docentes, entre ellos funcionarios vinculados a áreas administrativas sensibles.

Fernanda Ruíz

A más de dos semanas del inicio del paro indefinido en el Centro Universitario de Universidad Autónoma del Estado de México en Nezahualcóyotl, la incapacidad de la administración encabezada por la rectora Patricia Zarza para resolver el conflicto ha profundizado una crisis que ya trasciende lo académico y apunta a fallas estructurales en la atención a la violencia de género dentro de la institución.

Desde el pasado 10 u 11 de marzo, estudiantes mantienen tomadas las instalaciones del plantel, con accesos cerrados y actividades completamente suspendidas. La protesta, lejos de diluirse, se ha fortalecido con el paso de los días, alimentada por la acumulación de denuncias graves que incluyen acoso sexual, agresiones e incluso violación presuntamente cometidas por docentes, entre ellos funcionarios vinculados a áreas administrativas sensibles.

Las exigencias de la comunidad estudiantil son contundentes: justicia para las víctimas, destitución de directivos señalados por encubrimiento u omisión, y la implementación de mecanismos reales y eficaces de prevención y sanción. Sin embargo, las respuestas institucionales han sido percibidas como superficiales. La suspensión temporal de profesores acusados no ha sido suficiente para generar confianza, mientras que los protocolos existentes son señalados como inoperantes.

El paro no solo se ha mantenido dentro del plantel. Los estudiantes han llevado su protesta a las calles, con bloqueos en vialidades clave como Bordo de Xochiaca, generando presión pública ante lo que consideran una estrategia dilatoria por parte de la universidad. A ello se suman los llamados “tendederos” colocados dentro del campus, donde se exhiben nombres de presuntos agresores, evidenciando la dimensión del problema y el hartazgo acumulado.

Aunque la UAEMex ha convocado a mesas de diálogo y ha solicitado la entrega de las instalaciones para reanudar clases, la comunidad estudiantil ha rechazado estas peticiones al considerar que no existen garantías reales de solución. Incluso, la advertencia de posibles acciones legales por parte de la universidad ha sido interpretada como una medida de presión que evade el fondo del conflicto.

Lejos de contener la crisis, la postura de la rectoría ha contribuido a su prolongación. La falta de acuerdos concretos y la ausencia de una estrategia clara para atender las denuncias han derivado en un escenario de desconfianza total. La asamblea estudiantil ha reiterado que el paro continuará mientras no existan respuestas verificables y compromisos firmes.

El conflicto en Nezahualcóyotl no es un caso aislado, sino un reflejo de una problemática extendida en instituciones de educación superior en México, donde las demandas por entornos seguros y protocolos efectivos de género han sido sistemáticamente postergadas. En el caso de la UAEMex, la crisis actual pone en entredicho la capacidad de su administración para garantizar condiciones mínimas de seguridad y justicia dentro de sus espacios.

Sin una intervención decidida y transparente, el paro amenaza con prolongarse indefinidamente, afectando no solo el calendario académico, sino también la credibilidad de una institución que hoy enfrenta uno de los cuestionamientos más severos a su gestión reciente.

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