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Qué quería decir Immanuel Kant cuando defendía que la paciencia no es "una fuerza de resistencia, sino que espera hacer satisfactorio el sufrimiento"

«La paciencia se ha considerado generalmente una virtud, pero ha resultado muy difícil explicar por qué», decía Paul Davies hace un par de años. Y lleva razón. No sólo porque los seres humanos le hayamos prestado poca atención, sino porque la paciencia tiene un no sé qué que la hace difícil de entender.

Al fin y al cabo, la paciencia se parece demasiado a la pasividad, a no hacer nada, a soportar lo que nos echen. ¿Qué puede tener de positivo ser pacientes si todo el mundo moderno se ha construído en torno a la autonomía, la voluntad personal y la autodeterminación?

Por suerte, tenemos a Immanuel Kant para sacarnos del entuerto.

Una virtud equívoca. A poco que nos paramos a pensar sobre la paciencia, nos damos cuenta de que no tiene contenido propio: siempre es paciencia «para» algo. Y, claro, es difícil sostener que algo es bueno en sí mismo si es poco más que una habilidad psicológica… ¿La paciencia para el mal también es una virtud?

Y la respuesta de Kant es… admitirlo. Para él, la paciencia solo adquiere estatus moral si la complementamos con otra cosa; pero quedarnos ahí sería un error. Hablamos de «la capacidad de sostenerse en una posición que no ofrece gratificación inmediata sin que esa ausencia de gratificación se viva como un sufrimiento». 

El virtuoso kantiano no es alguien que aguanta el deber sufridamente, es alguien que desarrolla la fuerza moral suficiente para que esa espera se convierta en una esperiencia positiva. Es decir, es alguien que es paciente en sentido pleno: no es alguien que se resiste al instinto, es alguien que experimenta de forma activa esa espera.

¿Qué puñetas significa todo esto? Básicamente que, para Kant, aunque ser paciente solo tiene sentido moral en virtud de algo; si nuestra lógica es «ser pacientes» para obtener un resultado, todo está mal. Habremos caído en la trampa: si la buscamos, ya la hemos perdido.

Aunque formularlo de esta forma horrizaría al filósofo de Konigsberg, su visión de la paciencia se parece mucho a la idea de disfrutar del proceso por el proceso mismo. En términos más kantianos, podríamos hablar de ‘satisfacción moral’: «un disfrute indirecto de la libertad interior que surge de la conciencia de dominio sobre las propias inclinaciones». 

¿Y esto se puede entrenar? En varias de sus obras, el filósofo aborda la cuestión de si esta ‘fortaleza moral‘ a la que llamamos paciencia se puede entrenar. Y su respuesta es í; aunque, a decir verdad, de una forma poco común.

Porque no va de hacer ejercicios de autocontrol, ni condicionarse para inhibir estímulos concretos. Para Kant, lo realmente importante es entrenar la ‘atención moral’: centrarnos en vislumbrar cómo nuestras inclinaciones afectan a cómo vemos las cosas y a las valoraciones que hacemos sobre ellas; vislumbrar qué es lo mejor. Con el tiempo, la paciencia vendrá sola.

La imagen más interesante tiene que ver con ‘escribir’: la fluidez no se consigue buscando la fluidez, se consigue escribiendo mucho. 

Imagen | Xataka

En Xataka | Hace 2.000 años Epicuro ya había entendido el secreto del placer: «Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco»

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